Nano4814
Nano4814 Daniel Alea

EL PULPO:  Nano4814, grafitero gallego residente en Madrid cuyo sello de identidad es un choquito que escupe tinta.

EL GARAJE:  Palacio de Cristal de Arganzuela, uno de los invernaderos más interesantes y desconocidos de la ciudad.

De entre las enormes hojas de un bosque tropical emerge un raro espécimen que no responde a las características de la fauna autóctona: viste gorra y capucha, calza zapas llamativas y se desplaza en una bici plegable de color turquesa. No estamos en la jungla, sino en un invernadero, y el individuo de gafas se identifica con el número de serie 4814 y la silueta de un cefalópodo (su firma, el choquito, ha conocido los muros de muchas ciudades).

«Los bulbos y esas hojas tan grandes me parecen muy sugerentes», observa el grafitero. Camina sigiloso entre la vegetación exhuberante; se reconoce «tipo de ciudad pequeña» y aspira a trasladarse algún día al campo: «Me tiran las ciudades gigantescas, pero a medida que me voy haciendo mayor, el cuerpo me pide verde».

Descubrimos una curiosidad: «Cuando empecé a estudiar Bellas Artes en Pontevedra, una de mis primeras instalaciones consistió en colgar unos peces de un árbol. No he vuelto a repetir la experiencia de trabajar en un espacio natural».

De primeras, un lugar acristalado con estructura metálica no es el mejor sitio para cultivar el arte callejero; Nano me contradice: «Le podría sacar bastante partido, tiene muchas posibilidades. En interiores me gustan las instalaciones, combinar elementos, jugar con la luz... no me limito a las paredes».

Uno siempre se pregunta qué sucede cuando el grafitero da el salto a la galería. Él viene de participar en la exposición After the revolution del Observatori, su trabajo ha sido seleccionado para el Archivo de Creadores del Matadero y ha recorrido Nueva York, Londres y París con el proyecto IAM   junto a San y Okuda, con parada durante todo julio en la Montana Shop & Gallery de Barcelona. ¿Cuesta volver a la calle? «Son medios totalmente distintos, pero el germen creativo es el mismo. En mi caso, la calle no ha sido un instrumento para llegar a algo, sino una parte de mí, y considero que seguir manteniendo la actividad creativa en el exterior le da más valor a tu obra en galerías. Veo imprescindible que siga siendo uno de mis soportes». Así que ni sus luminosos ni sus tentáculos están en peligro de extinción.

Por otra parte, Nano no se identifica con «el devenir del arte urbano porque la filosofía de mi obra tiene mucha más relación con el grafiti clásico, aunque no estén de acuerdo conmigo los puristas. El mal llamado street art describe propuestas muy distintas entre sí; a mí que un diseñador gráfico imprima cinco pósteres y los pegue por ahí no me llega, no veo un compromiso». Con las etiquetas hemos topado.

Este otoño se marcha un mes a Perú con el Equipo Plástico (él más Tono, Nuria y Sixe) a hacer... ¿cómo llamarlo?... de las suyas. «Hay un término de los ochenta que se está retomando ahora para definir a gente que viene de la calle y le da una vuelta a su trabajo: posgrafiti». ¡Qué duda cabe! Estamos en la era Post.