La droga ya ni siquiera se esconde en Lavapiés: "La calle es suya, literalmente"

Un joven se fuma un porro en la plaza de la Corrala (Lavapiés), uno de los principales focos de trapicheo de droga de la capital.
Un joven se fuma un porro en Lavapiés, uno de los focos de trapicheo de Madrid.
JORGE PARÍS

La Calle Cabestreros se ha convertido en el lugar de encuentro y consumo de multitud de adictos que dejan la calle llena de basura, en Miguel Servet hay un pequeño fumadero en el que se reúnen drogodependientes para inhalar sustancias de una pipa, y en el Parque de Ministriles ya no hay niños porque traficantes y consumidores han invadido el espacio para los más pequeños.

Los vecinos del barrio de Lavapiés de Madrid están hartos de vivir día a día estas situaciones. Llevan años denunciando los problemas de insalubridad y narcotráfico, pero, según ellos, las instituciones no toman medidas y el abandono del barrio ha llegado a un punto inaguantable: "Ya en cualquier plaza del barrio te ofrecen droga sin ningún problema", cuenta a 20minutos Begoña Sebastián, presidenta de la Plataforma del Barrio de Lavapiés.

Fuentes del Sindicato Unificado de Policía dicen a este medio que no les consta que haya un crecimiento de consumo o narcotráfico en la zona, que, simplemente "siempre ha sido un barrio polémico en cuanto a la droga y el menudeo". Pero los vecinos tienen otra percepción: "Estamos notando un repunte de los drogodependientes y cuando hay repunte es porque se está vendiendo heroína o algo más fuerte que eso", explica Begoña Sebastián.

Sin embargo lo que preocupa no es tanto el aumento del consumo de droga sino, precisamente lo que reportan los agentes, que en Lavapiés siempre hay y que no se soluciona: "Ya llevamos bastantes años con consumo y tráfico de drogas, años en los que se denuncia pero nadie acaba de resolver el problema", cuenta Begoña. "Y el barrio está ya muy caliente, hay una sensación de impunidad increíble", apoya J.P., otro vecino de Lavapiés que prefiere ocultar su nombre por miedo a las represalias que suponen denunciar esta situación.

"Todos los días ves a varios consumiendo"

Según cuenta la presidenta, la droga está "en todas las plazas del barrio". "La calles es suya, literalmente", explica J.P. a 20minutos refiriéndose a los adictos. Este vecino pone el ejemplo de lo que pasa en Cabestreros, su calle: "Todos los días ves a varios que están consumiendo. Colocan contenedores de la basura del portal a los lados a modo de trinchera. Pero el consumo es diario, y, a veces, con patrullas de policía pasando de largo".

Y no es el único que ha denunciado este menudeo en la calle Cabestreros. En las redes de la plataforma del Barrio de Lavapiés, otros vecinos se quejan de que estos adictos consumen en plena vía pública para luego dejar las jeringuillas y las papelinas tiradas por la calle, que hacen sus necesidades en cualquier pared y que acaban rebuscando en la basura para dejar toda la suciedad esparcida por el suelo. 

Sebastián reconoce que la Policía sí ha llevado a cabo múltiples intervenciones, y eso ha acabado con un buen puñado de narcopisos, pero "aún tenemos conflictos con los pisos que son del Ayuntamiento y de la Comunidad". Y el problema ya no es el tráfico de drogas, es todo lo que trae con ella: "Nunca trae nada bueno, solo suciedad, inseguridad y conflictos vecinales", asegura Sebastián.

"Los niños ya no van al parque por el trapicheo"

Uno de estos conflictos está en la Plaza de Ministriles. Sintecho y drogadictos se han instalado allí y el parque infantil que ocupa la mitad del espacio se ha quedado vacío, ni un niño se atreve acercarse porque la droga, el menudeo y la suciedad lo han ocupado todo: "Los niños ya no van allí, porque esta gente trae el trapicheo con ellos. Además mean en la calle, tienen una de las esquinas hecha un asco", cuenta a 20minutos Lucía, vecina de esta misma plaza. 

Muchas de estas personas sin hogar son precisamente drogodependientes que no se quieren ir a dormir lejos del punto de venta de sus dosis y que, cuando no la consiguen, causan problemas a los vecinos: "Yo, con mis ojos, he visto mendigos poniéndose agresivos al pedir por las calles y he oído que están aumentando los robos en las casa", asegura J.P., preocupado por la creciente inseguridad que estas personas están causando en el barrio.

Y Lucía lo confirma: "En Ministriles, hay un sintecho que lleva varios años gritando, provocando a los vecinos, amenazando, diciéndoles cosas a las mujeres que pasan por allí, todo a grito pelado.  Es constante, no se puede vivir". La molestia es tal, que vecinos de 38 comunidades se organizaron para ir a los servicios sociales: "Dicen que si él no quiere ayuda no hay nada que hacer y como él dice que es muy feliz así, emborrachándose y con la marihuana, y que los que tenemos el problema somos nosotros, nadie hace nada", asegura esta vecina.

