Los bares sirven copas pero el médico te atiende por teléfono: educación, sanidad y funcionarios mantienen restricciones

  • Las discotecas empiezan a poder abrir hasta las cuatro o seis de la madrugada, pero los centros de salud siguen restringiendo el paso.
  • Los teatros pueden llenarse al 100% en algunas autonomías pero hay universidades que siguen con clases telemáticas.
  • ​Los funcionarios volverán a la oficina, pero oficinas de empleo, de la Seguridad Social o Tráfico no abrirán todavía.
Un hombre con mascarilla camina por delante de una oficina de empleo cerrada.
Un hombre con mascarilla camina por delante de una oficina de empleo cerrada.
Jorge París
Madrid se deshace de casi todas sus restricciones.
Atlas

En estos primeros días del curso, un niño puede llegar al colegio tras desayunar con su padre en un bar al 75% de aforo en interiores o con aforo completo si se sientan en la terraza, donde podrán estar sin mascarilla. Después, esperarán rodeados de decenas de alumnos y padres a que abran las puertas del colegio. Pero, justo después, el alumno entrará en un mundo distinto: formará una fila con sus compañeros de clase y será llamado por orden para entrar en una clase 'burbuja'. En el patio sí podrá mezclarse con otros niños, pero solo con los de su mismo curso, y tendrá que llevar mascarilla, al contrario de lo que ocurriría en un parque. Frente a la cuasi normalidad de puertas para afuera, dentro del colegio no podrá utilizar nada que no se pueda lavar en Educación Física ni compartir instrumentos en Música con otros compañeros, cuyos padres se reunirán de forma telemática con los profesores, aunque podrían quedar en un bar, ir juntos al teatro o reunirse en una casa.

Todas estos situaciones pueden darse en las comunidades que esta semana han empezado a eliminar restricciones en hostelería y ocio pero donde, como en las demás, permanecen medidas contra la Covid en otros ámbitos. En particular, el educativo -donde las comunidades aplican un plan común acordado con el Gobierno-, pero también en el sanitario y en casi todo lo que tiene que ver con los trámites de los ciudadanos con la Administración.

Son tres sectores que, aunque han avanzado con respecto al año pasado, se han quedado rezagados en la relajación o eliminación de medidas que esta semana han emprendido la Comunidad de Madrid, Castilla y León, Andalucía, Murcia, Cantabria o La Rioja y a la que en el Gobierno estudia poner freno. Siguiendo la petición de autonomías como Castilla-La Mancha o Murcia, el Ministerio de Sanidad ha acelerado el trámite para actualizar el "semáforo" de restricciones, con las actividades que pueden ir reabriendo en función de la evolución de la pandemia y, como novedad, de la cobertura de vacunación.

Mientras tanto, un joven universitario sólo podría ir a la facultad una semana de cada tres, pero el fin de semana podrá ir a una discoteca hasta las cuatro o las seis de la madrugada, en Asturias, Aragón o Madrid. Es el caso de José García, que acaba de empezar la carrera en la Universidad Complutense. De momento, solo ha ido una semana y ahora deberá estudiar dos desde casa, según el régimen "de docencia semipresencial flexible" que determinó el rectorado para el primer cuatrimestre del curso. Eso sí, ya se ha estrenado en el aula y también en la cafetería, donde se ha podido juntar "en un corro grande" casi con más gente que en clase.

Entre las universidades de toda España no hay un régimen común, aunque en la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) afirman que "predomina el modelo híbrido, parte presencial y parte online". Así, también en Madrid la Rey Juan Carlos alterna una semana en clase y otra en casa. La Universidad de Santiago de Compostela ha pasado de un tercio de aforo al 50% y la Universidad del País Vasco llegarán hasta el 70%, como en las de Cataluña. En la Universidad de Sevilla, que como la de Valencia, apuesta ya por la "presencialidad 100%", los alumnos deberán estar siempre en el mismo aula y en el mismo pupitre, y se llevará un registro con el número del sitio donde se siente cada uno, para poder trazar contagios.

