Juan Pérez Floristán: "El piano no lo es todo para mí. Pero no porque sea poco, sino porque la vida es mucho"

  • A sus 28 años, ha ganado dos de los tres concursos de piano más importantes: el Paloma O’Shea y el Rubinstein. 
  • Ahora se prepara para su presentación en el Carnegie Hall de Nueva York, el próximo día 14.
El pianista sevillano Juan Pérez Floristán posa para '20minutos'.
El pianista sevillano Juan Pérez Floristán posa para '20minutos'.
JORGE PARÍS

Aparece con una camisa imposible que se acaba de comprar en Malasaña, un aro de plata en la oreja y unas zapas. La víspera tocó en Ferrol y ha dormido dos horas. Este sevillano flaco y nervioso que aparenta menos edad de la que tiene (28 años) es, ahora mismo, uno de los pianistas más importantes del mundo

Juan Pérez Floristán es el segundo español que gana el Paloma O’Shea (el primero desde 1978) y el único que ha logrado el Rubinstein. Diríase que solo le faltan el Oscar y el Nobel… ¿Qué le pasa a un chico de su edad cuando se ve con todo eso encima?

"Pues que hay partes de tu personalidad que se hipertrofian", dice; "adquieres mucha más seguridad, más aguante, muchas tablas. Maduras antes de tiempo. Pero eso tiene un precio. Y yo decidí que no voy a pagar ese precio. Para formar parte del star system no basta el talento, hay que querer hacerlo. Vivir en los aviones, ir saltando de teclado en teclado, dar noventa conciertos al año, convertirte en una máquina de tocar. Pues no, yo no quiero".

No hay más que ver sus vídeos o ir a sus conciertos para advertir que le encanta tocar el piano. "Claro que sí", salta, "es lo que más me gusta, es un subidón tremendo, algo casi erótico. Pero no lo voy a sacrificar todo a eso. Yo no toco todo lo que puedo sino lo que quiero, porque hay otras cosas que me apasionan. Y cuantas más cosas te gusten, más posibilidades tienes de ser feliz".

juan pérez floristán

  • Sevilla, 1993. De madre pianista y padre director de orquesta. Empezó a tocar a los 7 años. A los 16 entró en la Escuela Superior de Música Reina Sofía y a los 20 se fue a estudiar a Berlín. Ha ganado los concursos Paloma O’Shea y Rubinstein y ha actuado por todo el mundo. Toca también la batería. Le gustan el cine, los videojuegos y las novelas gráficas.

Da clases en la Academia Barenboim, de Sevilla. Interpreta música de cámara con sus amigos del Trío VibrArt. Hace teatro -está en dos grupos a la vez- y ya ha estrenado alguna obra. Escribe guiones para cine. Toca el cajón con sus colegas. Hace puenting. Ya ha saltado en paracaídas. Lo único que no hace es componer.

Fue un niño hiperactivo… y él dice que lo sigue siendo, no hay nada que no le interese. "Va a ser muy difícil que yo no encuentre algo que me haga feliz. Aparte del piano", sentencia. ¿Cómo puede ser que a un muchacho de su talento no le baste con el piano? "Pues no me basta. Pero no porque el piano sea poco sino porque la vida es mucho".

Estudió durante siete años en Berlín. Pero se volvió a Sevilla. En Berlín le esperaba un futuro esplendoroso, pero dijo que no: "Porque ya había terminado de estudiar. Por el clima. Porque estaba lejos de mis raíces y las raíces son fundamentales. Y por la comida, que es horrible, no sabe a comida. Para un pianista, o por lo menos para mí y para muchos más, Berlín es una ciudad de paso, pocos se quedan". 

Se lo piensa un momento y añade: "Yo no quería meterme en un bucle en el que pierda toda noción de quién soy. Ahora siento que soy un chaval sevillano, un poquito bohemio, que toca piano. En Sevilla está mi gente, mi pareja, mis amigos. Eso es tan importante como el piano".

El pianista Juan Pérez Floristán.
Estudió en Berlín y ha tocado por todo el mundo.
JORGE PARÍS

Ganó el Paloma O’Shea con un concierto de Rachmaninov -el segundo- en el que los nervios le hicieron sudar a chorros. Ganó el Rubinstein con una versión apenas conocida del 4º concierto para piano de Beethoven que descolocó al jurado, porque no la conocían. "Pero es auténtica, es autógrafa de Beethoven", dice el pianista, "así que una de dos: o me echaban a patadas o me daban el premio. Y me lo dieron", sonríe, ufano.

Y ahora el Carnegie Hall, nada menos. "Y nada más", replica él; "es un concierto más. Si yo pensase que es fundamental, significaría que los otros conciertos son menos importantes, y eso no es verdad. Hay que darlo todo siempre, lo mismo en el Carnegie que en Ferrol o en Soria. Del Carnegie no me da miedo el concierto; me da miedo la policía de fronteras de EE UU, que siempre te lo hace pasar muy mal. Pero el concierto no me asusta".

En su repertorio hay ya 35 conciertos para piano y orquesta, desde Mozart a Ligeti. Pero ya ha llegado a ese punto en que, sobre todo en los recitales, toda lo que le da la gana; no es fácil imponerle programas. Es cualquier cosa menos tímido o apocado: hay compositores a los que adora, como Schubert, Mozart o Bartok, pero sobre otros grandes maestros tiene opiniones terribles. "Quizá los años me hagan ver las cosas de otro modo. Seguro que sí, porque yo cambio muchísimo de opinión; creo que el día en que ya no cambias de opinión es que estás muerto".

¿Cómo se ve Juan Pérez Floristán con 70 años? "Pues ni idea. Pero feliz".

Mostrar comentarios

Códigos Descuento