El barrio de Begoña, una isla de ruido y contaminación en medio del 'nuevo Manhattan' de Madrid

Pilar, José Luis y Daniel, miembros de la Asociación de Vecinos de Begoña, posan delante del Skyline de Madrid.
Pilar, José Luis y Daniel, miembros de la Asociación de Vecinos de Begoña, posan delante del los rascacielos de la Castellana.
Elena Buenavista

"Como barrio nos están ahogando con tantas obras y tanto ruido", denuncia Pilar Martínez, tesorera de la Asociación de Vecinos del barrio de Begoña. La reforma del Nudo Norte de Madrid es un problema que se añade a la contaminación acústica que ya se daba por la M-30 y el paso del Cercanías en superficie. "Somos una isla en la que ahora todo va estar lleno de torres altas. Nos van a transformar en un gueto en medio del nuevo Manhattan", apunta.

El barrio perteneciente al distrito de Fuencarral-El Pardo lleva décadas sufriendo problemas de ruido. El crecimiento demográfico, el aumento de tráfico en la M-30 y la construcción de los rascacielos de Madrid ha provocado una degradación en el bienestar de los vecinos de Begoña, que se sienten "aislados", a pesar de estar en "un punto privilegiado", gracias a su cercanía al centro de la ciudad, el Hospital de La Paz y el Hospital Ramón y Cajal. 

El fuerte ruido que se escucha en el barrio ha provocado hasta problemas de insomnio en algunos vecinos, incapaces de poder conciliar el sueño. José Luis, miembro de la asociación, reside a menos de 100 metros de la M-30 y cuenta que "por la noche es incluso peor, cuando pasa una moto -por ejemplo- todo retumba". La situación empeora en los meses de verano, cuando las altas temperaturas aumentan y abrir las ventanas de las casas es "impensable" debido al estruendo de todo lo que rodea a la zona.

Un sonómetro mide los decibelios junto a la M-30 y las obras de Nudo Norte de Madrid.
Un sonómetro mide los decibelios junto a la M-30 y las obras de Nudo Norte de Madrid.
Elena Buenavista

Objetivo: reducir el ruido excesivo

Los vecinos de Begoña han presentado durante los últimos años varias propuestas alternativas Ayuntamiento para que las obras del Nudo Norte de Madrid y su paso por la M-30 no causen el "ruido infernal" que ya provocan y que se puede acrecentar durante los próximos meses. 

Incluso los vecinos miden con sonómetros no homologados los decibelios, que según ellos, superan los "niveles razonables" que afirma el Ayuntamiento. En los días laborales y en hora punta, los decibelios alcanzan hasta los 90 dBA, cuando los límites de ruido para actividades exteriores en áreas residenciales son de 55 dBA en horario diurno y 45 dBA en horario nocturno, según indica la Ordenanza de Protección contra la Contaminación Acústica y Térmica (OPCAT). El nivel permitido de decibelios por tráfico es de 35 durante el día y 30 a partir de las 23.00 horas.

La primera de las opciones es soterrar -al menos una parte- del tramo de vía que pasa junto al barrio. No obstante, desde el Ayuntamiento no ven viable esta opción debido a la cercanía con los túneles del Metro.

Imagen captada dese el barrio de Begoña donde se pueden observar la M-30, las obras del Nudo Norte y el Skyline de Madrid.
Imagen captada dese el barrio de Begoña donde se pueden observar la M-30, las obras del Nudo Norte y los rascacielos de la Castellana.
Elena Buenavista

Otra de las opciones que piden de inmediato los residentes es que se cambien las nuevas placas de metal puestas en la calzada de la M-30 que sirven reducir la velocidad porque causan un ruido "fuerte y constante". "Hay otras maneras de limitar la velocidad de los vehículos, bien con señales luminosas que adviertan el peligro o con un radar", explica Pilar.

No obstante, estas propuestas son solo para disminuir -en la medida de lo posible- parte de la contaminación acústica, ya que la rodadura de los coches es una constante difícil de erradicar. "A pesar de que los motores de los nuevos automóviles hacen menos ruido, la rodada es también molesto, sobre todo para aquellos vecinos que vivimos a escasos metros de la carretera", cuenta José Luis.

A la contaminación acústica se suma la polución

El aumento de tráfico trae consigo un incremento de polución, más si cabe al tratarse de una zona céntrica de Madrid, junto a los rascacielos de la Castellana, donde a diario se producen aglomeraciones de trabajadores y vehículos.

A estas emisiones químicas causadas por los vehículos se suma otra problemática a la zona que altera las temperaturas, tanto en verano como en invierno. Según los vecinos, los rayos que reflejan las cristaleras que cubren las fachadas de los rascacielos inciden en el barrio de Begoña. 

"Por este tipo de material, los grados aumentan considerablemente en verano, y a la inversa en invierno", cuenta Pilar. "Si en Madrid el clima ya es extremo de por sí, con esto, la situación es peor aún", añade.

Boca de metro de Begoña. donde ya se pueden observar algunas obras del Nudo Norte.
Boca de metro de Begoña. donde ya se pueden observar algunas obras del Nudo Norte.
Elena Buenavista

Problemas de accesibilidad

El barrio de Begoña se encuentra comunicado por importantes vías, como la M-30, la A1 o el Paseo de la Castellana. No obstante, el acceso para los peatones supone otro problema para aquellos que desean llegar a la zona. "Los puentes apenas están cuidados, se pueden observar las grietas", denuncia José Luis.

Además, el acceso al barrio se va a complicar más cuando se acaben las obras del Nudo Norte, ya que incluyen un cambio en la línea 10 de Metro. Actualmente, Chamartín y Begoña conectan de forma directa, pero una vez culminen los trabajos, esta conexión se verá alterada por un ramal único que unirá ambas estaciones, pero será necesario realizar un transbordo. 

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