La luz y los carburantes disparan la inflación al 5,5%, su máximo en casi 30 años, y lastran la recuperación

Un pescadero atiende a su clientela en el mercado de Triana (Sevilla)
Un pescadero atiende a su clientela en el mercado de Triana (Sevilla)
EUROPA PRESS
Imagen de un supermercado.
LA GULATECA

Los elevados precios de la energía y los carburantes pesan cada vez más en el bolsillo de los hogares españoles y amenazan con lastrar la vigorosa recuperación económica tras la crisis pandémica. Este jueves el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado su avance del Índice de los precios de consumo (IPC) para el mes de octubre, que refleja que los precios de los bienes y servicios de consumo más comunes para los hogares españoles se han encarecido un 5,5% respecto al mismo mes del año pasado. 

Esta cifra supera en 1,5 puntos porcentuales el dato de septiembre y supone el mayor encarecimiento de los precios de consumo en términos interanuales en casi treinta años. La última vez que la inflación marcó una cota más alta fue en octubre de 1992 cuando ascendió al 5,8%.

Aunque el instituto estadístico no ha publicado aún cifras concretas sobre qué productos se han encarecido más -algo que hará en el mes de noviembre- si ha avanzado que los principales disparadores del encarecimiento del consumo son las subidas en el precio de la electricidad y en menor medida los carburantes y lubricantes para vehículos personales, dos partidas que en septiembre ya reflejaban una inflación del 44% y el 21,2% respectivamente. 

A la electricidad y los carburantes se suma también el gas, un producto que no aparecía entre los principales disparadores de la inflación en el avance de septiembre. Esto puede ser un reflejo del importante incremento de los precios en el mercado mayorista que ha experimentado este bien en el último mes. En octubre, el gas promedió los 83,6 euros el megavatio hora (€/Mwh) de precio diario, mientras que en septiembre el importe ascendía, de media, a 59,4 €/Mwh, una diferencia del 41%.

Además del encarecimiento de los productos energéticos, otro de los factores que explican en parte el repunte de la inflación es el desplome de los precios registrado en octubre de 2020, una caída algo más pronunciada que la de septiembre. Aquel mes el IPC se situó un 0,8% por debajo del nivel del año anterior, mientras que en septiembre de 2020 la caída fue del 0,4%.

La crisis energética -que tanto los mercados de futuros de electricidad y gas como la mayoría de analistas apuntan a que se extenderá, al menos, hasta la primavera de 2022- está empezando a afectar cada vez más a otros bienes de consumo. Prueba de ello es que la inflación subyacente se sitúa ya en el 1,4%, una cifra cuatro décimas superior a la de septiembre y que no tiene precedentes desde julio de 2017.

La inflación subyacente -que se calcula igual  que el IPC general pero descontando los precios de la energía y de los alimentos no elaborados- refleja con mayor precisión el encarecimiento estructural del consumo, dado que excluye del cálculo los componentes más volátiles.

Un problema global

El repunte de los costes de la energía se ha convertido en un problema global que está afectando a la recuperación económica mundial. La escasez de reservas de gas -una fuente de energía clave en la generación de electricidad- se suma a otros problemas derivados de la pandemia y el repunte de la actividad.

A medida que las restricciones obligadas por el coronavirus se han ido aliviando, la demanda mundial se ha disparado, pero las empresas se están encontrando con problemas importantes para atenderla. Al aumento de costes que ha supuesto la crisis de la energía hay que sumar también el encarecimiento y la escasez de ciertas materias primas clave como los semiconductores, algunos metales o el papel, que está afectando a la producción industrial.

Por otro lado, los precios del transporte están disparados, en un contexto en el que las interrupciones que el coronavirus sigue produciendo en el funcionamiento normal del transporte marítimo y la escasez de camioneros  añaden más tensión a la cadena de suministros global.

Esta 'tormenta perfecta' de dificultades en el lado de la oferta no muestra señales de amainar en el corto plazo, lo que pone en riesgo a la temporada de gran consumo navideño, cada vez más próxima. En el caso de España las proyecciones macroeconómicas más recientes apuntan a que esta conjunción de factores ya está afectando a la recuperación de la economía. Las publicadas por Funcas el miércoles anticipaban que el PIB nacional crecería seis décimas menos de lo previsto hace tres meses solo por estos factores. 

Aunque el peso de la industria en la economía española no es tan destacado como en otros vecinos de su entorno, el encarecimiento del consumo no es una cuestión baladí. Según coinciden los principales analistas, la recuperación económica española tanto para este año como para el próximo vendrá impulsada principalmente por la demanda interna, que depende en última instancia del consumo de los hogares.

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