Juan García-Gallardo: del bufete de abogados de su familia a exigir la vicepresidencia de Castilla y León

El candidato de Vox, Juan García-Gallardo, antes de votar en Burgos.
Juan García-Gallardo, candidato de Vox en Castilla y León, que ha alcanzado los 13 escaños en las elecciones de este domingo. 
EFE

Lejos de encontrar impedimentos, Vox apostó por Juan García-Gallardo Frings (Burgos, 1991) como candidato en Castilla y León a pesar de su anonimato y de su falta de experiencia política. Una alternativa a la derecha del PP, ajena al desgaste de quien lleva 35 años gobernando. Alguien con el argumentario del partido asumido y a quien asociar a las principales figuras en los mítines. Una papeleta joven para una región envejecida. "Es como si un abuelo votara a su nieto", comentaban fuentes del partido acerca de la estrategia.

Ahora, el líder de Vox en Castilla y León ha conseguido el respaldo de más de 212.000 electores, el 17,6% de los sufragios, que representan un total de 13 procuradores en las Cortes, lo que le ha llevado a exigir al PP "lo mismo o más" que obtuvo Ciudadanos tras el acuerdo de gobierno de 2019, esto es, la presidencia del Parlamento regional, cuatro consejerías, la vicepresidencia del nuevo ejecutivo autonómico y la portavocía.

Licenciado en Derecho por la Universidad Pontificia de Comillas, García-Gallardo se desempeñaba en el despacho familiar del mismo nombre con oficinas en Madrid y en Burgos hasta que Santiago Abascal, líder de Vox, le ofreció ser candidato. Hijo y nieto de abogados, el joven en quien Abascal percibe "cara de vicepresidente", tal y como dijo la noche electoral, obtuvo con relativa brillantez su graduado, al punto de atreverse a lanzar pullas a Alfonso Fernández Mañueco, presidente de la Junta de Castilla León y candidato reelecto. "Acabé la carrera en tiempo y forma, a otros les costó más, el doble, por estar jugando al mus en la cafetería", dijo de la persona con la que está condenado a entenderse para colmar sus aspiraciones. García-Gallardo, que habla inglés, alemán y "cuenta con conocimientos de francés", es aficionado a la equitación, la pesca, la caza y los toros y posee trayectoria en clubes de debate.

Se trata de un perfil sin un pasado militante al margen de Vox, partido al que se afilió hace dos años, y que encaja con el votante joven, uno de los caladeros demoscópicos clave en el partido, que encuentra en las redes sociales un caldo de cultivo donde colocar sus mensajes con éxito. 

De hecho, hasta el pasado día 8 de enero en el que fue elegido candidato, sin atisbo de profesionalización, García-Gallardo se expresaba como un votante más de Vox por redes, haciendo suyos los hashtags que lanzaba la formación y adherido sin paliativos al discurso que ha atraído a muchos jóvenes hasta ahora desafectos a la política.  

Por ello, su nombramiento estuvo inmediatamente precedido de una fiscalización a fondo en Twitter, donde muchos usuarios pusieron en circulación tuits antiguos del candidato, opiniones, muchas de ellas, vertidas hace más de una década. 

Sobre todo circularon comentarios homófobos y xenófobos que fueron registrados por otros usuarios antes de que al candidato le diera tiempo a borrarlos. Pero Vox supo canalizar la polémica para multiplicar el seguimiento del candidato. Así, por ejemplo, mientras Mañueco tiene 21.000 seguidores en la red social mencionada, García-Gallardo, poco más de un mes después de su nombramiento, posee más de 23.000. 

No han sido muchos los titulares que ha dejado durante sus apariciones en campaña, mítines con simpatizantes donde casi siempre ha tenido la última palabra un dirigente del partido más bregado. Este domingo, sin ir más lejos, fue Abascal quien, durante el balance de los resultados obtenidos -un total de 13 diputados en las Cortes-, manifestó las aspiraciones del partido. Sí advirtió García-Gallardo a Mañueco que su "objetivo era ser decisivo" y que Vox "lo va a ser". 

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