La reconstrucción del World Trade Center, un proyecto inacabado veinte años después del 11-S

  • La segunda torre proyectada no se ha empezado a construir, y el presupuesto final superará los 25.000 millones de euros.
  • La zona ha pasado de centro financiero a distrito tecnológico y recupera el pulso poco a poco tras la pandemia de covid.
  • Los arquitectos celebran la integración de memoria y desarrollo económico en un entorno que favorece usos múltiples.
  • ESPECIAL: 20 años del 11-S | Radiografía de 102 minutos de terror sin cura.
Así luce el 'skyline' de Manhattan antes y después del 11-S
Así luce el 'skyline' de Manhattan antes del 11-S y en la actualidad.
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Un grupo de terroristas comandados por Osama Bin Laden atacó el 11-S los valores de Occidente arrasando el paisaje urbano más famoso del mundo, el 'skyline' de Nueva York. Secuestraron dos aviones con pasajeros y los empotraron contra las Torres Gemelas del World Trade Center (WTC), epicentro financiero global. Veinte años después, la reconstrucción de esta gran manzana del Lower Manhattan, el barrio más antiguo de la ciudad, ha logrado coser la herida de los atentados y empieza a recuperar el pulso tras la pandemia de covid-19, pero sigue sin completar el proyecto con el que aspira a ser el barrio tecnológico y referente del s. XXI.  

Aquel martes de 2001 las 110 plantas de las Torres Gemelas, dos moles de 400 metros de altura diseñadas por Minoru Yamasaki, se desplomaron como panqueques apilados. En su caída destruyeron decenas de edificios colindantes y levantaron una nube tóxica de polvo que se expandió sin remedio por las calles y avenidas de Manhattan. 

El mayor atentado terrorista de la historia mató, solamente en esa manzana de Nueva York, a casi 3.000 personas. El lugar pasó a conocerse como la "zona cero", un apelativo del que lucha por desprenderse pero que sirvió para definir el  desolador paisaje de 50.000 metros cúbicos de escombros y restos humanos.

La zona luce muy diferente veinte años después. Desde 2014 despunta la Freedom Tower, o 1WTC, el rascacielos más alto del continente americano que ha tomado el testigo a las gemelas y está ocupado al 90% por tecnológicas, empresas de comunicación y marketing. Prueba de que el distrito aspira a ser el epicentro tecnológico mundial y no el inversor y financiero que era. 

En 2016, con varios años de retraso y el doble del coste presupuestado, abrió el intercambiador de transporte público más caro del mundo, el Óculus de Santiago Calatrava, por donde entran y salen a diario miles de trabajadores del Lower Manhattan y los primeros turistas postpandemia que regresan al museo del 11-S en el subsuelo de la plaza y al memorial, las dos enormes piscinas cuadradas que ocupan la huella de las torres gemelas, con unas cascadas que dan serenidad a quienes pasan la mano por encima de los nombres de los 3.000 fallecidos inscritos en bronce en sus barandillas.

Acumula años de retraso

El propietario del WTC, Larry Silverstein, que se hizo con las torres tan solo unas semanas antes del atentado, pensó que el proyecto se completaría en unos ocho o diez años. Sin embargo, podría demorarse su ejecución hasta 2024. Faltan, al menos, dos importantes edificios: el centro de artes escénicas, en construcción, y el 2WTC, un segundo rascacielos proyectado cuyo diseño no deja de sufrir vaivenes y polémicas y que aspira a ser el más sostenible del mundo. Para cuando se acabe la remodelación habrá supuesto más de dos décadas de trabajos y un presupuesto disparado por encima de los 30 billones de dólares (25.000 millones de euros).

Miriam García, doctora en arquitectura, urbanista y paisajista, profesora de la Politécnica de Cataluña, considera que la reconstrucción se podría haber concluido antes de no haber existido el desafío "emocional" de los atentados. "Nueva York se tuvo que enfrentar a los que pocas ciudades se enfrentan, un atentado tan inesperado como agresivo. No fue una reconstrucción solo con consideraciones arquitectónicas, urbanísticas o ambientales, sino que necesitaba afrontar la carga emocional, sentimental y espiritual de los atentados", reflexiona. "Hasta que no estuvo resuelto cómo honrar la memoria de los fallecidos, no se pudo afrontar el resto de desarrollos".

