Cuatro décadas de divorcio legal y de cambio de valores en España: "Me arrepiento de no haberlo hecho antes"

Una pareja camina por la calle, en una foto de archivo.
Una pareja camina por la calle, en una foto de archivo.
Jorge París
Una pareja camina por la calle, en una foto de archivo.
Jorge Paris

En 1969, España ganó por segunda vez consecutiva Eurovisión, las universidades vivieron una oleada de protestas en plena dictadura que culminó con un estado de excepción, se cerró la valla que rodea a Gibraltar y Charo -nombre ficticio- se casó con el hombre con el que compartiría 32 años de su vida.

"Al principio teníamos la ideología más o menos iguales, pero luego empezamos a ir cada uno por un lado, completamente. Él empezó a hacerse muy derechoso y yo muy izquierdosa y llegó un momento que era inaguantable", declara Charo, que cumple 80 años en noviembre y lleva 20 años separada.

El divorcio se legalizó en España hace 40 años, cuatro décadas en las que la sociedad española ha cambiado radicalmente, incluida la visión general sobre el significado de familia y las rupturas matrimoniales. En este tiempo, el número de procesos de separación y divorcio protagonizó un vertiginoso crecimiento hasta el año 2006, cuando alcanzó su pico, seguido de una estabilización en los datos.

Blanca González, divorciada: "Él se ha quedado todo, todo. Me quería dar una miseria"

También ha aumentado el porcentaje de divorcios firmados por mutuo acuerdo -inicialmente, una minoría- y la custodia compartida de los hijos, que se sitúa ya por encima del 40%. Todos estos elementos configuran un modelo que ha llevado a España desde el sistema patriarcal anacrónico anclado por el franquismo hasta un contexto similar al del resto de países europeos, incluso con una tasa de divorcio superior a la media de la UE.

Evolución del total de separaciones y divorcios desde 1981.
 
 

"Hay que aguantar por los niños"

"España se caracteriza, por un lado, por tener matrimonios que han durado mucho tiempo, más de 20 años, al mismo tiempo que tiene una proporción comparativamente alta de los que duran menos de cinco años", explica Gerardo Meil, catedrático de sociología de la Universidad Autónoma de Madrid.

"Esa tendencia a la dispersión en ese proceso yo creo que esta relacionado con el hecho de que cada vez hay mayor presencia dentro de los matrimonios que rompen de población de más de 55 años", explica el sociólogo, que vincula esa tendencia a alargar lo inevitable a la aún extendida percepción de que "hay que aguantar por los niños".

Cuando Charo dio el pasó de divorciarse, el menor de sus tres hijos tenía ya 22 años y admite que sus vástagos eran lo único que mantenía en pie un matrimonio que llevaba años roto. "Entre que pensábamos ya de distinta manera, él había cambiado tantísimo, yo también, no coincidíamos en casi nada... yo decía: '¿Qué hago con este hombre?'. No había nada que nos uniera. Solo los niños".

"No coincidíamos en casi nada... yo decía: '¿Qué hago con este hombre?'. No había nada que nos uniera. Solo los niños"

Mónica Royuela, por su parte, estuvo cinco años casada, aunque la decisión de divorciarse la tomó año y medio antes. "Él tenía una empresa familiar y cuando tuvimos a los nenes decidimos que yo me quedaba en casa. Al principio muy chulo, pero se van cogiendo unos vicios que no molaban. Al final dependía tanto económicamente de él que era horrible", explica esta valenciana de 46 años.

"El 31 de marzo de 2019 se lo dije, que no me encontraba bien y que me quería separar. Para él fue un jarro de agua fría, no se lo esperaba, aunque yo pensaba que estaba claro", recuerda Mónica. 15 días después, sufrió un accidente grave que le dejó meses de baja y le obligó a aparcar el divorcio. Después, llegó el confinamiento y, finalmente, pudo firmar el divorcio y marcharse de casa en el verano de 2020. "Me arrepiento de no haberlo hecho antes, pero tengo a mis dos hijos y doy la vida por ellos. Yo no quiero tener nada de relación con el padre".

De la prohibición al divorcio 'express'

La Ley 30/1981, aprobada el 7 de julio de ese año, legalizaba el divorcio en España por primera vez desde que la ley del periodo republicano fuera abolida por el franquismo en 1938, aún en plena Guerra Civil.

Aquella primera ley de los años 30 estuvo incluso adelantada a su época, por lo que pocos matrimonios se rompieron en una España aún tremendamente tradicional y católica. Los vientos de cambio empezaron a soplar en los años 60, pero miles de matrimonios ya rotos de facto tuvieron que esperar hasta el 81 para poder oficializarlo.

