Una científica ciega gana el pulso a Sanidad: "Hay que creerse la palabra inclusión"

  • Como Bióloga Interna Residente encontró impedimentos para ser admitida "por falta de servicios accesibles".
Fachada del edificio central del CSIC, en Madrid.
Fachada del edificio central del CSIC, en Madrid.
Wikipedia / Luis García

Tras dos años de espera, Sanidad concedió a Carmen Lafuente, una científica con discapacidad visual, su plaza BIR -el MIR de los biólogos- para trabajar en un hospital de Sevilla. Era el fin de una larga batalla para lograr lo que había conseguido aprobando un examen y sin ningún privilegio.

Mientras esperaba respuesta, Carmen Lafuente hizo un máster en Comunicación Científica y opositó al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). También aprobó y, en unas semanas, se va a incorporar a este centro como divulgadora científica. Ha podido elegir entre una plaza y otra y ha renunciado al BIR. Pero quiere que su batalla legal, apoyada por la ONCE y el CERMI, sirva para algo, por eso la difunde a través de estas asociaciones del ámbito de la discapacidad.

Cuando aprobó el examen como Bióloga Interna Residente (BIR) el 2 de febrero de 2019, se acogió a una plaza en el Hospital de Basurto de Bilbao, pero solo encontró impedimentos para ser admitida "por falta de servicios accesibles" que le permitieran trabajar por su discapacidad visual. Lo mismo le pasó en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Después llegó la notificación de Sanidad indicándole que iba a perder los derechos de la plaza porque "sus capacidades funcionales son limitantes para ejercer su puesto de trabajo".

"Me produjo tristeza que el ministerio me diera una negativa sin concederme una oportunidad; si me dejaron presentarme al BIR, tenían que darme una solución", explica en una entrevista.

Pregunta: ¿Es duro tener que reclamar una plaza que has aprobado con las mismas condiciones que el resto?

Respuesta: Pues sí. Cuando estuve hablando con el jefe de servicio del Hospital de Basurto y dijo que no se iba a poder adaptar, que los programas no son accesibles y vi que todo era todo una negativa, fue un chasco y un mazazo muy grande. A algunas personas ese mazazo les deja ahí, pero yo creo que no se puede permitir. Hay que empezar a creerse la palabra inclusión de la que se habla tanto.

P: Entonces, ¿es un problema de personas o de normas?

R: Se ha visto que más de personas, en unos hospitales es un rotundo no y en otros, como en el Hospital Virgen de la Macarena de Sevilla es posible, gracias a la voluntad de las personas que trabajan allí. Por mucho que se hable de inclusión, si das con una persona que no está dispuesta no tienes mucho de lo que hablar, pero si encuentras otras que quieren intentarlo y demuestras -no me gusta esa palabra porque no se debería tener que demostrar algo- que es posible hacer la residencia, puede abrir los ojos a los que decían que no.

P: ¿Qué sentiste cuando llegó la respuesta de Sanidad de que sí se podía?

R: Una alegría muy grande. Unos meses antes parecía todo perdido, que la pérdida de la plaza era irrevocable y se dio la vuelta a esa decisión. Con la ONCE y el CERMI hicimos un recurso de alzada y unos meses después Sanidad nos dijo que iban a volver a intentarlo. Nos dieron una lista de hospitales con vacantes de biología clínica y el Virgen de la Macarena respondió que estaban encantados de aceptar el reto. Viajé allí, recorrimos los departamentos, vimos las adaptaciones que se necesitaban y en Sevilla todo tenía solución.

P: Con esta resolución de Sanidad, ¿se crea un precedente para otras personas con discapacidad?

R: Espero que sí, durante todo el tiempo en el que estuve luchando pensé que no era solo por mí, sino por toda la gente que viene después que quiera hacer el BIR y se encuentre con estos problemas. Si hay alguien que ha abierto esa puerta, que quede abierta para el resto.

También me gusta creer que las nuevas generaciones pueden ver que las personas con discapacidad pueden hacer muchas cosas y somos los primeros en conocer nuestros límites, no voy a intentar nunca ser piloto. En este caso, he estudiado la carrera y conozco los procedimientos, los problemas que iba a tener en el laboratorio y cómo solucionarlos. Solo necesitaba esa voluntad.

P: ¿Has tenido obstáculos en otras etapas de tu vida?

R: En mi etapa escolar solo necesitaba que los profesores me explicaran lo que escribían en la pizarra, nunca tuve problemas con mis compañeros. En la carrera tuve profesores maravillosos y hablamos mucho sobre cómo abordar las prácticas con microscopio. A uno se le ocurrió poner una cámara y pasar la imagen a una pantalla grande de ordenador. Un día mi profesor de anatomía me pintó el cuello según me iba explicando los nervios espinales. Mi primer obstáculo ha venido con el virus.

P: Le han dado la razón, pero ha renunciado a la plaza

R: Tenía que elegir, es un lujo porque hace año y medio no tenía nada, pero me quedo con ese buen sabor de boca de que en ese hospital sevillano no van a poner trabas y de que si a otra persona con discapacidad le dan esa negativa puede recordar mi caso.

Siempre he intentado vivir sin que la discapacidad sea un hándicap, convivo con ello pero nunca le he querido dar más importancia de la que tenga. Si hubiera visto bien, no habría tenido que dar la batalla con Sanidad, pero a lo mejor habría otros motivos.

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