Aseguran que Alberto de Mónaco está a punto de tramitar el divorcio con Charlène

Alberto de Mónaco y la princesa Charlene.
Alberto de Mónaco y la princesa Charlène.
GTRES

Han pasado cinco meses y los rumores ya son más que simples habladurías. La crisis que están atravesando Alberto de Mónaco y su esposa, Charlène, después de que esta no haya regresado aún de Sudáfrica, donde visitó a su familia (a pesar de que ella nació en Rodesia, actual Zimbabue) y protestó por la caza furtiva de rinocerontes, parece que ha tenido como consecuencia directa el fin del matrimonio monegasco.

La exnadadora contrajo en el país africano una infección otorrinolaringóloga que le ha hecho pasar por el quirófano en más de una ocasión las últimas semanas y desde entonces no ha regresado a Europa, donde le esperan su marido y sus hijos, a quienes extraña, y ausentándose de su décimo aniversario de bodas, según las indicaciones médicas.

Parece ser, según explica la revista alemana Bunte, que los vídeos y mensajes de amor que la princesa no cesa de publicar no son la realidad, sino que ocultarían un problema aún más grave y que la estancia en Sudáfrica de Charlène ya es motu proprio, estando esta voluntad suya motivada por un más que posible divorcio cercano.

La publicación germana añade que lo que se traslada a los medios son solo excusas y que se está intentando encubrir una separación, que Charlène acabó de constatar cuando asistió al funeral del rey de los zulúes, Goodwill Zwelithini, habiendo podido regresar ya por aquellas fechas.

"Charlène y el príncipe van por caminos separados durante meses. Ella vive sola en Sudáfrica mientras él cuida a los gemelos en Mónaco. Crece la evidencia de que el matrimonio finalmente se ha roto", se puede leer en la portada de la revista, confirmándose en el interior que desde noviembre se están moviendo en Palacio Grimaldi para preparar el divorcio.

Claude Palmero, quien administra los activos del príncipe y que es bastante cercano a este (habiendo recibido el sobrenombre de "solucionador de problemas"), sería quien encabezaría esta trama. Palmero, además, figura dentro de la red corporativa del hermano de Charlène, Sean Wittstock, que tiene su sede en Malta.

Esta red, dedicada entre otras cosas a los bienes raíces, querría expandirse por Sudáfrica, lo cual carecería de sentido si la familia no tuviese propiedades en el país y no buscasen pasar largas temporadas allí. De ahí, explican, que Charlène esté buscando casa en una de las grandes ciudades del país, Johannesburgo, en el barrio de Benoni (en el que también viven sus padres y su hermano).

Asimismo, otro de los hermanos de Charlène, Gareth, que decidió trasladarse a Mónaco tras la boda de los príncipes y que ha formado allí su familia, habría ya comprado una villa cerca de la de sus padres, por lo que se infiere que su idea es trasladarse pronto.

La compañía de Malta, explica para acabar Bunte, gestionaría estas propiedades y aseguraría el futuro de la familia tras el divorcio, algo que Charlène ya les ha explicado a sus padres. Aún no hay nada oficial, pero de producirse realmente el divorcio, no debería tardar demasiado en suceder.

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