Cuidados de la lavanda: tipos de riego, época de cultivo y poda

Imagen en detalle de una flor de lavanda.
Imagen en detalle de una flor de lavanda.
©GTRESONLINE

La lavanda es una de las flores más características de un jardín, no solo por su color malva y su forma espigada, que convierten a esta flor en protagonista, si no también por su aroma. Se trata de una de las plantas aromáticas por excelencia. 

Así, quienes dispongan de un espacio exterior para plantar no pueden dejar pasar la oportunidad de contar con este tipo de planta, ya que además de decorativa, también tiene utilidades en la cocina y es remedio natural para algunas afecciones.

¿Cómo cuidar una planta de lavanda?

En primer lugar, la lavanda necesita un sustrato de tipo alcalino y, en caso de que el pH de este sea ácido, habrá que regularlo para que la planta pueda crecer correctamente, ya que este es uno de los puntos clave a tener en cuenta, como indican desde Verdecora

Además de esto, la lavanda debe contar con un buen drenaje, tanto si está en el suelo como si se planta en maceta, ya que el exceso de agua o los encharcamiento pueden acabar por pudrir sus raíces y estropear la planta. De hecho, este cuidado se hace aún más importante en invierno, cuando ese exceso de agua puede congelarse y acabar con la planta.

Antes de plantarla, también hay que tener en cuenta el lugar en donde se va a poner. Para ello, lo único que hay que tener en cuenta es que se debe dejar espacio suficiente a la planta, además de que cuente con una buena aireación y reciba sol directo durante varias horas al día.  

Quitando estos tres cuidados de la lavanda a tener en cuenta antes de plantarla, una vez que empiece a arraigar, ya no habrá que preocuparse mucho por ella, ya que se trata de una planta rústica y que crece muchas veces de forma silvestre en el campo, por lo que no necesita apenas cuidados. 

De hecho, puede aguantar tiempo sin regar. Eso sí, durante la época en la que esté creciendo, habrá que prestar atención al riego, que deberá ser regular pero moderado, siempre evitando mojar sus ramas y flores. En los meses de verano habrá que regar una vez a la semana, comprobando primero que el sustrato esté seco.

Por último, hay que saber que no se debe abonar la lavanda y que, en cuanto a la poda, habrá que hacerla siempre al comienzo de la primavera o la llegada del otoño, es decir, antes o después de la floración. 

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