Nuria Labari:«La creación ha de estar a salvo de los panfletos»

‘Los borrachos de mi vida’, su primer libro, no llama a engaño: por él corre el alcohol, pero también los errores, la frustración, las decepciones. Publicado por Lengua de Trapo, es el debut literario más jugoso —y amargo— del año.
Nuria Labari
Nuria Labari
Lucía Antebi

Cuando Nuria Labari (Santander, 1979) no escatima daños a sus personajes es mucho mejor. Quinceañeras desorientadas, adultos con un pintoresco concepto de la felicidad, familias más que desestructuradas... ¿Sus armas? La ironía, la crueldad y un estilo seco —mazazo tras mazazo— al servicio de la narración.

Debutas con un libro de cuentos. ¿Por qué relatos?

El relato breve es una forma de mirar la realidad distinta de la novela. Una novela pretende alumbrar una realidad concreta, algo así como encender la luz en una habitación. Con estos relatos yo he intentado provocar chispazos en la oscuridad, algo más parecido a una cerilla. Son instantes para entender.

¿Por qué casi siempre mujeres empezando a vivir?

Creo que eso no lo sé. Supongo que es porque son relatos muy pegados a la realidad. No son autobiográficos, pero sí he usado todo lo que estaba en mi mano para meterme en cada historia: empatía, mirada y también experiencia. A lo mejor por esto último son mujeres. Lo de estar empezando a vivir es porque los jóvenes —treintañeros, adolescentes, niños— son seres especialmente frágiles. La vida los golpea en una primera piel y las marcas serán las líneas de su destino. Me interesa su fragilidad y lo decisivo de cada uno de sus actos.

Personajes que se aplican en cumplir el destino, pero se empeñan en el fracaso...

Todos los seres humanos vamos a fracasar alguna vez. Y todos vamos a ser felices en algún momento. El destino guarda lo mejor y lo peor para cada uno, pero el fracaso es tabú, reconocerlo es casi irreverente. Mis personajes son fracasados, como tú y como yo. Y en los cuentos, a veces, miran a los ojos a sus derrotas íntimas. Son valientes.

Pese al final devastador de casi todos tus textos, el regusto es siempre alegre, humorístico. ¿Tus referentes?

Cuando empecé a escribir, la antología del relato americano de Richard Ford se convirtió en una biblia. Después, Lorrie Moore, Carson McCullers, Grace Paley, A. M. Homes, Flannery O’Connor...

¿Y cómo surgen tus relatos?

Surgen mirando y mirando... Nacen siempre en una libreta. Cada persona podría escribir diez historias sobre algo que sólo ella sabe, algo que ningún otro ser humano podría transmitir. Yo he intentado estar atenta para encontrarme con las mías. Una vez que sabes lo que quieres contar, tienes que sentir. Sólo después llega la tecla.

Atacas tótem tras tótem: la pacífica vida burguesa, la humilde clase media... Lloran los pobres, pero también los ricos. ¿Existe una intención de crítica social en tus relatos?

¡Dónde hemos llegado! Dentro de nada ver llorar a un rico será transgresor... O a un pobre. ¿Quién ha visto una lágrima en un ojo negro últimamente? Cuanto más pobres, más se ríen en las fotos. No me gustan las intenciones sociales en la literatura, la creación tiene que estar a salvo de los panfletos. Pero sí creo en una literatura donde palpite la realidad, incluso donde se escriba contra ella.

Igual que tú, muchas de tus coetáneas se deleitan en el lado oscuro. ¿Casualidad? ¿O no?

Pues me encantan las coincidencias, creo que son buenos augurios vengan de donde vengan. Y sí, yo también he observado que hay mujeres que meten el dedo (y el boli) en llagas que otros prefieren desinfectar, tapar y enterrar.

¿En qué medida influye tu faceta profesional —como periodista— en la literaria?

En general en nada. Pero creo que sí he heredado del periodismo el rechazo a las florituras innecesarias. Me gusta una escritura limpia, directa, que golpee, que no dé nada por hecho, que sea atenta. No sé, no había pensado en esto. En realidad siempre he intentado mantener las dos escrituras (la periodística y la mía) a una distancia profiláctica por el bien de ambas.

Estudiaste Creación Literaria en la Escuela Contemporánea de Humanidades de Madrid. ¿El escritor nace o se hace?

Yo no hubiera escrito este libro sin pasar por el máster en Creación Literaria de la ECH. Pero no sé qué decirte. La ECH no es un tallercito de escritura. Son unos locos que creen en una formación integral en plan la Academia de Platón. Una formación así cambia tu escritura y te cambia a ti. Pero nunca me han dado recetas.

Los borrachos de mi vida ganó el Premio Caja Madrid de Narrativa. ¿Qué significan estos certámenes para una novel?

Publicar. Dicen los editores que los relatos no venden. Y ya si son una primera obra, ni te cuento. Para colmo, la mayoría de premios son de novela —como no hay ventas, no hay apuesta, y como no hay apuesta, no hay ventas—, así que fue ya un placer poder participar en un premio grande. Ganar es... Las cursilerías no se me dan, así que mejor no sigo.

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