LligamDona, entidad que acoge a mujeres sin hogar: "Lo más frecuente son casos de violencia machista"

  • La entidad dota de un espacio "de seguridad" a varias mujeres para evitar "que sigan cayendo en la espiral de exclusión".
  • "Quiero trabajar para coger un piso en el que mi hijo y yo vivamos solos y tranquilos", cuenta una de ellas.
  • LligamDona también ha puesto en marcha un programa para ayudar a 10 mujeres a encontrar empleo.
Una persona sin techo come en zonas exteriores de las instalaciones del hospital de campaña perteneciente a la parroquia de Santa Anna, en Barcelona.
Una mujer sin hogar en zonas exteriores de las instalaciones del hospital de campaña perteneciente a la parroquia de Santa Anna, en Barcelona.
David Zorrakino / Europa Press

"No tener un techo comporta que la espiral de exclusión, de pobreza, de dificultades y de vulnerabilidad se acelere muchísimo y que las posibilidades de salir de esta situación sean mucho menores". Con esta premisa trabaja LligamDona, una entidad catalana sin ánimo de lucro que acoge, acompaña, apoya y orienta a mujeres que no pueden acceder a una vivienda.

La directora técnica de la entidad, Meritxell Vegué, cuenta que LligamDona nació hace 30 años para ofrecer un espacio a las mujeres que salían de permiso penitenciario y no tenían adónde ir, con el objetivo de que este permiso fuera verdaderamente "de reconstrucción, de reinserción y de bienestar, y no de estar de nuevo en la calle". Y es que "el hecho de no saber dónde estarás durante el día hace mucho más difícil plantearte objetivos a más largo plazo".

Con el paso del tiempo, la organización comenzó también a acoger a mujeres que, pese a no haber pasado por el ámbito penitenciario, requerían de una solución residencial por su situación de exclusión social y, más adelante, añadieron también esta ayuda a mujeres víctimas de violencia machista, siendo ahora estos casos "los más frecuentes".

"Dotamos de un espacio de seguridad y de estabilidad a mujeres que les permita no seguir cayendo en la exclusión"

"Nuestro proyecto ya no era únicamente dar una salida digna a los permisos, sino dotar de un espacio de seguridad y de estabilidad a diferentes mujeres que les permitiera no seguir cayendo en la exclusión y en la pobreza y poder remontar y rehacer sus vidas", cuenta Vegué.

Para ello, la entidad dispone de una casa de acogida con profesionales durante las 24 horas, "que tiene un uso dirigido especialmente a situaciones de violencia machista, aunque no es el único", y también de dos piso de inclusión, en el que  hay atención profesional, pero no las 24 horas. 

En estos espacios, además de acoger a mujeres con dificultades para acceder a una vivienda, también acogen y acompañan a sus menores a cargo. "Mientras ellas se recuperan, sabemos que los niños y los adolescentes a su cargo también tienen sus propias necesidades. La violencia vivida les afecta, aunque haya sido de forma indirecta, y por eso hay una mirada específica hacia ellos, además de apoyo en el ámbito escolar", explica Vegué.

Dificultades económicas y apoyo para encontrar trabajo

La directora técnica de la entidad señala que, aunque tienen programas diferenciados para las mujeres que vienen del ámbito penitenciario, para las que se encuentran en una situación de exclusión social y para quienes han sufrido violencia machista, también trabajan de forma simultánea las tres vertientes porque, a menudo, "una situación lleva a la otra". 

En este sentido, apunta que las personas acogidas en los pisos de la entidad, vengan del ámbito que vengan, tienen todas dificultades económicas porque, si no fuera así, "quizá en situaciones de permiso penitenciario o de violencia acudirían a otros recursos, ya fueran propios o de su red cercana".

Y es que, detalla, "las mujeres partimos de una desigualdad de género de base y de una desventaja en el mercado laboral, con sueldos más bajos y más temporalidad. Los trabajos más feminizados son muy precarios y, si a esto le añades otro elemento de desigualdad, como ser víctima de violencia machista, la situación es de mucha vulnerabilidad".

"La pandemia ha añadido a estas mujeres una barrera más a saltar"

A esta desventaja, remarca Vegué, se ha sumado ahora la destrucción de empleo provocada por la pandemia: "Son mujeres que ya venían de una dificultad para acceder al mercado laboral por ser mujeres y, además, por venir del ámbito penitenciario o de un entorno socioeconómico determinado, y ahora se ha añadido una barrera más a saltar".

Una de las mujeres acogidas en los pisos de inclusión de la entidad cuenta, por ejemplo, que trabajaba en negro y pagaba 350 euros por una habitación en la que vivía con su hijo, hasta que no pudo seguir pagándola: "Me quedé sin trabajo porque mi jefe cerró el negocio, así que fui a Servicios Sociales. Allí me mandaron a un hostal en el que estuvimos casi ocho meses y de allí a LligamDona, donde me han ayudado muchísimo a mí y a mi hijo".

Respecto al trabajo, detalla que desde Servicios Sociales la derivaron a una fundación para buscar empleo, concretamente, a un curso de atención al cliente, pero que todavía no lo ha encontrado. "Necesito el trabajo, pero con la Covid la situación está muy mal y no hay nada", lamenta.

"Espero encontrar un trabajo de verdad para poder coger un piso en el que mi hijo y yo vivamos solos y con tranquilidad"

Ante situaciones como ésta, LligamDona ha puesto en marcha un proyecto con la colaboración de Hilton que, además de proporcionar una vivienda segura a 10 mujeres, incluirá formación especializada y oportunidades de contratación. Con este programa, que tendrá una duración de dos años, las participantes recibirán apoyo psicosocial, asesoramiento jurídico y formación en herramientas para la búsqueda de empleo.

"Cuando termine el proyecto, espero encontrar un trabajo de verdad para poder coger un piso en el que mi hijo y yo podamos vivir solos y con tranquilidad. Poder pagar un piso y mi comida y la de mi hijo es mi sueño, no me importa nada más", asegura la mujer usuaria del piso de inclusión.

La recuperación, imprescindible antes de buscar empleo

Vegué puntualiza que, pese a la necesidad de encontrar un empleo, "es importante reconocer que, a veces, la persona no está en condiciones de trabajar y la estaríamos lanzando contra una pared. Si antes no respetamos que tenga unos mínimos niveles de reparación del daño, no será posible". 

"Por ejemplo, hay mujeres que han sufrido violencia machista que no pueden dormir por las noches, y nadie puede aguantar una jornada laboral tras otra sin dormir", añade. Por este motivo, la directora técnica de la entidad insiste en la importancia de respetar los tiempos de las mujeres a las que acompañan.

"Salir de la violencia es pasar de estar focalizada en la supervivencia a poder hacer una proyección hacia el futuro"

En este sentido, cuenta que salir de la violencia "es salir de una situación en la que el eje central es esa relación de violencia para poder, en mayor o menor grado, centrarse en una misma y en los menores a cargo con una previsión de futuro. Es dejar de vivir sólo el día a día, pensando en qué pasará, y tener una estabilidad que permita tener una previsión de tu vida".

Así, el cambio es, apunta Vegué, "pasar de estar focalizada en la supervivencia a poder hacer, con una supervivencia aseguradísima, una proyección de sí mismas y de los menores a cargo hacia el futuro, y, en el camino, la recuperación de la violencia vivida y la reconstrucción".

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