Doctor al teléfono

Si el joven, en cambio, vive en Castilla y León, ya es posible tomarse un vino acodado en la barra del bar, con más normalidad de la que de momento es posible ir al médico de cabecera. Los centro de atención sanitaria siguen funcionando a medio gas es muchas comunidades, con consultas telefónicas con los médicos y restricciones que, como en lo peor de la pandemia, impidem a más de un adulto acompañar a un niño a la consulta.

"Cuando tienes que ir al médico vives en el marco de 2020, porque toda la normativa es para evitar el contagio pensando en el trauma de aquella época. Hay cierta paranoia del personal medico. Lo entiendo, pero lo terminan pagando los padres de niñas de cualquier edad". Así habla Manuel Sánchez, residente Madrid y padre de un bebé de dos meses. Durante el embarazo ya padeció unas reglas Covid que le impidieron entrar a las ecografías con su pareja. Ahora, en plena relajación de otras medidas, las normas también le dejan fuera de las urgencias hospitalarias o de las consultas con el pediatra, porque solo puede entrar uno de los dos progenitores, que suele ser la madre.

"Tú estás en un restaurante lleno de gente pero no te dejan pasar a consulta con mascarilla y la ventana abierta", se queja Manuel sobre los centros de salud a medio gas cuando bares y restaurantes cada vez permiten más clientes y los teatros ya pueden llegar al 100% en Andalucía o Madrid. En Sevilla, se puede asistir también a una procesión y en Cataluña, formar parte de un castellet de hasta 160 personas.

"La actividad presencial se debe ir restableciendo en los centros de salud, necesitamos que se normalicen las listas de espera, tanto de consultas externas en los hospitales como en las urgencias quirúrgicas y la atención de los centros de salud", dice la portavoz del sindicato de enfermería SATSE, María José García, sobre la situación más general en España. Esta organización defiende que se vuelva a las consultas presenciales en los centros de atención primaria, aunque todavía sean necesarias medidas.

Por las características de su trabajo -no pueden hacer una cura a distancia, por ejemplo-, enfermeras y enfermeros no han dejado de tratar en persona con los pacientes, pero se mantiene el filtro que empezó con la pandemia, que consiste en que los doctores atienden las consultas por teléfono y las físicas son en último término. Cuando eso sucede, los acompañantes están prohibidos, a no ser que se trate de menores. 

Ventanillas cerradas

El Gobierno central también movió ficha esta semana hacia la normalización y comunicó a los funcionarios que a partir del 1 de octubre dejarán de trabajar cuatro días en casa y uno en la oficina, para que sea al revés y solo haya una jornada de teletrabajo. El sindicato mayoritario de la función pública CSI-F denuncia que la nueva ministra del ramo, María Jesús Montero, incumplió el compromiso de su antecesor, Miquel Iceta, de permitir dos días de teletrabajo, pero lo que no cambiará de momento es que los ciudadanos seguirán sin poder acudir en persona a la Administración Pública.

Las oficinas del servicio estatal de empleo (SEPE), de la Seguridad Social, de la Agencia Tributaria o de la Dirección General de Tráfico (DGT) seguirán cerradas y el horizonte del Gobierno es que puedan reabrir a final de año. Mientras, seguirán atendiendo con cita previa y por teléfono, con las dificultades añadidas que esto conlleva.

Beatriz Olmo, de Barcelona, ha sufrido en carne propia las restricciones en la Administración, que han demorado el registro de su hijo en la Seguridad Social durante casi un año. Lo ha logrado hace poco, después de muchos meses de trámites y "barreras" para conseguir un DNI electrónico que que no fue tarea fácil. La Policía no los expide y "al final tuvo que ser por teléfono, con un funcionario explicándonos para hacerlo telemáticamente", explica.

El trámite suele hacerse en cinco minutos al poco de nacer el bebé pero con las restricciones por la pandemia que todavía que todavía están vigentes de cara a la administración, se ha demorado meses en los que las visitas al hospital. "Como no teníamos tarjeta sanitaria [del bebé] no podíamos sacar recetas o sacar cita en médico", explica Beatriz que ya pasó por la "locura" de pedir la baja de maternidad en plena tercera ola y que ahora, en pleno relajamiento de las medidas de ocio y hostelería, sigue bregando a distancia con la administración.

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