Mario Garcés: "Mi libro es un viaje y una venganza contra la pandemia"

  • Es escritor y político, una ‘rara avis’'. El colaborador de '20minutos' publica ‘La huella española en la ruta 66’
El escritor y político Mario Garcés.
El escritor y político Mario Garcés.
JORGE PARÍS

Mario Garcés (Jaca, 1967) es diputado por Huesca, portavoz adjunto del Grupo Parlamentario del PP en el Congreso y coordinador económico de su partido. Pero es un diputado raro. Su pasión es la literatura. Domina el idioma castellano (de este siglo y de cualquier otro) como muy poca gente. 

Además, es actor, está rodando su tercera película. En su último libro, La huella española en la ruta 66 (editorial Pinolia), propone un viaje deslumbrante detrás de numerosos españoles que vivieron, en diversas épocas, en Estados Unidos.

¿En diez días dice usted que escribió este libro? En diez días.

Pero eso es imposible. Son más de 200 páginas. Se tarda bastante más solo en teclear el texto. En diez días. Mejor dicho: en once, pero uno descansé para… bueno, para volar las cometas.

Mario garcés

  • Jaca, Huesca, 1967. Licenciado en Derecho. Inspector de Finanzas del Estado. Ha pasado por varios cargos políticos, entre ellos el de secretario de Estado de Servicios Sociales. Ahora es diputado y portavoz adjunto del grupo parlamentario del PP. Comenzó a escribir en 2013, con 'Relatos desde el avión'. También es actor.

La ruta 66, famosa carretera que cruza Estados Unidos de punta a punta, no aparece en ninguno de los quince relatos. ¿Por qué sí en el título? Es una coartada. Yo tenía en la memoria muchas historias de españoles que vivieron en Estados Unidos, que triunfaron o que al menos fueron célebres en su tiempo. Historias apasionantes. La editorial quería un libro mío, el primero en solitario desde hace tres años, y les ofrecí varias posibilidades…

¿Por ejemplo? Pues se me había ocurrido una novela con un asesinato en el Congreso de los Diputados. Con personajes reales. Pero se me iban a enfadar, que ya los voy conociendo… Así que les ofrecí lo que yo quería escribir, este viaje a saltos, literario, detrás de los españoles en EE UU, en muchas épocas. Les gustó, pero me dijeron que necesitaba un flow, un hilo conductor. Y se nos ocurrió esa carretera. Disfruté como pocas veces, porque ha salido casi una road movie, algo que tiene que ver con Kerouac, con las pelis en que los protagonistas van de motel en motel… y con Thelma & Louise, una de mis películas míticas.

Pero no es un libro de viajes. No, no lo es, a pesar de que en unos grandes almacenes de Zaragoza lo tenían puesto junto a las guías turísticas de China y Florencia y sitios así. Les pedí que lo cambiasen, claro, porque es un libro de relatos, de personajes, de vidas extraordinarias. Pero en realidad este libro sí es un viaje para el lector. Y también una venganza

¿Contra quién? Contra la pandemia. Contra el terrible confinamiento. Como durante meses no se pudo salir ni viajar, que es algo que a mí me me encanta, pues me dije 'ahora voy a viajar yo, pero con la literatura'. Y me puse a escribir.

"Sender, el ácrata liberal que se pasó la vida buscando la verdad, con lo cómodos que viven los anarquistas en la no verdad"

Hay algo que está en todos sus libros: el increíble manejo del idioma. Domina usted el castellano de hoy, el de hace un siglo, el del XVIII, el de Cervantes… ¿Cómo lo hace? No lo sé. Supongo que es por una asimilación de lecturas. El capítulo de la conferencia de Ramón J. Sender está escrito después de leer muchos discursos suyos. Puede que a otros no se les pegue la 'manera de', pero a mí sí. Sender, aquel ácrata liberal que se pasó la vida buscando la verdad, con lo cómodos que viven los anarquistas en la no verdad…

La impresionante carta de Junípero Serra, el padre de California, siglo XVIII… Eso es más fácil. El género epistolar siempre es más sencillo de hacer. Luego le pasas el barniz narrativo y ya está.

Pero la tremenda historia de Alonso Quílez y la india hopi… ¿Cómo se puede reproducir el habla de los indios Hopi de hace cinco siglos? (Larga pausa) Pues no estoy seguro… Fue intuición, supongo. Salió muy sincopado, muy nervioso, como está ella en esa escena. Pero creo que funciona muy bien. Hubo otros más divertidos. El del pastor vasco (hubo muchos en EE UU, y eran muy apreciados) que acaba teniendo un poético encuentro amoroso, tipo Brokeback mountain, con un vaquero rubio…

¿Y para eso escogió precisamente a un vasco? Es que yo quería que fuese vasco… (carcajada). O aquel ventrílocuo, Wences, un señor de Salamanca que de pronto se ve en negocios turbios con dos sinvergüenzas: Dean Martin y Frank Sinatra.

"Marcelino Orbés, paisano mío, fue uno de los payasos más famosos de América a principios del siglo XX"

Que hablan como en las pelis más negras del cine negro… Hablan como dos golfos, que es lo que eran, con todo su glamour… Tengo debilidad por Rafael Guastavino, un pícaro de Valencia que huyó a Chicago escapando de una estafa y que acertó a patentar allí soluciones arquitectónicas que se llevaban usando en el Mediterráneo desde hacía 2.000 años. Y coló. Sus azulejos están es muchos rascacielos antiguos, ocho de cada diez edificios construidos en EE UU entre 1900 y 1920 tienen cosas patentadas por él. Se hizo de oro. O Marcelino Orbés, paisano mío, que nació a 100 metros de la casa en la que yo nací. Fue uno de los payasos más famosos de América a principios del siglo XX. Lo tuvo todo y al final se suicidó, arruinado, en Nueva York. Hoy nadie sabe quién fue.

Lo de Jardiel Poncela y Neville en Hollywood… Eso es divertido. ¿Ves? Ahí el lenguaje es más rápido, más ligero, con otro vocabulario. Hay anécdotas… El que faltaba en esa aventura de locos era Miguel Mihura. Dijo que no podía ir, que si tenía averiada una cadera, que si… Pero yo creo que se quedó en Madrid porque no hablaba una palabra de inglés. Y eso le daba vergüenza.

Una cosa, ¿por qué lleva ahora el pelo tan corto? Pues porque soy cura. O casi… Estoy rodando mi tercera película como actor y hago de cura. Es la adaptación de la novela La piel del tambor, de Pérez Reverte. Una gran producción con actores como Fionnula Flanagan, Richard Armitage, Giancarlo Giannini, etc. Y españoles como Carlos Cuevas, Amaia Salamanca y muchos más. Yo hago de padre Urbizu. El que llegue tarde al cine no me verá, porque mi escena, que es de miedo, está al principio.

Si hace usted de cura le habrán tenido que poner un doble… No.

¿Y eso? Me negué.

¿En su partido saben que hace usted todas estas cosas? Bueno, todavía no me han echado (carcajada). 

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