El eterno regreso del botellón: "No consigo pasármelo bien si no bebo alcohol"

Elías, Andrea, Carlota y Alejandra tienen 18 años y han visto cómo las restricciones de la pandemia afectaban de forma dramática su periodo vital de mayor socialización.
Elías, Andrea, Carlota y Alejandra tienen 18 años y han visto cómo las restricciones de la pandemia afectaban de forma dramática su periodo vital de mayor socialización.
Jorge Paris
Elías, Andrea, Carlota y Alejandra tienen 18 años y han visto cómo las restricciones de la pandemia afectaban de forma dramática su periodo vital de mayor socialización.
JORGE PARÍS / BIEITO ÁLVAREZ

El confinamiento no cambió la forma en la que se relacionaban Andrea Parrondo y Alejandra Olías, ambas de 18 años, tanto como podría esperarse. Estas dos amigas se conocieron siendo niñas en el distrito madrileño de Carabanchel. Desde su primera adolescencia, estaban acostumbradas a hablar por Whatsapp de forma habitual y es lo que hicieron para mantener su relación durante los casi tres meses que no pudieron verse cara a cara.

"Hicimos alguna videollamada, pero hablamos por Whatsapp, como de normal, así que no cambió mucho la cosa", explica Alejandra. Sentados a su lado en un banco, Carlota Escohotado y Elías Zaragoza, que conocieron a Andrea en el instituto, cuentan una historia similar. "Andrea y yo hacíamos videollamadas todas las noches con nuestro grupo de amigos y manteníamos un contacto diario", asegura Carlota.

Los miembros de la llamada Generación Z -los nacidos en el cambio de siglo- han sido los primeros en interactuar desde su infancia con dispositivos digitales y, por ello, han solventado mejor que los de ninguna otra la barrera física impuesta por el confinamiento. También han visto cómo las restricciones afectaban de forma dramática su periodo vital de mayor socialización.

"La experiencia del último año y medio pone en evidencia cómo el encuentro 'cara a cara' es insustituible"

"Seguramente, las redes sociales han mediado el impacto de las restricciones, desplazando al mundo virtual parte de las interacciones, pero creo que la experiencia del último año y medio pone en evidencia cómo el encuentro 'cara a cara' es insustituible", declara Margot Mecca, Investigadora de proyecto en el Departament de Comunicació de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

"El florecer del ocio en la calle nos ha demostrado la fuerza de la exigencia humana de estar juntos, en particular en una edad de descubrimiento y construcción de la identidad como es la juventud", añade Mecca.

Ese florecimiento del ocio en la calle se ha expresado de una forma que tiene poco de novedoso y que ha traído de vuelta una vieja polémica sobre el consumo de alcohol en la vía pública: el botellón.

Los botellones masivos post-confinamiento

"Antes del confinamiento yo ya hacía botellones", admite Andrea, que justifica esta infracción -beber en la calle es ilegal en Madrid desde 2002- con la razón más habitual: "Me sale mucho más barato comprarme una botella en el Mercadona y bebérmela en el parque que estar pagando cinco euros por una copa en un bar".

Es un argumento que han sostenido miles de jóvenes desde hace más de dos décadas, cuando comenzó a hacerse habitual la práctica de beber en grupo en la calle ante el aumento de los precios de los locales de ocio nocturno.

Sin embargo, el cierre temporal de este sector y el inusualmente largo periodo de abstinencia que supuso para muchos jóvenes el confinamiento, ha hecho que los botellones de los últimos meses hayan sido más masivos que nunca.

Andrea Parrondo asegura que participa en botellones por una cuestión económica.
Andrea Parrondo asegura que participa en botellones por una cuestión económica.
Jorge Paris
"Me sale mucho más barato comprarme una botella en el Mercadona y bebérmela en el parque que estar pagando cinco euros por una copa en un bar"

"Para mí, es un espacio parecido a una discoteca, pero al aire libre. Igual no es tan guay porque no tienes el ambiente de la música y todo eso, pero es un espacio que compartes con gente y estas de fiesta al aire libre", declara Alejandra. "No es muy distinto".

La polémica en torno al riesgo de contagio de la Covid-19 en actos masivos sin medidas de seguridad y algunos episodios de violencia con la Policía han vuelto a situar bajo el foco mediático al botellón desde este verano.

"Después del confinamiento fui al famoso botellón de Ciudad Universitaria, era un poco locura porque no había medidas de restricción ni nada y la gente iba a liarla, pero los botellones a mi me parece que están normal", declara Andrea.

"Es importante tener presente que las personas jóvenes hacen a menudo un uso del espacio público distinto a lo de las personas adultas al no disponer frecuentemente de un espacio privado verdaderamente privado", señala Mecca. "El espacio público se vuelve el lugar donde desarrollar la vida social con los pares, en particular por la noche, cuando el control social se hace menos presente y los jóvenes gozan de una mayor libertad".

