La salud mental de los niños en pandemia: de la alegría por estar más en familia al pánico al coronavirus

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Un profesor toma la temperatura a un alumno antes de entrar al colegio.
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La pandemia ha golpeado emocionalmente a todos los grupos de población. A todos, incluidos los niños, entre los que la Covid ha dejado muchos temores. El mundo pasa por la peor crisis sanitaria del último siglo y ellos no son ajenos a todo lo que eso ha provocado.

Ainhoa Uribe es psicóloga, especializada en terapia infantil y juvenil, y en los últimos meses ha visto cómo a su consulta han llegado menores, sobre todo de entre ocho y diez años, con muchos miedos: "Miedo a la enfermedad, a salir, al toque de queda... Tenemos el caso de un pequeño que si estaba en la calle cuando empezaba a oscurecer entraba en pánico. O el de otros que han sufrido ataques de ansiedad cuando un extraño, como puede ser un fontanero, ha tenido que entrar en casa".

Al poco tiempo de ser decretado el confinamiento domiciliario en marzo de 2020, desde Aitta, el centro que esta terapeuta coordina, lanzaron una encuesta entre varios progenitores. Su objetivo era conocer si el encierro estaba afectando a la salud mental de sus hijos y en aquel primer momento se encontraron con reacciones muy positivas: "Los niños pasaron de estar ocho horas en el cole y de tener padres que trabajaban mucho y a los que veían poco a estar constantemente con ellos. Eso les vino bien".

A medio y largo plazo sin embargo las circunstancias cambiaron. Los adultos se vieron agobiados por el teletrabajo, la inseguridad laboral, los contagios, la preocupación por los más mayores... y los niños pasaron horas delante de las pantallas y recibiendo un incesante bombardeo de información sin capacidad de entenderla ni de relativizarla. Ser considerados inicialmente como 'supercontagiadores' tampoco les benefició. "Como en todo este proceso, ha influido mucho cómo la familia ha abordado la cuestión y qué explicaciones le han dado a los niños. Pero sí tenemos a alguno al que los compañeros le han dicho que él tenía la culpa de que su abuelo hubiese muerto y le han hecho algo de bullying con eso", apunta Uribe.

De esta forma, las situaciones de estrés se incrementaron y con la desescalada creció la cifra de familias con necesidad de ayuda profesional. Esa ayuda la han solicitado padres que han visto que su hijo se ha ido apagando, que ha perdido su vida social, en definitiva, que su estado emocional ha ido empeorando de forma permanente.

Ainhoa Uribe, psicóloga y coordinadora del centro de psicología infanto juvenil Aitta.
Ainhoa Uribe, coordinadora del centro de psicología infanto juvenil Aitta.
Jorge París

Pero la pandemia también ha incrementado la conciencia entre los propios menores de la necesidad de lanzar un SOS. La psicóloga señala que cada vez se encuentran con más niños que cuando sus padres no saben cómo consolarlos apuntan hacia dónde recurrir: "Tal vez no con la palabra psicólogo, pero sí con la idea de buscar a alguien que les ayude a salir del pozo".

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