"La posición de la Iglesia y los movimientos conservadores llevó al establecimiento de un divorcio en dos fases que estaba alejado de lo que es la práctica en otros países europeos: exigía un año antes de separación efectiva y obligaba a una separación legal previa vía juzgado", explica el profesor Meil.

"La posición de la Iglesia y los movimientos conservadores llevó al establecimiento de un divorcio en dos fases que estaba alejado de lo que es la práctica en otros países europeos".

Este modelo explica que el número de separaciones fuera superior al de divorcios hasta el año 2005, cuando, bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se introdujo la definitiva reforma de esta ley -conocida como, el divorcio express-, que excluía la necesidad de una separación previa y otra serie de requisitos y que, en la práctica, sirvió para agilizar el trámite. El número de divorcios, no obstante, ha descendido desde entonces.

Los cambios legales han ido sucediéndose a medida que se producía un cambio también cultural sobre el divorcio. "Inicialmente, como había una concepción todavía tradicional de buena parte de la población, el divorcio se concibe en términos de una mancha y un fracaso en la relación familiar y la evolución fue bastante lenta", explica Meil.

El auge de la custodia compartida

Carlos Herráiz ha dedicado buena parte de su vida a reivindicar el derecho a la custodia compartida. Se casó en 1991 y se divorció tan solo un año después, con un bebé de nueve meses cuya custodia fue concedida a la madre, como en la práctica totalidad de los casos hasta hace apenas cinco años.

"Fue algo traumático porque de la noche a la mañana perdí a mi hijo", declara Herráiz, que asegura que su exmujer incumplió el régimen de visitas y no le permitió ver a su hijo durante tres años sin que él pudiera hacer nada. "Yo no volví a ver a mi hijo jamás, lo vi durante un periodo de tiempo, pero luego jamás, aunque he estado pagando la pensión hasta que tenía 27 años".

"Yo no volví a ver a mi hijo jamás, lo vi durante un periodo de tiempo, pero luego jamás, aunque he estado pagando la pensión hasta que tenía 27 años"

Tras esta experiencia, Herráiz estudió Derecho y actualmente se desempeña como abogado de familia y es, además, el presidente de la Asociación de Padres Separados. "Esto es un tema en que el legislador está mirando para otro lado y seguirá habiendo problemas mientras no se haga una ley de divorcio que se haga con unos condicionantes iguales para ambas partes", opina este madrileño. "A una persona, sea hombre o mujer, no se le puede prohibir el régimen de visitas con su hijo. Pasas a ser un monedero que es como me he sentido en estos años, alguien que paga y calla".

La custodia maternal ha sido la opción designada por los juzgados en más de un 80% de las ocasiones desde la aprobación de la ley del 81 hasta 2012, cuando empezó a cambiar la tendencia. Actualmente sigue siendo la opción más habitual, aunque la custodia compartida viene ganando espacio año a año hasta llegar al 41,4% en 2020, el último en el que hay datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

La custodia compartida viene dándose cada vez más desde comienzos de la pasada década.
 
  

"Cuando se hizo la ley del divorcio del 81 estábamos en una situación social en la que no todas las mujeres estaban incorporadas al mundo laboral y la madre era la cuidadora primaria de los niños", explica Oscar Martínez, abogado de familia y vocal Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA).

"Esto ha ido evolucionando con la incorporación al mercado laboral de la mujer y el reparto de los cuidados de los niños y se traduce en que, cuando la pareja se divorcia, mantiene estos hábitos de crianza anteriores a la separación", añade Martínez.

En 2013, el Tribunal Supremo sentó doctrina al respecto, sentenciando que "la custodia compartida debe ser lo normal y no lo excepcional", lo que explica, en buena medida, el cambio de tendencia que se experimentó en ese momento. La sentencia del TS supone, para Martínez, "una modificación que ha ido acorde a los cambios sociales".

Resoluciones por mutuo acuerdo

El otro gran cambio que ha experimentado el divorcio en España durante los últimos 40 años ha sido la forma en la que se resuelve. Si durante las primeras dos décadas de vigencia de la ley la mayoría de los procesos se resolvían de forma contenciosa, desde el cambio de siglo, se ha ido imponiendo una resolución por mutuo acuerdo entre las partes -actualmente, supone más del 60% de los casos-.

Las resoluciones por la vía contenciosa de divorcios y separaciones fueron mayoritarias durante las dos primeras décadas de la ley.
 
