Sánchez une al PSOE, se presenta como heredero de González y Zapatero, y reivindica su patriotismo ante las bases

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en la clausura del 40º Congreso Federal socialista.
El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en la clausura del 40º Congreso Federal socialista.
EFE

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cerró este domingo el 40º Congreso Federal de los socialistas, un cónclave del que el partido sale unido, orgulloso de su historia y con una nueva dirección política para encarar el ciclo electoral de 2023. En la clausura, Sánchez presumió de una organización cohesionada, se presentó como heredero de la tarea de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, y reivindicó la centralidad y el patriotismo de la socialdemocracia, que quiere rearmar con promesas concretas como la derogación de la reforma laboral y la abolición de la prostitución.

La jornada arrancó con los resultados de la votación de la Ejecutiva y el resto de órganos federales. En la nueva cúpula de Ferraz entran seis ministros –entre ellos, Félix Bolaños, hombre clave en esta etapa–, siguen Santos Cerdán en organización, Adriana Lastra como vicesecretaria y Cristina Narbona como presidenta, y entran valores en alza como Felipe Sicilia –nuevo portavoz– o Andrea Fernández –nueva responsable de Igualdad–. La dirección, más amplia de lo esperado –supera los 40 miembros–, logró un 94,9% de los votos, 25 puntos más que la de Sánchez en 2017 y 15 más que en 2014. "Has conseguido de la unidad. Hoy vemos cumplido el verso de la Internacional que dice 'agrupémonos todos'", le dijo Ximo Puig, que presidió el Congreso.

En esa misma línea arrancó el discurso de Sánchez para clausurar lo que calificó de "pedazo de Congreso". Una intervención en la que reivindicó su acción de gobierno como palanca para la superación de lo peor de la pandemia, un "éxito colectivo" fruto del esfuerzo de "los españoles y las españolas" y que constituye un "orgullo de país". Porque España, dijo, lidera la vacunación y "consolida" la recuperación económica, y porque tiene ante sí una "extraordinaria oportunidad" de "avanzar aún más" gracias a los fondos europeos. "Y avanzaremos más", agregó, con la derogación de la ley mordaza, de la reforma laboral y de la prostitución "que esclaviza a las mujeres". "Ese es nuestro compromiso".

Sánchez reivindica la historia del PSOE

Pero si algo destacó a lo largo de una hora de intervención fue la constante reivindicación del legado de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, y su identificación como heredero de su tarea de gobierno. El giro es notable. Hace cuatro años, Sánchez era el líder que había derrotado al aparato en las primarias contra Susana Díaz y revolucionó el PSOE; ahora, el presidente ha hecho las paces con el pasado del partido porque todo suma de cara a 2023. "El PSOE es un partido unido, abierto, plural, democrático, que debate en libertad", presumió, después de que González pidiera un día antes defender la "libertad de expresarse críticamente". Sánchez insistió en la unión de "varias generaciones de socialistas", celebró un fin de semana de "unidad y avance", y prometió continuar el trabajo de los anteriores presidentes y de los "padres fundadores" del partido.

También defendió su patriotismo, cuestionado por la oposición, que le reprocha sus alianzas con formaciones nacionalistas e independentistas y decisiones como los indultos. A las puertas del décimo aniversario del alto el fuego definitivo de ETA, Sánchez afirmó que "cuando la derecha usa el terrorismo contra el Gobierno se degrada", y en relación a Cataluña, afirmó que "cuando otros se hayan cansado de odiar", el PSOE seguirá avanzando en "diálogo y convivencia". "Los que se arrogan el título de verdaderos españoles nos acusan de querer romper España (...), pero cuando acusaron de malos patriotas a Felipe González y Zapatero, yo creí a Felipe González y Zapatero, porque si hay un partido que ama a España, ese es el PSOE", proclamó.

Sánchez aprovechó la ocasión para criticar a la ultraderecha, que "quiere el poder sin democracia", y a la "derecha tradicional", que ve "contaminada" por Vox y "desconcertada" ante su ascenso. Así, reprochó a Casado que se niegue a "cumplir la Constitución en su totalidad" y por su cerrazón ante propuestas como modificar la Carta Magna para retirar la expresión "disminuidos" y reemplazarla por la de "personas con discapacidad". Frente a esa actitud que critica la "legitimidad" del Gobierno, dijo Sánchez, el PSOE considera a sus "adversarios" tan "españoles" como a sí mismo, y le reconoce "el mismo derecho a gobernar".

Giro al centro

El Sánchez de 2021 también quiere recuperar el centro, o la centralidad en el tablero político español. Para el Congreso Federal de 2017, en plena resaca de la dura competición con Podemos, eligió como lema "somos la izquierda". Para este, "avanzamos". En su intervención lo expresó sin rodeos, al presentar al PSOE como el partido de la "estabilidad y la centralidad", y reivindicó que, pese a sus "errores", ha logrado "preservar el papel de la socialdemocracia en España", a la que muchos daban por "liquidada" y que a su juicio goza ahora de "salud de hierro". Un partido que encarna "el feminismo, el ecologismo, la igualdad y la dignidad", apuntó.

Esa buena salud de los socialistas en España forma parte, explicó, de una suerte de momento socialdemócrata en Europa que deriva de la pandemia. La crisis del coronavirus, razonó, ha puesto en valor lo público. "En marzo de 2020 había dos caminos, el sálvese quien pueda o el camino de la socialdemocracia, el amparo de lo público (...) y las sociedades europeas estamos haciendo una apuesta rotunda por la socialdemocracia", zanjó. 

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