Alejandra Olías se autodefine como "introvertida" y admite que el alcohol le ayuda a socializar.
Alejandra Olías se autodefine como "introvertida" y admite que el alcohol le ayuda a socializar.
Jorge Paris
"A mí me pasa muchas veces que, en esos ambientes, no consigo pasármelo bien si no bebo alcohol como el resto"

¿Beben los jóvenes más que nunca?

La preocupación por un consumo de alcohol percibido como excesivo entre los jóvenes es un debate habitual, en realidad, desde hace décadas. Los datos estadísticos no reflejan un aumento en esta práctica, sino que las cifras señalan una continuidad en las costumbres alcohólicas de los jóvenes actuales con respecto a las de sus hermanos mayores y las de sus padres.

"El tema del que habla mucha gente de que puedes pasártelo bien sin beber alcohol, creo que es cierto y yo pienso que ojalá llegar a ese punto porque a mi me pasa muchas veces que, en esos ambientes, no consigo pasármelo bien si no bebo alcohol como el resto", declara Alejandra. "Soy una persona súper introvertida, me cuesta un montón hablar con gente que no conozco y (el alcohol) sí que me ayuda".

"Mucha gente lo hace para socializar, por ejemplo, me gusta una chica y dices: 'Voy a beberme esto para poder hablar con ella'. Para quitarte ese miedo, esa vergüenza", defiende, por su parte, Elías.

Elias Zaragoza admite que, con sus amigos, le resulta salir de los planes rutinarios.
Elias Zaragoza admite que, con sus amigos, le resulta difícil salir de los planes rutinarios.
Jorge Paris
"Mucha gente lo hace para socializar, por ejemplo, me gusta una chica y dices: 'Voy a beberme esto para poder hablar con ella'. Para quitarte ese miedo"

Carlota, por contra, asegura que nunca ha ido a un botellón, aunque sí consume alcohol: "Yo soy una chica super extrovertida y no necesito el alcohol para relacionarme, para ir a conocer gente ni para hablar con nadie, yo bebo alcohol porque me gusta no porque lo necesite para socializar con nadie ni para abrirme más ni nada de eso".

Según datos de la última Encuesta Sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España del Ministerio de Sanidad, un 58,5 de jóvenes de entre 14 y 18 años decían haber consumido alcohol en los últimos 30 días en 2018 frente a un 75,1% en 1994. La media de inicio del consumo de alcohol son, según este estudio, los 16,6 años, aunque estos cuatro jóvenes aseguran haberlo probado por primera vez varios años antes.

"Es lo mismo, los jóvenes llegan a una edad en la que tienen que relacionarse y, probablemente, el consumo puede oscilar, hay épocas en las que desciende más el alcohol y aumentan determinadas drogas, pero lo que vemos es que los más jóvenes no beben más", declara el sociólogo de la Universidad de Extremadura Artemio Baigorri.

"Eso va a estar siempre. Los jóvenes necesitan desinhibidores para soltarse y establecer relaciones, crear parejas y tener hijos el día de mañana", añade Baigorri.

En busca de una alternativa

Con los datos y los testimonios en la mano, es evidente que el consumo de alcohol es una costumbre arraigada en la cultura española y muchos jóvenes inician este hábito por mera imitación de sus referentes adultos. Por otro lado, la oferta de ocio con la que cuentan está, generalmente, orientada a beber alcohol.

"En muchas discotecas, por lo menos a las que he ido yo, tienes que entrar pagando 'x' copas de alcohol, yo no he visto ninguna posibilidad de que si no bebes alcohol puedas entrar", declara Carlota.

Carlota asegura no haber ido nunca a ningún botellón, aunque sí bebe alcohol.
Carlota asegura no haber ido nunca a ningún botellón, aunque sí bebe alcohol.
Jorge Paris
"Yo soy una chica super extrovertida y no necesito el alcohol para relacionarme, para ir a conocer gente ni para hablar con nadie, yo bebo alcohol porque me gusta"

Cuando se trata de buscar planes distintos a una noche de fiesta y consumo de alcohol, los jóvenes se encuentran con dos barreras: la fuerza de la costumbre y la falta de dinero para llevar a cabo otros planes.

"Con mis amigos, decimos: '¿Salimos?'. Y ya sabemos a dónde vamos y a lo que vamos, nunca innovamos", cuenta Carlota. "Es lo que dice Carlota", responde Elías. "Normalmente bajamos, salimos, vamos a casa de un amigo o tomamos algo en una terraza, siempre es más o menos lo mismo".

Cuando quieren cambiar, Alejandra y sus amigas "van al centro, al Rastro o de compras", pero el dinero que gastan en el ocio nocturno acaba con sus exiguos ahorros disponibles para otras actividades: "A mí me gustaría, por ejemplo, ir a comer con mis amigas, es un plan que me haría mucha ilusión, lo propuse el finde pasado, pero como habíamos estado saliendo mucho de fiesta el mes anterior estábamos mal de dinero y al final no lo hicimos".

Para Andrea, ni siquiera entrar a un local de ocio nocturno es asequible: "Se han aprovechado mucho de la situación de las restricciones para cobrar mucho más dinero del que cobraban antes y no todo el mundo puede pagar ese dinero para salir de fiesta".  

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