A FONDO | El Reino Unido, ni contigo ni sin ti: ¿por qué ahora Londres exige rehacer el acuerdo del brexit?

El primer ministro británico, Boris Johnson, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Bruselas.
El primer ministro británico, Boris Johnson, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Bruselas.
OLIVIER HOSLET / EFE

Que el brexit es el cuento de nunca acabar es un hecho. Cuando pensamos que la historia está cerrada siempre aparece un nuevo capítulo, un nuevo choque entre el Reino Unido y la Unión Europea. Esta vez ha sido de calado: el Gobierno de Boris Johnson ha decidido que saltase por los aires el pacto firmado hace solo diez meses y todo porque, según Downing Street, el Protocolo de Irlanda "no funciona" porque fue "redactado a toda prisa". Es la parte más compleja de todo el documento y por la que se rozó la salida sin acuerdo. Pero, ¿por qué la tensión se ha elevado hasta este punto?

¿Qué quiere ahora el Reino Unido?

"¿Qué le cuesta a la UE poner un nuevo protocolo en marcha? En nuestra opinión, muy poco". Bajo esa premisa Londres ha enviado a Bruselas una nueva propuesta para el Protocolo de Irlanda, que para el Gobierno de Johnson es el principal punto de desencuentro entre las partes. Y esa es la realidad. La relevancia de este asunto está en que la crisis de suministros que sufre el Reino Unido desde hace semanas podría encontrar la solución en una ruptura del Protocolo tal y como está.

Londres quiere que la supervisión judicial de la aplicación del tratado en la región por parte del Tribunal de Justicia de la UE. "No se trata únicamente del tribunal en sí mismo. Es el sistema mismo del que el tribunal es su vértice, un sistema por el que se aplican en Irlanda del Norte leyes sin ningún tipo de escrutinio democrático o de discusión", comentó el ministro del brexit británico, David Frost, que fue quien lanzó el nuevo órdago a la UE.

Según esta parte del documento, Irlanda del Norte se mantiene dentro del mercado único de la UE, por lo que la llegada de mercancías tiene que pasar una serie de controles aduaneros, toda vez que tanto ese territorio como el resto del Reino Unido forma parte de un tercer país. Esos controles aduaneros se han retrasado ya varias veces por parte del Gobierno de Johnson: estaba previsto que se pusieran en marcha el 1 de abril. La medida se pospuso entonces para el 1 de octubre, pero Frost anunció como nueva fecha el 1 de enero del próximo año. Bruselas ya lleva a partir de esos cambios con la mosca detrás de la oreja.

¿Por qué es tan importante el Protocolo de Irlanda?

El Protocolo de Irlanda es seguramente el punto más relevante del acuerdo del brexit. Si esto falla, se cae el pacto. El objetivo principal en las negociaciones siempre fue que la frontera entre las dos Irlandas fuera invisible, porque de lo contrario se vulnerarían los acuerdos de paz del Viernes Santo, firmados en 1998 para poner fin al conflicto irlandés. De hecho, ya los amagos de vulnerarlos que se han dado en los últimos meses desataron numerosos disturbios en Belfast.

Londres insiste en que Irlanda del Norte "no es territorio de la UE", sino que es responsabilidad británica preservar la paz y la prosperidad en el territorio, pero según lo firmado por Johnson en el acuerdo del brexit eso no es del todo real: la frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte es ni más ni menos que una frontera entre el Reino Unido y la UE. De hecho, según los datos, la región menos afectada por la crisis de suministros es Irlanda del Norte. ¿Por qué? Porque sigue siendo parte del mercado único comunitario.

¿Qué dice Bruselas?

La Comisión Europea no va a negociar. Ha propuesto, de forma generosa, salidas puntuales, pero el acuerdo no se va a volver a abrir. La premisa de Bruselas es que no se puede desandar lo avanzado, pues bastante costó cerrar el pacto sobre la bocina para evitar una salida dura. Al fin y al cabo fue Londres quien quiso salir de la UE apoyándose en el artículo 50 de los Tratados (la UE, en todo caso, no puede expulsar a un Estado miembro).

El vicepresidente de la Comisión responsable de las relaciones con Reino Unido, Maros Sefcovic, dejó claro en un discurso la semana pasada que la UE en ningún caso aceptará renegociar el protocolo existente, pero que sí hay voluntad por hallar soluciones "pragmáticas" que desbloqueen la situación.

Sefcovic, de todos modos, trató de ser empático y dice ser consciente de la necesidad de agilizar los trámites para el comercio entre el este y el oeste, de simplificar algunas medidas fitosanitarias y corregir los problemas de suministro de medicamentos de Gran Bretaña a Irlanda del Norte, así como cuestiones que afectan a los controles aduaneros.

La amenaza final de Londres es muy clara: el Gobierno británico insiste en que puede hacer uso del artículo previsto en el Tratado negociado entre la UE y Reino Unido para suspender las disposiciones del acuerdo marco de la relación mutua, de tal manera que, entonces sí, todo podría volver a la casilla de salida.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

En realidad nunca se ha abandonado del choque constante. ¿Y si Boris Johnson nunca ha querido respetar el acuerdo del brexit? O al menos no aquellas partes del mismo que más le podrían perjudicar. El Protocolo de Irlanda es una de ellas. Al Gobierno británico parece interesarle mantener las tensiones avivadas mientras sufre una crisis cercana al desabastecimiento: al menos en términos del relato Londres necesita echar las culpas a la Unión Europea. Este choque es solo uno más de tantos.

Y de fondo... Gibraltar

El último pulso británico ha coincidido en el tiempo con el cierre de la primera ronda de negociaciones que la UE y Reino Unido han mantenido para buscar un acuerdo sobre el marco de relaciones que los europeos establecerán con Gibraltar, territorio al que no se aplican las disposiciones del acuerdo del brexit.

De momento, los contactos solamente se están dando "a nivel técnico" entre los equipos negociadores con la vista puesta en alcanzar un acuerdo antes de que acabe el año, para lo que se han previsto al menos otras tres rondas (dos en noviembre y una en diciembre). Ahora, las tensiones que han revivido entre el Reino Unido y la UE pueden meter también en problemas esta parte de las conversaciones.

Las partes confían en una negociación sin grandes tensiones porque Madrid y Londres ya sentaron las bases del marco futuro en un pacto interino la pasada Nochevieja para evitar el caos posbrexit, si bien quedan asuntos delicados por definir, como el papel de la agencia europea de control de fronteras (Frontex) en el control de pasajeros y mercancías en el aeropuerto y puerto de Gibraltar.

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