Lo que dice la ciencia (realmente) sobre el consumo de carne y sus efectos en la salud y el medioambiente

Neveras con carne envasada en la sección de carnicería de un supermercado de Madrid.
Neveras con carne envasada en la sección de carnicería de un supermercado de Madrid.
Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

"En España consumimos muchísima más carne de la que deberíamos", explica a 20minutos el nutricionista Juan Revenga. Como él, científicos y organizaciones llevan años advirtiendo de los efectos nocivos de este consumo exagerado y descontrolado, ya no solo en la salud de las personas, sino también en el medioambiente. Aun así, la campaña del ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha despertado la indignación del sector e incluso dentro del propio Gobierno.

Ya en 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe en el que evaluaba la carcinogenicidad del consumo de carne roja y de carne procesada. Concretamente, aseguraba haber obtenido "evidencia suficiente" de que el consumo de carne procesada provoca cáncer colorrectal, y "evidencia limitada" de que el consumo de carne roja -"toda la carne muscular de los mamíferos, incluyendo carne de res, ternera, cerdo, cordero, caballo y cabra"- causa cáncer en los humanos.

"La evidencia es limitada, pero aun así es la máxima que podemos obtener", asegura Revenga. Según explica, no hay forma de recoger datos del todo objetivos y cien por cien fiables sobre los efectos de un consumo muy alto de carne en el cuerpo humano, pues hay otros factores que podrían estar influenciando en la evolución de la salud de los sujetos a estudiar. No obstante, destaca el nutricionista que las múltiples investigaciones que se han ido publicando desde los años 90 del siglo pasado apuntan a que el abuso de los productos cárnicos es nocivo para nuestro organismo.

Sin ir más lejos, en el estudio citado de la OMS, desarrollado por 22 expertos de diez países a través de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), concluye que cada porción de 50 gramos de carne procesada tomada a diario incrementa en un 18% el riesgo de padecer cáncer colorrectal. Entiende por carne procesada a "la que se ha transformado a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado u otros procesos para mejorar su conservación".

¿Crees que habría que reducir el consumo de carne?

El consumo de carne incrementará un 12% en 2029

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) recomienda un consumo moderado de carne de entre dos y cuatro veces por semana, "preferiblemente de pollo o conejo y no más de dos raciones a la semana de carne roja", debido a los problemas de salud que pueden derivarse de una ingesta continuada y excesiva. Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) aconseja consumir como máximo 300 gramos de carne a la semana por persona.

Estos parámetros supondrían rebajar la media de ingesta de carne de la población, aunque ello no se traduzca en las previsiones llevadas a cabo por los organismos. Actualmente, y según el informe anual de consumo alimentario del MAPA, en 2020 los hogares españoles incrementaron el consumo en un 10,5% anual, hasta sumar más de dos millones de kilogramos en total. Un crecimiento que continuará en los próximos años. El pronóstico de la FAO es que durante la próxima década el consumo de carne incremente un 12% para 2029, en comparación con 2019. 

"Sin embargo, en el mediano plazo, las tasas de crecimiento se reducirán como respuesta al crecimiento más lento de los ingresos en diversas regiones, el envejecimiento de la población y la estabilización de los niveles de consumo per cápita de carne en los países de ingresos altos debido a la saturación y las preferencias dietéticas de carnes de mayor calidad, especifican, señalando que esto puede hacer que el consumo per cápita se eleve en ese mismo periodo apenas 34,9 kilogramos, poco más del 1% respecto a 2019. 

Impactos para el planeta

Más allá de las consecuencias que tiene para la salud, las organizaciones vienen recordando el impacto que la industria cárnica supone para el medioambiente. La deforestación, la contaminación de las aguas o la emisión de gases de efecto invernadero son algunos de los efectos derivados de la ganadería intensiva.

La FAO señala que un 14,5% de las emisiones globales provienen de la ganadería, siendo España el tercer país de la Unión Europea con más emisiones originadas por este sector, según reconoció en octubre el Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). Greenpeace señala que, entre el año 2000 y 2018, aumentaron las emisiones en un 27%: un 64% de la carne de aves, un 56% del sector porcino, un 27% de la producción de huevos, un 17% lácteos y 3% en la carne de vacuno.

Contribución relativa de las principales fuentes de emisiones de las cadenas de producción ganadera.
Contribución relativa de las principales fuentes de emisiones de las cadenas de producción ganadera.
FAO

Uno de los principales problemas es el gas metano (CH4), que representa un 50% del total de emisiones del mundo y cuya mayor parte proviene del sector porcino. "Otro aspecto muy importante que, sin embargo, no se tiene en consideración, es el cambio de usos del suelo, que se están dando precisamente para promover y sustentar esta producción masiva de carne", explica a 20minutos el responsable de Agricultura de Greenpeace, Luis Ferreirim. 

Y es que, según destaca, "cerca del 80% de la superficie agrícola planetaria está destinada hoy en día para producir alimentos para animales y no para personas". Esto termina acelerando la deforestación. Según señala el experto que el 80% de la deforestación de la Amazonía está relacionada con esa expansión agrícola muy destinada a piensos y pastos para animales. En España, cerca del 66% de la superficie cultivada ya está destinada a producir alimentos para animales, y muchos de los cultivos están asociados al regadío.

