Scholz no es Merkel pero Alemania sigue siendo Alemania: ¿cómo cambia el papel germano en la UE con el nuevo Gobierno?

<p>El ministro de Economía Olaf Scholz (i), la canciller Angela Merkel (centro) y el ministro de Interior Horst Seehofer (d).</p>
Scholz y Merkel, en una imagen de archivo.
EFE/OMER MESSINGER

La salida de Angela Merkel no genera solo un vacío en Alemania, sino también en el marco de la Unión Europea. El reto de Olaf Scholz y del Gobierno semáforo formado por el SPD, los Verdes y el FDP es por tanto doble. Tienen que llenar un espacio a nivel europeo y la convivencia con Francia puede cambiar. El 2022 será un año importante para ambos países y por eso el llamado eje franco-alemán puede entrar en una nueva era.

El acuerdo del nuevo Ejecutivo recoge un capítulo concreto para Europa y para el papel que debe asumir Alemania en el nuevo contexto mundial, con la UE como un actor relevante en muchos aspectos que a la vez está sumido en varias crisis (suministros, energía, reto migratorio, relaciones con Rusia y China o la defensa de los valores). En esas líneas, la coalición semáforo asume "con normalidad" que se sigan utilizando herramientas similares al fondo de recuperación, aunque no habla de hacerlo permanente. Al mismo tiempo, adoptará una postura más dura ante los ataques de Hungría y Polonia al estado de derecho.

No quieren, de momento, abordar el tema de la autonomía estratégica o el ejército europeo, que son dos de las obsesiones de Emmanuel Macron. Alemania siempre ha marcado distancia respecto a una mayor integración europea en estos aspectos, y ya fue un logro que apoyase en 2020 ese fondo de 750.000 millones para hacer frente a la pandemia. 

Por otro lado, la presencia de los liberales en el Gobierno no conllevará que se vuelva a planteamientos de austeridad, pero el FDP insiste en la urgencia de controlar el déficit y la deuda. Eso cierra en parte la puerta a que Berlín apoye la reforma de la gobernanza económica, algo que lleva tiempo buscando con insistencia España. La UE camina hacia lo común y Alemania lo sabe, pero prefiere recorrer esa ruta con cautela.

En la cuestión migratoria la presencia de los Verdes, más favorables a acoger refugiados, puede servir como punto de apoyo para un futuro pacto migratorio entre los 27 (aunque el acuerdo es muy complejo). Francia, por su parte, pide "una cooperación europea más fuerte" para combatir el tráfico de migrantes. Macron insiste en que el suyo es "un país de tránsito, por lo que ve necesario que los países de la zona acerquen posturas para mejorar la colaboración y evitar nuevos riesgos para la vida de los migrantes. Alemania puede sumarse sin muchos remilgos a esa idea, pues ya viene de enarbolar la política "de puertas abiertas" en 2015. Moscú y Pekín están alerta

Moscú y Pekín están alerta

¿Y qué pasa con Rusia y China? De nuevo la presencia de los Verdes es fundamental en las relaciones que quiere el Gobierno pos Merkel con Moscú y Pekín. En el acuerdo a tres recogen que buscarán "contactos estables", pero el discurso será más firme con el tiempo, sobre todo en lo relativo al respeto de los derechos humanos. Uno de los debe de Merkel fue precisamente la tibieza respecto a Putin y Xi, con quienes priorizó la economía frente a los valores. Ahí se dará un giro importante si atendemos al mensaje que lanzaron los ecologistas ya desde la campaña electoral. De hecho, está parada la puesta en funcionamiento del gaseoducto Nord Stream 2, del que los Verdes están en contra.

Los países del sur también tendrán mucho que decir en los próximos años y puede que Alemania, con Scholz al frente, quiera constituir un frente común junto a Francia, España, Italia y Portugal. En ese sentido será importante el componente electoral. Si Macron gana en 2022 como parece, el giro ideológico de la UE quedará a la espera de lo que pase en Portugal en enero y en Italia y España, que tienen previstas elecciones en 2023. Unas victorias de Costa, Conte o Letta y Sánchez reforzarían los planes de Scholz de construir una Unión que mire hacia la socialdemocracia. En todo caso, el nuevo canciller tiene mucho trabajo por delante, porque Alemania sigue siendo Alemania.

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