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"Lo único que me quedan son sus recuerdos, en los que vivo, en los que sueño"

Era la noche del 18 de junio de hace ya cuatro años. Habíamos quedado dos amigas, él y yo. No sé aún cómo, pero el plan se vino abajo y acabamos los dos solos, dos compañeros de trabajo que se llevaban bien y nada más. Él ya había puesto sus ojos en mí, en cambio yo no lo hice hasta aquella misma noche. Resulta gracioso, pero estuvo dando vueltas con el coche en una rotonda hasta que decidiéramos dónde ir.

Nuestros cuerpos se entrelazaron presos del deseo que nos unió aquella noche

Al final fuimos a un sitio tranquilo, al aire libre, nos pusimos a charlar de nuestras vidas y se nos fue el tiempo en ello. Yo me sentía inmensamente a gusto a su lado. Decidimos marcharnos a casa, era tarde. No sé cómo, ya dentro del coche y en décimas de segundo, él acariciaba mi brazo, me abrazaba dulcemente. Sentía que podía morir en ese mismo instante, pues nada me hacía sentir mejor.

Nuestros labios se juntaron en un beso que jamás olvidaré y nuestros cuerpos se entrelazaron presos del deseo que nos unió aquella noche y las de casi cuatro años más. Vivir esta historia es lo mejor que me ha pasado, aunque desde hace unos meses él decidiera irse de mi lado sin más. Me enamoré aquella noche y hasta hoy él sigue siendo la razón de mi existir, aunque me parezca el amor más trágico que haya vivido, porque sé que luché con todas mis fuerzas por él, pero de nada sirvió.

Lo único que me quedan son sus recuerdos, en los que vivo, en los que sueño. No sé si volverás algún día, pero yo te estaré esperando siempre, porque lo que yo sentía estando contigo ni nada ni nadie podrá romperlo, ni la distancia ni tu vacío. Te amaré siempre y te estaré esperando; en mi corazón siempre guardaré tú lugar. ¡Te quiero, amor!

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