José María Ezquiagaprofesor de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid, sociólogo e interesado en la investigación sobre las escalas espaciales y sociales de la ciudad y el territorio, considera que, pese a tratarse de una obra inacabada, "Nueva York ya ha probado su capacidad de adaptación, su resiliencia". Ezquiaga, que ha visitado en varias ocasiones los trabajos en el WTC valora del mismo que sea un proyecto realizado "con paciencia para no cometer errores de apresuramiento".  Y celebra que se descartara desde el principio la propuesta de reconstruir las Gemelas tal cual eran, "una idea prepotente y hasta cierto punto negacionista", en palabras de Ezquiaga.

Así fue la reconstrucción

Las Torres Gemelas, de hecho, serían imprescindibles en la postal neoyorkina, pero no eran particularmente queridas dentro de la ciudad. Los atentados las encumbraron en el lugar que ocupa la nostalgia, pero el complejo del WTC era percibido como un lugar hostil y desangelado después del horario de oficina. 

Los atentados que trajeron el desastre también convocaron de inmediato una ola de solidaridad y de humanidad entre los estadounidenses. Miles de profesionales y voluntarios colaboraron en las labores de limpieza de la zona para propiciar un nuevo comienzo. El promotor se vio abocado a una reconstrucción pactada con las autoridades municipales, inversores privados, pero también con las familias de los fallecidos y las asociaciones vecinales que querían que un barrio vibrante.

La arquitecta Miriam García considera que el gran "acierto" del proyecto de Daniel Libeskind, ampliamente reconocido por la academia, es el respeto al vacío que dejaron las Torres Gemelas. Tratándose de un espacio que supone la mitad de la superficie de esta descomunal manzana, bien podría haber sido rellenado de oficinas, pero permitió incorporar usos que promueven la convivencia, opina García. "Hoy es el turismo del 11-S, y las visitas al memorial o al museo, pero en el futuro podrían desarrollarse otros".

Ezquiaga habla de una "conjunción de pragmatismos" acertada en la reconstrucción.  "El nuevo WTC ha salvado el papel de polo de actividad económica de la ciudad al mismo tiempo que ha levantado un auténtico jardín de la memoria". El arquitecto español destaca entre sus construcciones favoritas el Óculus y el museo del 11-S: "Una auténtica catedral subterránea y sobrecogedora, un complejo muy interesante hecho con mucho respeto y discreto. No es Disney, sino un lugar muy serio". 

Más allá de los gustos que se hayan difundido sobre los bloques que componen el WTC (hay expertos que ven "plano y con poca personalidad" el diseño de la Freedom Tower o quien no entiende las "raspas" del Óculus) Miriam García resalta como segundo valor, además de la integración de la memoria del atentado, la seguridad del conjunto urbanístico, "ya no solo ante amenazas terroristas, sino también medioambientales. La seguridad se ha integrado como elemento fundamental del diseño urbano y no solo de las edificaciones", sostiene García.

Eso sí, aunque en la zona haya ahora más de edificios de uso residencial que en 2001, muchos hoteles, y los niños correteen y coman helados en torno a las piscinas del memorial, el recinto sigue fuertemente vinculado a la actividad económica, en parte por el alto precio del suelo. "Era una operación con incontables intereses especulativos detrás y resultaba muy difícil cambiar el perfil", argumenta García, "En esta zona de Manhattan es prácticamente imposible de conseguir un barrio de usos mixtos, residencial y empresarial. Es un distrito accesible solo para el super lujo, porque qué parte de NY no lo es. En parte de su éxito está su fracaso", sostiene.

Una historia de éxito: Fresh Kills

Fresh Kills, con vistas a Manhattan
Fresh Kills, con vistas a Manhattan
Freshkillspark.gov

Donde sí encuentran los arquitectos y urbanistas una historia de éxito en la reconstrucción de la ciudad de Nueva York tras los atentados del 11-S es en Staten Island, concretamente en el parque Fresh Kills

"Pasó una cosa bonita en medio de este horror", explica García, "Nueva York tenía el vertedero más grande del mundo en Staten Island. Era tan grande que los astronautas desde el espacio solo identificaban la muralla china y Fresh Kills. Ya se había decidido su cierre, pocos meses antes de los atentados, pero hubo que abrirlo de nuevo para albergar los escombros de las torres y los restos humanos, dado que había que llevarlos a algún lugar. Se convocó un concurso de ideas que lo ha convertido en uno de los parques de regeneración ambiental más brillantes del mundo, al catalizar las necesidades sociales y medioambientales". 

Fresh Kills es "un proyecto maravilloso", dice García. Porque además de constituir un espacio de memoria de las víctimas, la obra incorpora una zona de humedales que atenúa el impacto de los huracanes, cuyo efecto se demostró devastador en 2012 con Sandy. Los expertos dicen que lo que está cambiando por completo la ciudad de los rascacielos no son los atentados terroristas, sino la amenaza del cambio climático.

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