El sufragio femenino: noventa años del discurso de Clara Campoamor

  • "Votáis con la mitad de vuestro ser incapaz", dijo la diputada en las Cortes ante 470 diputados varones y una mujer.
La política española Clara Campoamor.
La política española Clara Campoamor.
MašaBreznik / WIKIMEDIA COMMONS

La mujer no podía votar, ni tener una cuenta en el banco sin permiso de su tutor legal (el marido o el padre, por lo general). ¿En época de Franco? Sí. Y en la de Cánovas y Sagasta. Y en la Primera República de 1873 y en la Segunda, de 1931, salvo que hubo un breve paréntesis durante las elecciones de 1933. 

El memorable discurso de Clara Campoamor (Madrid, 1888 - Lausana, 1972), diputada de Madrid, ante las Cortes el primero de octubre de 1931, recién estrenada la República, fue el primer capítulo del sufragio femenino, suspendido de nuevo 40 años durante el régimen franquista. Paradójicamente, aunque el sufragio pasivo permitía a las mujeres presentarse como candidatas, no podían ejercer como votantes ante las urnas.

"Aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz", afirmó, recordando a los varones allí presentes -470 frente a una sola mujer, Victoria Kent- que no eran "hijos de varón tan solo", sino que en ellos se reunía "el producto de los dos sexos”. Ensalzó, además, la lucha femenina por la República. ¿Es que no había más hombres analfabetos que mujeres? ¿Es que, además de haber dos sexos, no somos todos ciudadanos? ¿Algún derecho natural nos deja al margen de las leyes?, decía.

A pesar de los obstáculos encontrados por la derecha y por la izquierda a lo largo de su carrera, trabajó también por conquistar el desempeño femenino de cargos públicos, la aprobación del divorcio o la regulación del trabajo de las mujeres y los niños. Este mes de octubre, editoriales, instituciones culturales y universidades celebran su legado.

Una mujer, un voto

La lucha por el voto femenino fue compleja. A la labor desempeñada en la tribuna y a los escritos de mujeres como Clara Campoamor se sumó la de trabajadoras anónimas que engrosaban las filas del colectivo obrero. 

La novela gráfica Una mujer, un voto (Garbuix Books, 2021) ilustra ese momento histórico a través de la historia de Mari Luz, una joven provinciana que llega a la capital a trabajar como cigarrera en la Real Fábrica de Tabacos en 1929, con la dictadura de Primo de Rivera, años en los que las mujeres, consideradas ciudadanas de segunda, perdían todos los derechos al casarse. 

Allí, junto con sus compañeras, adquiere conciencia de clase y pronto se une a la lucha sufragista. Cuenta a 20minutos Alicia Palmer, guionista del libro, que trataron de hacer un ejercicio de memoria histórica en el que la realidad y la ficción quedaron entretejidas con doble perspectiva de género. 

Ilustración de 'Una mujer, un voto'.
Ilustración de 'Una mujer, un voto'.
Montse Mazorriaga

"Por un lado, rescatamos del olvido la lucha obrera de un colectivo mayoritariamente femenino, como son las cigarreras, y por otro nos hemos apoyado en dos obras que dejó escritas Clara Campoamor: El voto femenino y yo: mi pecado mortal y La revolución española vista por una republicana. En ambas, la autora cuenta detalles de situaciones vividas en su día a día de activismo, y transcribe conversaciones (y discusiones) que mantuvo con personajes históricos como Azaña, Victoria Kent, Lerroux o Indalecio Prieto, entre otros. Sus lecturas nos han permitido reproducir escenas y diálogos históricos que no son imaginados o inventados, sino que nos llegan contados por una de las protagonistas".

La dibujante y diseñadora gráfica Montse Mazorriaga ilustra el cómic ambientado en el Madrid de principios del siglo pasado, un escenario en el que el activismo desde las fábricas y desde el Parlamento avanzan paralelos y se cruzan

"Clara Campoamor siempre estuvo vinculada a la mujer trabajadora, ella pudo dar voz a todas las necesidades de estas, ayudar gracias a su tesón y esfuerzo, defender en primera fila los cambios necesarios delante del Parlamento para así finalmente conseguir el sufragio. A su lado, apoyándose mutuamente, el movimiento sindical, con el que trabajó mano a mano, en charlas, conferencias, dando a conocer que la mujer trabajadora tenía derechos y tenía la capacidad de cambio. Entre unas y otras ya se había creado ese vínculo que actualmente llamamos sororidad", explica a este diario.

Palmer, que siempre ha vivido en el madrileño barrio de Embajadores, fundado alrededor de la Fábrica de Tabacos, ha podido ver cómo en sus calles se gesta un movimiento social que trabaja para poner en valor la lucha obrera y de género de las cigarreras. "Sus reivindicaciones no consistían solo en reclamar salarios justos. Exigían también mejoras de salubridad en un trabajo que generaba enfermedades profesionales y la necesidad de conciliar maternidad y el resto de tareas de cuidados por su condición de mujeres. En este aspecto, consiguieron, entre otras muchas cosas, cierta flexibilidad de horarios o la habilitación de una ‘casa cuna’ para facilitar la lactancia de sus retoños", dice la guionista.

Busto de Clara Campoamor en Madrid.
Busto de Clara Campoamor en Madrid.
LUIS GARCÍA / WIKIMEDIA COMMONS

Más allá del sufragio

La exposición itinerante El Voto Femenino en España se une a la conmemoración del 90 aniversario del sufragio femenino en España a través de una selección fotográfica que visibiliza el proceso de la conquista histórica, desde mediados del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo pasado. 

Una lucha por el afianzamiento de la ciudadanía femenina, no solo del sufragio activo femenino, sino también de otras cuestiones fundamentales "como la educación, la capacitación profesional y por supuesto, la igualdad jurídica, llave para todo los demás. Además, el movimiento sufragista consiguió aunar a mujeres de diferente signos políticos y clases sociales", cuenta a este diario Valle Parra, agente de Igualdad del Centro Municipal de Información a la Mujer, en Ginés (Sevilla), donde actualmente puede visitarse la muestra.

Balance positivo

Además del derecho al voto, durante la Segunda República se aprobaron otros laborales y civiles, el divorcio entre ellos. Sin embargo, con Franco toda aquella legislación fue anulada. 

"La dictadura supuso un retroceso de enormes proporciones para las mujeres, porque se restableció el Código Civil de 1889 que prohibía a las mujeres trabajar sin consentimiento de su marido, tener pasaporte, abrir cuenta en un banco, la pérdida de la nacionalidad si se casaban con un extranjero o regentar su negocio, es decir, la legislación convertía a la mujer en una menor de edad", explica la historiadora Matilde Eiroa San Francisco, quien ofreció en la Universidad Carlos III la ponencia Polémicas, avances y retrocesos de los derechos de las mujeres en la historia reciente

"Por lo tanto", explica, "en los casi cuarenta años de franquismo, las mujeres no solo no pudieron ejercer el derecho al voto -los hombres lo hacían en votaciones controladas a partir de los 21-, sino que quedaron supeditadas jurídicamente al marido, padre o tutor. La llegada de la democracia fue, en ese sentido, una gran liberación por cuanto supuso el inicio de la recuperación de algunas libertades conseguidas durante la República y la posibilidad de conseguir otros derechos básicos como la ciudadanía", concluye. 

Ya lo dijo Clara Campoamor en su discurso ante las Cortes: "La única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella".

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