El Patio Maravillas
El exterior del Patio Maravillas. JORGE PARÍS

La actividad es frenética en el número 8 de la calle Acuerdo, donde la gente del Patio Maravillas celebra estos días el segundo aniversario de la okupación de este espacio polivalente que sirve de punto de encuentro a buena parte del tejido asociativo de la ciudad (por él pasan 500 personas semanalmente y un sinfín de colectivos hacen uso de sus instalaciones).

Hace 24 meses que un centenar de jóvenes invadieron el edificio (un antiguo colegio de monjas ahora propiedad del arquitecto Leopoldo Arnáiz) para emplazar en pleno centro de Madrid un punto de encuentro y convivencia. "Estamos abiertos al barrio, los vecinos entran y salen, a unos les gustamos y a otros no, pero eso es normal", dice Isaac (el nombre del personaje colectivo que identifica a la gente del Patio). "Todos somos Isaac", explican.

Asesoría de inmigrantes

El aniversario centra estos días las actividades del Patio (entre ellas la decoración de la fachada principal con un mural a cargo de los integrantes del taller de artes), pero sin descuidar sus otras muchas ocupaciones: un taller de reparación de bicicletas, el coro, las clases de yoga, la libreteca, el cine, el aula de serigrafía y la tienda gratis, entre otras.

No somos vagos sin trabajo

"Ahí no podemos entrar, están dando clase", afirma otro Isaac cuando nos acercamos a la Oficina de Derechos Sociales. Y es que uno de los colectivos que integran el Patio trabaja codo a codo con los inmigrantes. "Se les da asesoramiento jurídico, laboral, en derechos y se imparten clases de castellano para que puedan manejarse", relata sobre uno de los servicios más demandados del Patio. Pero también hay una cantina y una chikiasamblea "para que la gente que tiene hijos pueda traerlos con ellos cuando vienen a las charlas o talleres".

Y es que poco o nada tienen que ver estos okupas de hoy con sus antecesores. Aunque son conscientes del estereotipo que los acompaña, reconocen que aquello queda muy lejos. "Ya casi no quedan rastas, somos un centro social de segunda generación. Por aquí viene todo tipo de gente. No somos vagos sin trabajo... yo mismo (otro Isaac) curro en proyectos de software educativo". Y en sus ratos libres pasa por el Patio para colaborar en el aula social de nuevas tecnologías.

Lo cierto es que estos modernos okupas huyen de identificaciones políticas y sólo atienden a una idea: "Recuperar los espacios públicos y favorecer la libre participación de la ciudadanía". Eso sí, para favorecer la convivencia procuran mantener tres reglas: "No robar, no agredir y no vender drogas" (aunque se pueden consumir).

Riesgo de desalojo

Pero la aparente normalidad del Patio no es tal. Su gente espera "el desalojo inminente", algo que podría materializarse, se temen, durante los meses estivales "porque el juez lo ha reactivado y está escuchando a las personas que se autoinculparon" y lograron parar los dos conatos anteriores de desalojo.

No obstante, y aunque ese momento "siempre genera tensión real", saben que dos años dando vida al edificio "ya es una gran victoria contra la especulación". Además, "podrán desalojar el Patio... 'pero habrá otros espacios para okupar", y lo tienen claro.

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