Al final, la problemática la conforman un conjunto de factores que contribuyen, en una especie de círculo vicioso, a perjudicar al medio ambiente de una manera o de otra. Por ejemplo, para poder cultivar todo ese pienso, se ha requerido deforestar una extensa zona. Pero, además, también se necesita una cantidad inmensa de agua para regarlo. Así, el sector de la ganadería consume litros y litros de agua, ya no solo para abastecer a los propios animales, sino también para el regadío de los campos de cultivo de los productos con los que alimentarlos.

"Solo en 2020 se sacrificaron en España 910 millones de animales"

"En el tema del agua también estamos hablando de contaminación. Cuantos más animales, más excrementos", explica Ferreirim. "El abono es fantástico cuando proviene de ganadería extensiva y ecológica, pero estamos hablando de cantidades tan ingentes que los cultivos no son capaces de absorberlo. Al final estamos utilizando los campos agrícolas como auténticos vertederos y eso al final se termina filtrando a las capas subterráneas contaminando los acuíferos", añade.

Precisamente, España tiene abierto un procedimiento de infracción por parte de la Comisión Europea por haber incumplido la directiva de nitratos, los cuales pueden generar situaciones muy perjudiciales para los ecosistemas acuáticos y, por otro lado, inutilizar el agua potable. "Tanto es así, que muchos pueblos de España tienen importantes acumulaciones de nitratos y están desabastecidos de agua potable".

Emisiones regionales totales y contribución relativa por especies.
Emisiones regionales totales y contribución relativa por especies.
FAO

Todos estos prejuicios aparecen sin siquiera haber nombrado a los propios animales y, en definitiva, al bienestar animal. "La ganadería industrial, lo que pretende, es producir mucho, rápido y barato. Esto lleva a unos modelos industrializados donde los animales cada vez están en mayor número y cada vez más hacinados", asevera. Según apunta, en España, en 2020, se sacrificaron 910 millones de animales. "Más que todas las personas que existen en la UE", destaca, añadiendo que eso supone unos 1.700 animales sacrificados al minuto. "Y claro, todo ello contribuye a lo anterior: se requiere más espacio para producir alimentos, lo que causa más deforestación. Más animales, más excrementos, más emisiones, más contaminación del agua, etc.”, concluye.

Abogar por la sostenibilidad es posible

Entonces, ¿puede persistir el consumo de carne sin perjudicar al planeta? Sí. Los expertos señalan múltiples soluciones, empezando por la responsabilidad individual. "Reducir el consumo de carne y otros derivados animales, y que aquella poca que consumamos, que provenga de la ganadería ecológica y extensiva", afirma Luis Ferreirim.

Pero ese esfuerzo de la propia ciudadanía debe ir unido a la voluntad de la comunidad y de las administraciones nacionales. "Es fundamental establecer una moratoria a la ganadería para frenar esa expansión descontrolada en España. Asimismo, tenemos tal cantidad de animales que es necesario reducir el intensivo. Otro aspecto fundamental es aplicar criterios de reducción de consumo de carne y promocional los productos sostenibles".

Ahora bien, ahí entra un debate muy extendido entre la población. ¿Es todo lo sostenible más caro? Según Ferreirim, "en aquellos productos que no son sostenibles, los más asequibles, no se está contabilizando los costes externos. Es decir, lo que está suponiendo para el cambio climático, lo que nos cuesta en sanidad, la contaminación de las aguas… todo eso lo tienen internalizado en sus prácticas la ganadería ecológica".

"Y por último, habría que actualizar las guías nutricionales y adaptarlas a la realidad. No solo a la sanitaria, sino también a la medioambiental", apunta.En definitiva, el experto lamenta que a día de hoy todavía no haya una política agraria común que realmente vele por la reducción de la contaminación derivada del sector ganadero.

España, uno de los mayores productores y exportadores

Lejos de reducirse, la producción cárnica se ha multiplicado en los últimos años y, solo en 2020, se produjo un total de 7,6 millones de toneladas de carne en España, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

De hecho, España ocupa el segundo lugar en la producción de carne, uno de los sectores económicos más importantes de la agricultura y ganadería de la Unión Europea. Esto se traduce en que, a nivel nacional, la industria cárnica sea el cuarto sector industrial de nuestro país (solo por detrás de la automovilística, la del petróleo y combustibles o el suministro de energía). 

Es, de esta forma, una potencia exportadora de referencia, que año a año va superando con creces sus récords de toneladas vendidas. En 2020 las ventas de carnes y productos cárnicos de todo tipo alcanzaron los 8.680 millones de euros (un 15% más que el año anterior), exportando un total de 2,07 millones de toneladas de carnes y despojos (21,5% más que en 2019) y 200.000 toneladas de productos elaborados (2,6% más).

Además, la producción de las cerca de 3.000 empresas distribuidas por todo el país supone el 2,32% del PIB total español, el 16,2% del PIB de la rama industrial y el 4,2% de la facturación total de toda la industria española, según datos de la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España (ANICE).

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