Los precios se disparan, pero ¿sería buena idea que se dispararan también los salarios?

Una vendedora en un puesto de fruta en el Mercado Central de Valencia.
Una vendedora en un puesto de fruta en el Mercado Central de Valencia.
ROBER SOLSONA /EP

La inflación está de vuelta. Después de varios años estabilidad los precios se han vuelto a disparar a un ritmo sin precedentes en casi treinta años. Salvo una corrección de última hora, el Índice precios del consumo (IPC) se situará en diciembre un 6,7 % por encima del nivel del año previo, algo que ha resucitado viejos fantasmas y debates propios de décadas pasadas. 

La buena noticia es que, por ahora, el consenso mayoritario entre los expertos es que la inflación será transitoria, al menos en Europa y se irá disipando poco a poco a lo largo de 2022. En España los precios se han disparado fundamentalmente por el encarecimiento de la energía y de los combustibles fósiles, dos bienes que los pronósticos apuntan a que volverán a niveles normales a lo largo del año que viene. La escasez de determinadas materias primas y los cuellos de botella en las cadenas de suministros también han contribuido al alza de precios, aunque las perspectivas apuntan a que estas complicaciones también se irán solucionando poco a poco en 2022.

Las proyecciones del Banco de España apuntan a que este año cerrará, en promedio, con unos precios un 3% superiores a los de 2020, una inflación que podría elevarse hasta el 3,7% interanual en 2022 para después caer a niveles más parecidos a los de los últimos años.

Estas subidas de precios (y la esperanza de que sean transitorias) han llevado a analistas de renombre a pedir que no aumenten los salarios, un mensaje paradójico y difícil de encajar para los trabajadores, que  en la mayoría de los casos consideran lógico que sus rentas mejoren para compensar la pérdida de poder adquisitivo que han sufrido.

La semana pasada, el FMI pidió a España no caer en "un círculo vicioso de mayores salarios que conduzcan a una inflación mayor". Y hace un mes, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, aconsejó a trabajadores y empresas a "buscar un reparto equitativo de la merma de rentas" provocada por la inflación. En caso contrario, dijo, "podría alentarse una realimentación de precios y costes con efectos adversos para la competitividad, la actividad económica y el bienestar de los ciudadanos". 

A lo que ambos organismos se refieren es a los denominados "efectos de segunda ronda", y más concretamente a la posibilidad de que se desate una espiral precios-salarios.

¿Qué es una espiral precio-salarios?

Una espiral precios-salarios es un círculo vicioso que comienza cuando se dispara la inflación. Si el coste de la vida se encarece, los trabajadores -por razones obvias- pueden presionar para que sus salarios crezcan al mismo ritmo. En caso de lograrlo, los costes de producción de las empresas aumentarían, pues tendrían que hacer frente a esas subidas salariales. Las compañías se enfrentan a un dilema: pueden reducir sus márgenes de beneficios o subir los precios de venta. Si optaran masivamente por lo segundo, el coste de la vida volvería a aumentar y los trabajadores presionarían de nuevo para que sus sueldos mejoren.

"Es como correr en una cinta de gimnasio. Si aceleras la cinta vas a tener que correr más rápido, pero no te vas a mover de sitio", explica Manuel Hidalgo, profesor de economía en la universidad Pablo Olavide e investigador en Esade. "Si empezamos a hacer una carrera contra la inflación vamos a correr, pero no nos vamos a mover porque ella se va a mover más rápido que nosotros. Y si intentamos ir más rápido la inflación se moverá más rápido", añade.

"Para que se produzca esa espiral, deben producirse varios condicionantes. Primero, que los trabajadores puedan indexar sus salarios con el IPC y que se den cuenta de estas subidas de precios. Ello depende por un lado del poder de negociación de los trabajadores y sindicatos, y por otro de la calidad de la información que reciben", cuenta Estrella Trincado, profesora en la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y especialista en historia económica.

La última vez que ocurrió algo parecido en España fue en 1977 "cuando el incremento del precio del petróleo produjo importantes subidas de los precios en una economía muy dependiente del combustible fósil", añade Trincado. 

Y es que, aunque ahora vuelve a estar de actualidad, la inflación elevada ha sido la norma durante buena parte de la historia reciente de España. Entre 1970 y 1987 las subidas interanuales del IPC no bajaron del 5% ni un solo mes y alcanzaron los dobles dígitos entre 1973 y 1984. De hecho, entre 1970 y 1990 los precios se multiplicaron por 15. Como punto de comparación, entre 2000 y 2020 solo se incrementaron un 46,4%, es decir, ni siquiera llegaron a duplicarse.

La espiral inflacionaria de los 70 desembocó en un pacto de Estado: los Pactos de la Moncloa. "Los costes de las empresas se encarecieron y, en un momento en que la democratización del país era una prioridad, se hizo necesario hacer un pacto de Estado. Las patronales y los sindicatos se pusieron de acuerdo para que los trabajadores no fueran las únicas víctimas del reajuste económico necesario para evitar la hiperinflación", añade Trincado.

¿Hay riesgo de que esto se repita?

Las espirales inflacionarias de los años 70 son la última referencia que tenemos sobre este fenómeno, pero desde entonces la economía mundial ha cambiado mucho, tal y como explican los investigadores Federico Steinberg y Jorge Tamames en un artículo publicado recientemente en la web del Real Instituto Elcano. Entonces, la economía no estaba tan globalizada, existía una fuerte militancia sindical y eran frecuentes los acuerdos que revisaban automáticamente los salarios con el IPC. 

"Que las condiciones salariales se adapten a la inflación no tiene por qué desatar una espiral. Estamos hablando de que el origen del fenómeno actual no está en que se hayan adaptado los salarios", explica Jorge Tamames a este periódico. "Merece prestar atención a la evolución de los precios, pero no creo que haya que dar por descontado que estemos volviendo a un mundo en el que hay inflación", añade.

Por ahora, los indicios de que se pueda estar desatando una espiral son escasos. Las expectativas de inflación a medio plazo son bajas y los datos sobre salarios que llegan de la estadística de convenios colectivos reflejan subidas en promedio del 1,5%, todavía muy alejadas del aumento de los precios. 

"Si los salarios que se vayan renegociando estos meses no incorporan una subida superior al 1,5% esto nos lleva a pensar que estamos siendo prudentes y que estamos posiblemente evitando estos efectos de segunda ronda", sostiene Manuel Hidalgo, que no obstante señala que hay trabajadores fuera de convenio y que podría darse la posibilidad de que algunos convenios con cláusulas de indexación automática -que son minoritarios- se activasen.

Tanto Hidalgo como Estrella Trincado son partidarios de que los salarios no se disparen automáticamente. "Si el fenómeno es transitorio, es mejor esperar a que se relaje la inflación en vez de reclamar subidas salariales inmediatas dado que esta es una crisis sistémica y debe tener soluciones sistémicas", concluye Trincado.

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