Las fugas de adolescentes y los secuestros parentales triplican las desapariciones de menores en verano

Perros especializados en el dispositivo de búsqueda del joven desaparecido en Campoo
Dispositivo de búsqueda de un joven desaparecido.
112 CANTABRIA

El verano es para la mayoría sinónimo de descanso, de tiempo libre, de viajes y buenos ratos con familiares y amigos. Pero también es el momento en el que más desapariciones de menores ocurren y puede convertirse en sinónimo de alerta y preocupación en muchos hogares. En agosto en concreto los casos se multiplican por tres, impulsados por el aumento de las fugas de adolescentes y los secuestros parentales. Es un aviso de la Fundación Anar, que ha puesto en marcha una campaña de prevención. 

"Cuando hay una sustracción parental hablamos normalmente de padres separados o divorciados y el verano siempre favorece la movilidad nacional e internacional. Sobre la fuga, puede ser un indicador del grado de conflicto tanto interno del propio adolescente como de la familia. Hay mucha más tensión en casa y a veces no se sabe gestionar. Hay además una falta de rutinas y de horarios respecto al resto del año, más posibilidades de ocio que a veces tampoco están bien supervisadas. El verano no favorece la información sobre dónde está nuestro hijo, con quién, en qué emplea el tiempo...", explica Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda de Anar. Entre esas líneas se encuentra el 116000, el número armonizado de la UE para casos de niños desaparecidos, cuya gestión fue adjudicada a esta organización por el Ministerio de Interior en 2010. 

Díaz agrega que la huida de casa es una situación de alto riesgo, como cualquier otra desaparición, en la que en general el menor se encuentra en un estado de vulnerabilidad. Pero también puede ser una circunstancia que aporte mucha información sobre el contexto en el que vive y puede sacar a la luz una realidad conflictiva en el seno familiar, con episodios incluso de violencia. 

Cómo prevenir

Anar hace hincapié en la necesidad de la prevención y por ello ha lanzado una campaña a través de sus redes sociales, dirigida a los adultos, pero también a los más pequeños, con el objetivo de enseñarles cómo actuar en situaciones de riesgo. Para llegar a ellos ha optado por hablarles en su 'idioma' y a través de los canales a los que están habituados. Por eso está utilizando TikTok.

"Son sujetos activos por lo que les hemos dado un listado de consejos. Desde pequeños deben recordar ciertos datos de carácter personal, saber dirigirse a un adulto, saber establecer un punto de encuentro cuando vamos a un sitio público muy concurrido... Es muy importante por si se pierden. Y a los adolescente les aconsejamos llevar el móvil siempre con batería, activar el GPS, tener los teléfonos de las autoridades, también el nuestro para que le apoyemos en los pasos que tienen que dar, avisar a la familia de a dónde va a ir, con quién va a estar…", enumera Díaz y añade la importancia de un uso adecuado de las nuevas tecnologías y de no quedar con desconocidos.

Más de 2.00o consultas y 800 casos

  • En 2020, la Fundación Anar recibió 2.290 peticiones de ayuda referentes a desapariciones de menores, 803 de las cuales derivaron en casos. El porcentaje más elevado -42,5%- se produjo entre los 16 y los 17 años. En segundo lugar se situó la franja de 14 a 15, con el 31,3%. En cuanto al género, el 61,5% fueron niñas y el 38,4%, niños. "Las desapariciones se dan en menores de todas las edades. Las fugas suelen producirse más en adolescentes. La sustracción parental resulta más habitual en niños de muy corta edad porque son sujetos que confían en su progenitor, que no son capaces de poner límites", explica Diana Díaz. Desde el servicio 116000, que forma parte del Centro Nacional de Desapariciones dependiente de Interior, la fundación apoya a las familias desde todos los ámbitos, incluso el jurídico; recaba la colaboración ciudadana, y lanza campañas de difusión, además de poner el caso en conocimiento de las autoridades de forma inmediata. 

La guía práctica para los padres incluye a su vez un decálogo de recomendaciones, entre las que destaca el fomento de la comunicación con los chavales para evitar las fugas: "Hay que disminuir las tensiones familiares, aumentar la supervisión y sembrar muy bien el sentimiento de pertenencia a lo largo de todo el año. El adolescente necesita sentirse miembro del núcleo familiar. Si no encuentra es sentimiento en casa, en el día a día, lo puede buscar fuera, con desconocidos, en bandas… con el peligro que eso conlleva".

En caso de que existan indicadores de que puede darse un secuestro parental, la fundación insta a ponerse en manos de un abogado especializado y conseguir que un juez apruebe una serie de medidas paternofiliales "cuanto antes". "La mediación familiar también puede ayudar mucho en las separaciones conflictivas. Si tenemos miedo también debemos avisar a las personas del entorno y guardar cierta documentación en lugar seguro, como la descripción completa de nuestro hijo, el DNI o pasaporte, fotografías actuales, el certificado de nacimiento... Como medida de prevención es igualmente importante recoger una muestra de ADN. Serviría con un cepillo de dientes o unos pelos arrancados de raíz. Y si existen indicios claros que nos hacen sospechar, con el apoyo del abogado hay que solicitar del juzgado las medidas cautelares necesarias", afirma Díaz.

Con estas pautas, Anar persigue reducir el número de desapariciones de menores, un proceso que cada familia vive de una manera pero que en cualquier caso supone uno de los peores trances a los que unos padres se pueden enfrentar

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