"La Policía lo único que puede hacer es quitarle el alcohol o la droga y, según el lío que haya montado, llevárselo unas horas. No le ponen multas porque saben que no va a pagarlas y eso solo es más papeleo para los agentes", cuenta Lucía que dice a este medio que los vecinos están ya muy frustrados con esta situación y que tienen miedo "de que cualquier día, un vecino baje y se enfrente a él".

"El problema es que no se han activado los protocolos con estas personas que viven en la calle, no se les está prestando la ayuda necesaria", dice la presidenta de la Plataforma del Barrio de Lavapiés. "No queremos que estén en la calle porque queremos sacarles de esa situación, por su bien, pero para eso las instituciones tienen que intentar por todos los medios para que vayan a los centros, no mirar para otro lado". 

"Nos estamos acostumbrando a vivir con eso"

Y además de inseguridad, este constante menudeo de droga trae consigo insalubridad. "La basura se acumula en las calles, que son muy estrechas" y acaba impidiendo el paso a los vecinos, cuenta a 20minutos Sebastián. Se acumula porque, como cuentan estos vecinos, los drogodependientes hacen sus necesidades en la calle, rebuscan en la basura y dejan residuos, como papelinas y jeringuillas, en el suelo. Pero también por el abandono que denuncian de las instituciones

"Si tú ves que se vende droga, a personas con problemas de alcoholismo, que las calles se llenan de basura, que los locales tiran sus cajas a los contenedores, por lo que se llenan y los vecinos tienen que dejarla fuera, y que nadie hace nada respecto a todo esto...es la pescadilla que se muerde la cola", dice la vecina. "La sensación que tienen los vecinos es que nadie toma medidas, que no hay soluciones, y eso acaba cansando", dice Sebastián.

Problemas de salubridad en el barrio de Lavapiés
Problemas de salubridad en el barrio de Lavapiés
Plataforma del Barrio de Lavapiés

"El problema es que nos estamos acostumbrando a vivir con eso, a ver drogodependientes, a ver gente tirada en la calle, a ver gente con problemas de alcoholismo. Y eso no puede ser así", asegura Sebastián. "Hay que tomar medidas serias contra el abandono del barrio, porque es este abandono el que hace que se permita el menudeo, la suciedad...".

La gente se va del barrio: Lavapiés se queda sin sus vecinos

Porque sino se toman, cree J.P., pronto, muchos optarán por abandonar el barrio de Lavapiés: "Conozco a gente propietaria que quiere irse del barrio, gente joven que se compró su casa aquí y no puede mas". Es el tema de conversación en cada esquina del barrio: están hartos de la droga, de que todas las autoridades sean conscientes del menudeo y de su falta de acción.

"Ya ha habido un montón de personas que se han mudado, que abandonan sus casas, y los que están de alquiler no duran ni un año", confirma Lucía. De este tema entiende bien Ana, que lleva más de 40 años en el barrio, pese a las duras condiciones: "Hay mucho ruido, mucha suciedad, mucha venta de droga y una familia no puede vivir aquí, los alquileres no duran nada. Así que, un propietario,  ante el problema de que le okupen el piso, decide hacerlo alquiler turístico". 

Y eso lleva, según Ana, al siguiente problema del barrio, "la gentrificación y la turistificación, la pérdida de vecinos en favor de estos pisos turísticos". Y todo el barrio se está adaptado a estos turistas: "Todo son grandes comercios porque es allí a donde van los turistas, no hay centro de salud, ni polideportivo, ni mercado de abastos, todo son bares y hostales", cuenta esta vecina.

"Se combina la droga con el turismo en el mismo edificio"

"Este modelo de ciudad no es para las familias, no es para personas normales y corrientes, es para el turismo", asegura Ana a 20minutos. Y, eso, se puede ver perfectamente en el precio de los alquileres. Según los vecinos, un piso de 30 metros puede costar en torno a los 850 euros. "Y eso no lo puede pagar uno solo o una pareja normal. Lo alquilan dos familias de once o doce persona que se turnan, y mientras unos trapichean con la droga en la calle otros duermen", dice Ana.

Así, dice esta vecina, en el mismo edificio hay traficantes y pisos turísticos, "se combina la droga con el turismo". Por eso, al final, el vecino de Lavapiés es ahora "el que okupa, el que está en la calle, el que vende drogas", cuenta Ana, "pero porque no se hacen políticas para que los vecinos de verdad se queden".

"Hay que trabajar calle a calle y plaza a plaza"

Por todo esto, los vecinos, los que no están dispuestos a renunciar a su barrio castizo y multicultural de toda la vida, piden que las instituciones, el Ayuntamiento o la Comunidad, intervengan en el barrio y tomen medias definitivamente: "Que de una vez por todas las instituciones trabajen con los ciudadanos para saber los problemas reales del barrio de Lavapiés y para poner soluciones. No queremos grandes propuestas sino empezar a trabajar plaza por plaza y calle por calle", dice Begoña Sebastián.

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