Sindicatos y patronal alejan el acuerdo y presionan a Díaz a dos semanas del fin del plazo para aprobar la reforma laboral

Los líderes de la CEOE, Antonio Garamendi, y CCOO, Unai Sordo.
Los líderes de la CEOE y CCOO, Antonio Garamendi y Unai Sordo, respectivamente.
EFE

Quedan poco más de dos semanas para que termine el plazo que el Gobierno ha comprometido con Bruselas para aprobar la reforma laboral y tanto los sindicatos como la patronal presionan para que el texto final se acerque lo más posible a sus postulados. Este martes, el secretario general de CCOO, Unai Sordo, criticó el excesivo "optimismo" que, a su juicio, mantiene el Gobierno con respecto a la posibilidad de alcanzar un acuerdo, y dejó claro que ese pacto no está ni mucho menos "garantizado". La patronal, por su parte, también alejó el posible acuerdo en torno a la reforma laboral. "Si pensamos que no es buena, diremos que no", afirmó el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi.

Estos posicionamientos públicos de sindicatos y empresarios no son nuevos, pero cobran mayor importancia en un momento en el que la negociación para poner en marcha una nueva legislación laboral se encuentra en su recta final. Gobierno y agentes sociales se reunieron de nuevo este martes tras el encuentro mantenido el lunes, y lo seguirán haciendo diariamente durante el resto de la semana para tratar de desbloquear unas conversaciones en las que el asunto más espinoso continúa siendo el modelo de contratación temporal que se diseñará. Pese a esas dificultades, la vicepresidenta primera Nadia Calviño insistió este martes en que la reforma laboral "será llevada a Consejo de Ministros antes de fin de año", como tarde el 28 de diciembre.

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Este martes, Sordo celebró un desayuno informativo al que asistieron como público tanto su homólogo de UGT, Pepe Álvarez, como el líder patronal Antonio Garamendi. Allí, el secretario general de CCOO aseguró que "no está cerrado el acuerdo en prácticamente" ningún asunto, habida cuenta de que, sostuvo, la reforma laboral es un compendio de medidas relacionadas entre sí que no pueden pactarse de manera independiente. No obstante, Sordo sí reconoció que hay cuestiones que "están avanzadas", y planteó que "ha habido aproximaciones en lo relativo al modelo de contratación" temporal en las últimas reuniones.

Las posiciones entre Gobierno, patronal y sindicatos se han acercado desde que, la semana pasada, el Ministerio de Trabajo renunciara a su propuesta de establecer límites al número de contratos temporales que puede hacer una empresa en función de su tamaño y planteara, en su lugar, un nuevo modelo en el que se acota a tres meses el tiempo por el cual una empresa puede justificar que las circunstancias de la producción le obligan a reforzar temporalmente su plantilla. El líder de CCOO, no obstante, quiso dejar claro este martes que para los sindicatos hay dos líneas rojas: que este nuevo diseño vaya acompañado de un refuerzo de la "causalidad" de los contratos -es decir, que se endurezcan las condiciones en las que una empresa podrá recurrir a los temporales- y que, a su vez, la medida vaya "acompañada de restricciones al despido".

Esas restricciones complementarían otra de las medidas que se están negociando: el establecimiento de un mecanismo permanente de ERTE que dé incentivos a las empresas para que, en momentos de dificultades, opten por la posibilidad de reducir las jornadas en lugar de por la de despedir a los trabajadores, al estilo de lo que ha ocurrido durante la pandemia. Patronal y sindicatos están de acuerdo en que se ponga en marcha este mecanismo, si bien aún no se ha podido acordar su diseño después de que el Gobierno tuviera que modificar sensiblemente su primera propuesta, que fue tachada de "farragosa" por los agentes sociales.

El segundo de los grandes "capítulos" que, en palabras de Sordo, aún quedan por cerrar en la negociación de la reforma laboral es el reequilibrio de la negociación colectiva. En ese asunto, el líder de CCOO fue inflexible: los sindicatos, dijo, no apoyarán ninguna reforma laboral que no reinstaure la ultraactividad de los convenios -es decir, que sigan en vigor al caducar hasta que se negocie uno nuevo- y que no prohíba que "los convenios de empresa puedan reducir los salarios recogidos en los convenios sectoriales". "Si no se modifica esa prevalencia del convenio de empresa sobre el sectorial no va a haber acuerdo", aseguró.

La CEOE se sacude la presión

Menos explícita con sus planteamientos se muestra la CEOE, que en las últimas semanas ha adoptado una estrategia de silencio después de unos meses en los que llegó a calificar de "marxistas" las propuestas del Ministerio de Trabajo para la reforma laboral. Garamendi, no obstante, negó este martes sentirse "presionado" por el Gobierno para alcanzar un acuerdo, después de haberse descolgado de algunos de los últimos pactos, como la subida del salario mínimo a 965 euros o el aumento de 0,6 puntos en las cotizaciones sociales durante los próximos diez años para rellenar la hucha de las pensiones.

El líder de la CEOE, sin embargo, también quiso marcar este martes su posición y dejó en el aire el apoyo de la patronal a la reforma laboral. "Nosotros estamos comprometidos para poder hablar de mejoras" en el texto, señaló Garamendi, que no obstante afirmó que la CEOE solo lo apoyará si "para las empresas es algo adecuado". El presidente de la patronal, además, recordó que los empresarios no están "concernidos en absoluto" con el acuerdo de coalición de PSOE y Unidas Podemos, en el que se incluyen las principales medidas que ambos pactaron para modificar la legislación laboral.

Asimismo, Garamendi defendió la reforma laboral del PP que, precisamente, el Gobierno quiere modificar con la norma que negocia con los agentes sociales. De hecho, el líder de la CEOE señaló que, tras las actuales cifras de recuperación de empleo hay "una ley, una normas que han valido para que esto pase", en referencia a esa reforma del PP.

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