Más del 20% de adolescentes españoles ha tenido dificultades para seguir las clases online durante la pandemia

Una estudiante sigue su clase por ordenador.
Una estudiante sigue su clase por ordenador.
EFE / David Aguilar

Aproximadamente uno de cada cinco adolescentes experimentó "verdaderos problemas" para seguir las clases online durante la pandemia. Una dificultad que, según manifiestan, estuvo marcada por el sobreesfuerzo que conllevó hacer frente a la educación telemática en aislamiento, con grandes carencias materiales para los más vulnerables, desmotivación y la percepción generalizada de que se estaba improvisando. Tras esta experiencia, la mayoría rechaza rotundamente una educación exclusivamente online, pero asume que en un futuro podría llegar a ser mixta. Eso sí, desean y exigen que, de hacerse, no se perjudique un factor que demostró ser esencial: la sociabilización y, en definitiva, el 'cara a cara' con sus compañeros, pero también con los profesores.

Son algunas de las conclusiones derivadas del estudio 'Experiencias y percepciones juveniles sobre la adaptación digital de la escuela en pandemia', elaborado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y el BBVA, y presentado el miércoles en un acto que contó con la participación de la ministra de Educación, Pilar Alegría. La investigación se llevó a cabo mediante una encuesta realizada a 602 alumnos de entre 14 y 18 años con el objetivo de "dar voz a los adolescentes" y ver cómo han vivido la educación online y con qué carencias se han encontrado, destacó la directora técnica de FAD, Eulalia Alemany.

Tal y como recordó Alemany, el estudio se hizo en junio de 2021, cuando todavía "estaba muy reciente" lo sucedido con la pandemia y las dificultades a las que tuvieron que hacer frente durante el curso escolar 2020-21. Según los resultados, solo un 28,1% de los entrevistados afirma que pudo seguir el ritmo online en casa "perfectamente". Casi la mitad (47,2%) asegura que lo hizo "bien" pero "con algunas dificultades", un 16,6% afirma que lo ha hecho "con bastantes dificultades" y un 4,3 confiesa que le ha sido "casi imposible". Estas dos últimas cifras en conjunto representan lo que la directora de FAD denominó "minoría significativa": "Hay que ver que hemos dejado atrás al 20% del alumnado, que son muchos".

Brecha socioeconómica: un 20% siguió las clases con el móvil

El trabajo ha puesto en relieve la brecha socioeconómica que influye considerablemente en el rendimiento de los estudiantes. "Es una variante muy determinante y que implica a un número muy significativo de alumnos", alertó Alemany. Los resultados demuestran una evidencia clara: cuanto más bajo es el nivel de vida de las familias, más carencias materiales tienen y, por ende, más numerosas son las dificultades a las que se tienen que enfrentar los adolescentes.

Y es que, pese a que la mayoría afirmó que siguieron las clases desde casa con un ordenador portátil, casi un 20% reconoció haberlo hecho mediante un teléfono móvil. Además, uno de cada cuatro jóvenes manifestó haber tenido "constantemente o con frecuencia" problemas con el uso de dispositivos o Internet a lo largo del curso; con dificultades como los cortes o la lentitud de la conexión, un ambiente inadecuado en casa, la necesidad de dedicarse a otras tareas, el tener que compartir equipos o -como sería el caso de los smartphones- las limitaciones de los dispositivos tecnológicos. 

Mayor esfuerzo y más desmotivación

Cuando les preguntaron qué mejorarían tras esta etapa de educación online, los adolescentes destacaron como principal problema la falta de organización, planificación y adaptación; tanto del curso y las asignaturas, como de los propios profesores. "Nos han comentado que había mucha desigualdad, porque había profesores que lo tenían dominado -el método online- y profesores que lo tenían muy perdido", explicó Alemany. Y es que, tal y como señala el estudio, en muchas ocasiones se produjo la paradoja por la cual la tecnología, "paradigma de la hipercomunicación", constituyó en la relación entre docentes y alumnos y, al final, en la consecución de un clima educativo adecuado.

En definitiva, la mayoría está de acuerdo en que este método ha supuesto un sobreesfuerzo a la hora de seguir las clases. Concretamente, un 46% alegó haber tenido que "esforzarse más", de los cuales el 27,5% son estudiantes de centros públicos. También aquí reluce la brecha socioeconómica, pues el porcentaje entre los jóvenes de clases bajas que afirman haber tenido que esforzarse más en el anterior curso asciende al 60%.

Sin embargo, la mayor pérdida para los jóvenes fue la ausencia física de sus amigos. La investigación muestra que la falta de contacto con sus compañeros generó emociones de desánimo, aburrimiento y tristeza. "Sensación de que 'sólo se estudia', frente a la necesidad de socializar como parte esencial de la educación", detalla el estudio.

En conclusión, el balance de los estudiantes sobre la educación online a la que se vio sometida toda la comunidad educativa en los primeros meses de la pandemia, es mejorable. Solo el 12,5% de ellos quieren ahora una educación exclusivamente digital, frente al 33,9% que defiende un sistema exclusivamente presencial y un 42,2% que apuesta por un sistema combinado. De estos últimos, además, un 17,3% apostaría por los dos métodos pero con un mayor porcentaje de educación presencial.

Alegría aboga por afrontar el reto de la digitalización

En una semana de vuelta al colegio especialmente marcada por el debate sobre cómo debe abordarse en un contexto de repunte de contagios, la ministra de Educación, Pilar Alegría, celebra que los estudiantes se decanten por la presencialidad. "Me alegra que sea una decisión compartida", declaró, recordando que el pasado septiembre se inició el curso con ningún alumno vacunado.

Respecto a la educación digital, Alegría señaló que lo que ha hecho la pandemia es acelerar un proceso de cambio que ya se venía produciendo. "La forma en que educamos a nuestros hijos tiene que adaptarse a esa realidad digital. Debemos mirar al futuro, no podemos seguir con metodologías del pasado", subrayó. "Lo que más me preocupa es cómo atendemos a esa realidad, esa revolución digital, sin que esto provoque o acentúe mucho más las diferencias o los sesgos", añadió durante su intervención de clausura del acto. 

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