Jackson se comió al poeta

Los funerales de Mario Benedetti y de Michael Jackson.
Los funerales de Mario Benedetti y de Michael Jackson.

La primera llamada que he recibido esta mañana ha sido de mi editor. Un tipo listo, rápido y con mucho ojo. Sobre todo para el negocio, aunque claro ¿para qué si no?, ¿para la buena literatura? Una vez me dijo: tienes un problema serio, tus novelas tienen demasiada calidad literaria, son difíciles, y así no vendemos. ¿Tú quieres de verdad dejar el periodismo para dedicarte a esto?

Con esa premisa lo que ha sucedido esta mañana no debería haberme sorprendido, pero lo ha hecho. Mi ingenuidad no tiene límites. Me ha pedido que deje el proyecto en el que andaba embarcado para empezar uno nuevo. Ya no quieren una biografía de Benedetti. O no con tanta prisa. Michael Jackson se ha comido al poeta. Y el editor se ha comido al escritor que creía que yo era, o que intento ser desde que, sí, dejé mi oficio de juntaletras por este otro que juzgaba creativo y sobre todo libre. Muy libre. Me soñaba sin jefes, sin órdenes absurdas, sin escritos en los que no creía, sin defensas que nunca llegaban a ninguna parte más allá de mi humillación y mi rabia... Me soñaba..., en fin, los sueños que al final me lo joden todo.

He respondido -ya no puedo devolver el adelanto que me dieron por el libro de Benedetti- que lo haré, que cuenten conmigo. "En tiempo record, ¿eh?", me ha sugerido él, con ese tono amenazante que tan bien conocemos los que hemos trabajado en un diario. Y mi respuesta ha vuelto a ser la que era en mis tiempos de redactor: por supuesto. Ya no tengo ni rabo que esconder entre las patas ni altura en la cabeza que descienda.

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