 

"Antes el divorcio era fundamentalmente causal, había que demostrar en el juzgado que tenías derecho a divorciarte por algún motivo. Al tener que demostrar una causa, llevaba más al enfrentamiento", explica el abogado Martínez. "Cuando desaparece eso con la ley de 2005, cualquiera puede acudir a un juzgado sin una causa, lo que provoca que pueda haber más acuerdo".

Para llegar a esta solución consensuada, los abogados de ambas partes pueden negociar un acuerdo o bien, los dos cónyuges que buscan el divorcio pueden acudir a un proceso de mediación. Esto consiste en que un jurista externo les ayude a alcanzar un acuerdo que sea ratificado posteriormente por el juez. La solución mediada, sin embargo, no siempre satisface a ambas partes a medio plazo.

Tras dos años de convivencia, Blanca González, que ahora tiene 59 años y entonces tenía 30, se fue a vivir con el que sería su futuro marido a una nueva vivienda que él compró en Valencia. Él era trabajador ferroviario, ella, ama de casa y ocasionalmente trabajaba limpiando otras casas. Tras 15 años de matrimonio en el que habían tenido dos hijos, la situación se hizo insostenible y optaron por divorciarse.

"Yo pensaba que cuando íbamos a divorciarnos iba a ser de la mejor manera para los dos, de manera equitativa", explica González. Ambos acudieron a una abogada que les ayudó a llegar a un acuerdo que presentaron ante el juez, pero, finalmente, ella se sintió estafada.

"Él se ha quedado todo, todo. Me hizo la bicicleta porque resulta que buscamos una abogada hermana de su amigo y ocurrió lo que menos me imaginaba, porque hemos tenido muchas broncas y la relación no funcionaba, pero yo he ido siempre de buena fe. Como fuimos de mutuo acuerdo y por ahorrar gastos yo me fié, pero, cuando me presentó la propuesta de gananciales, me quedé bloqueada. Me quería dar una miseria", declara González.

"Tuve tres intentos de suicidio porque, de verdad no me creía lo que estaba pasando ni me parecía justo. Me tuve que poner en manos de un psicólogo porque estaba llena de rabia, de dolor, de todo...".

"Cuando me presentó la propuesta de gananciales, me quedé bloqueada. Me quería dar una miseria"

El riesgo de que el mutuo acuerdo finalice de forma no satisfactoria por ambas partes no debería ser alto cuando ambas están bien asesoradas, pero, cuando ocurre, se puede iniciar un largo y complejo proceso judicial.

"Si el acuerdo no está aprobado por el juez, se puede firmar otro acuerdo o se puede ir al contencioso, pero si ya existe una sentencia te tienes que ir a un procedimiento totalmente nuevo y ahí tienes que demostrar que las circunstancias que existían cuando firmaste el acuerdo han cambiado", explica Óscar Martínez, de AEAFA.

Un nuevo comienzo

Tras 40 años de divorcio legal en España, las catastrofistas previsiones de los más agoreros, que anunciaban el fin de la familia tradicional, se han mostrado exageradas. El número de rupturas se ha estabilizado en la última década, no solo en números absolutos, sino también en proporción a la población total.

La familia nuclear biparental sigue siendo, a pesar de todo, el modelo más habitual en España y el divorcio ha permitido a miles de personas rehacer su vida formando nuevas parejas o en soledad.

"Ni me apetece tener pareja, ni quiero ni se me pasa por la cabeza, me apetece estar sola estoy super a gusto, hago lo que me da la gana cuando no tengo a mis hijos", declara Mónica Royuela, la valenciana que tuvo que posponer su divorcio por un accidente y el confinamiento y que ahora se considera desengañada de "los mitos del amor romántico".

Carlos Herráiz sí volvió a tener pareja y tuvo otra hija, que ahora tiene 26 años. "Los hijos del segundo matrimonio se vuelven muy ásperos con los del primero", declara Herráiz. "Sobre todo cuando ven que eres un buen padre y se sienten sorprendidos. Mi hija me decía: 'Si eres un currante y un padrazo, no entiendo yo de dónde viene esa inquina'".

Charo, por su parte, también se ha mantenido soltera, aunque no tanto por convicción como por no haber encontrado a una persona adecuada. "No he vuelto a tener pareja, he tenido alguna relación así un poco de verme con alguien, algún amigo que tengo de toda la vida y, como dicen mis amigas, he tenido ‘desayunos de trabajo'"', declara entre risas. "Pero pareja y tener una relación, no. La verdad es que no me habría importado, pero ya, con 80 años, a ver a quién encuentro ahora…". 

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