Una guerra en Ucrania provocaría un desplazamiento "masivo" de población que huiría de la frontera con Rusia

Mujeres en la localidad de Opytne, en el este de Ucrania
Mujeres en la localidad de Opytne, en el este de Ucrania
NRC / TIRIL SKARSTEIN / EP

Miles de personas en Ucrania viven expectantes de lo que pueda ocurrir en el terreno político y en el bélico durante estos días, temerosas de una posible guerra que amenaza con provocar una nueva ola de desplazamiento "masivo", como advierten las organizaciones que trabajan sobre el terreno.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, advirtió este jueves de que el despliegue en los últimos días de tropas de Rusia en Bielorrusia, vecina de Ucrania, es "el mayor" que Moscú lleva a cabo desde la Guerra Fría.

"Se esperan 30.000 tropas de combate, Spetsnaz -fuerzas especiales de operaciones-, cazas incluyendo Su-35, misiles Iskander con capacidad dual y sistemas de defensa aérea S-400", indicó Stoltenberg en una declaración a la prensa en el cuartel general de la Alianza, en la que alertó de que se trata de una "amplia gama de modernas capacidades militares".

En definitiva, afirmó que ese “movimiento significativo de fuerzas rusas dentro de Bielorrusia” visto en los últimos días es “el mayor despliegue ruso desde la Guerra Fría”. Además, Stoltenberg advirtió de que ese despliegue “se combina” con el ejercicio nuclear anual de Rusia previsto para febrero.

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De movilizarse finalmente todos esos recursos para la guerra en Ucrania, se estima, según el plan de respuesta para 2022 de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), que 2,9 millones de personas necesitarán ayuda este año. Dentro de este grupo figuran cientos de miles de desplazados internos, empujados fuera de sus hogares por un conflicto que se remonta ya al año 2014 y que no tiene visos de solución a corto plazo.

Unos dos millones de personas viven en un radio de 20 kilómetros en torno a la línea de contacto, la linde que separa 'de facto' los territorios controlados por las fuerzas de Kiev y los rebeldes separatistas prorrusos en el este de Ucrania. Ellas serían teóricamente las más expuestas a un rebrote de la violencia en esta zona.

El secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), Jan Egeland, ha advertido en un comunicado de que "las vidas y la seguridad de millones de personas en el este de Ucrania penden de un hilo" a la espera de que haya algún tipo de avance en el terreno político y se aleje de nuevo el fantasma de la guerra.

"El sufrimiento humano de un nuevo conflicto no tendría límites. Provocaría víctimas civiles y desplazamientos masivos y aumentaría las necesidades humanitarias", ha señalado Egeland, que precisamente ha estado esta semana de visita en Ucrania.

El secretario del NRC ha afirmado que ya hay más de 850.000 desplazados internos en la antigua república soviética y se temen los efectos de un recrudecimiento del conflicto para servicios y suministros básicos. También la movilidad de la población se vería afectada, como cuenta Natalia, una abuela que vive cerca del frente de combate.

"No veo a mi hija ni a mi nieta desde hace dos años porque los cruces entre las comunidades divididas de Lugansk y Donetsk están casi cerrados por el conflicto y la COVID-19. Ahora nos arriesgamos que nuestra situación desesperada empeore aún más", ha lamentado. Natalia reclama "paz y libertad de movimiento".

La OTAN pide que se rebaje la tensión

Entre el 10 y el 20 de febrero Moscú y Minsk tienen acordado celebrar maniobras militares conjuntas. Por su parte, Jens Stoltenberg se pronunció así en una declaración a la prensa tras reunirse con el primer ministro de Macedonia del Norte, Dimitar Kovacevski. “La OTAN sigue pidiendo a Rusia que rebaje la tensión. Cualquier nueva agresión rusa tendría consecuencias severas y conllevará un elevado precio”, advirtió.

Aseguró que la Alianza Atlántica está dispuesta a implicarse en un “diálogo significativo” con Moscú y que ya ha enviado propuestas por escrito a Rusia. “Los aliados están preparados para abordar las relaciones OTAN-Rusia, cómo reducir riesgos e incrementar la transparencia, y el control de armas y la no proliferación”, explicó.

En cualquier caso, dejó claro que la OTAN “no comprometerá principios fundamentales”, y se refirió en concreto al “derecho de cada país a elegir su propio camino” y “la capacidad de la OTAN de proteger y defender a todos los aliados”. “Estamos comprometidos con encontrar una solución política a la crisis, pero tenemos que estar preparados para lo peor”, apostilló.

"Poderosa señal del compromiso de EEUU"

Stoltenberg también se refirió al anuncio de este miércoles de Estados Unidos de que desplegará 3.000 tropas adicionales en Alemania, Polonia y Rumanía ante la amenaza rusa. 

“Es una poderosa señal del compromiso de EEUU y se suma a otras contribuciones recientes de EEUU a nuestra seguridad compartida”, dijo, en referencia a que también ha puesto un grupo de ataque de portaaviones bajo el mando de la OTAN en el Mediterráneo y a que ha proporcionado 8.500 soldados en alta disposición para la Fuerza de Respuesta de la Alianza.

Stoltenberg recordó que ya han puesto en alerta la Fuerza de Respuesta de la OTAN y está considerando el despliegue de batallones adicionales en la parte sureste de la Alianza. Igualmente , dio la bienvenida a las ofertas recientes de los Aliados para mejorar la disuasión y la defensa de la OTAN “con más tropas, más barcos y aviones”. “La OTAN une a Europa y América del Norte para hacer frente a la crisis actual. Somos fuertes, estamos decididos y unidos en nuestra respuesta”, concluyó.

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