Pereza
El grupo madrileño Pereza. JORGE PARÍS
Pusieron un pie en Argentina y se enamoraron. Ocurrió hace sólo unos meses y hoy lo recuerdan con un libro-disco de edición limitada llamado Baires (Sony Music). Pereza -o Rubén y Leiva- estuvieron de gira en un país en el que no les conocía "ni Cristo". Volver al anonimato les encantó, y les dio tiempo para ir al fútbol, tatuarse o recorrer las calles que Calamaro menciona en sus canciones.  

¿Cuánto dinero se han dejado en editar Baires?
Leiva (L):
No sé los numeritos. Pero te puedo asegurar que no es una jugada rentable. Y eso es muy representativo de la carrera de un grupo, porque no siempre sales ganando. Mola mucho, porque para nosotros el éxito es poder elegir estas cosas.

Y también es un regalo para la gente…
L:
Yo como consumidor de música y fan de un montón de grupos, creo que siempre tratas de hacer cosas que a ti te gustaría ver. Si sale un documental de Bob Dylan con un libro de fotos suyas y un cedé de canciones inéditas, seguro que me encantaría.

Al venir de Argentina nos encontramos con que teníamos mucho material audiovisual, fotos, de grabaciones, para hacer algo especial

¿Hasta dónde se han implicado?
Rubén (R):
Nos ha costado unos dos meses. Al venir de Argentina nos encontramos con que teníamos mucho material audiovisual, fotos, de grabaciones, para hacer algo especial. Y hemos trabajado con una gente que se llama Boa Mixtura, conocidos por ser grafiteros artísticos, que nos han ayudado en la presentación. Hasta han retocado fotos con pinceles mojados en café con leche.

¿Cómo se conquista de cero a un público?
L:
En Argentina no nos conocía ni Cristo, nos fuimos con el pico y la pala, a volver desde abajo a tocar en clubes pequeños, a telonear a grupos como Los ratones paranoicos, que son como los Rolling Stones de allí, a actuar para nadie o muy poca gente. Es un recordatorio de quién eres y de dónde vienes.

Iban de segundones…
L:
Hemos vuelto al anonimato, a tener que convencer porque no teníamos todo el pescado vendido. Llegábamos a hacer entrevistas y nadie sabía quiénes éramos. Hemos tenido que ganarnos los aplausos de la gente, eso te ilusiona y te revitaliza un montón, y más en Argentina, que está lleno de fotografías y de referentes nuestros.

¿La fama internacional no pesa?
R:
Supongo que si estás en esto buscas que te escuche el mayor número de gente posible que esté en tu onda, por decirlo así. Es de puta madre, después de muchos años trabajando en España, la idea de saltar el charco, con esa frase textual. Y para nosotros, los músicos que hay en Argentina son el referente del rock en castellano, como Charly García, Calamaro, Ariel. Nos hacía especial ilusión y a nivel personal nos apetecía conocerlo, nos llamaba más la atención que, por ejemplo, Costa Rica.

En España son omnipresentes…
L: Hay un poco de hiperactividad natural. En cuanto a colaboraciones, la verdad es que tenemos un porrón de amigos en la música, porque hemos empezado desde abajo, abriendo los shows de mucha gente. Es una cosa bonita, pero hay que empezar a dosificar con quién sí y con quién no, aunque sólo hagamos lo que nos mola.

No serán adictos al trabajo…
L:
Tengo un colega que me dice: "Tío, ten cuidado, que un día te vas a pinchar en vena arenilla de un cable de guitarra…". (Risas de Rubén) Sí, tenemos pasión por nuestro trabajo.

En agosto ya tienen nuevo disco…
R:
Se va a llamar Aviones y es un disco de corazón acústico. Por definirlo con un adjetivo, será tranquilo, y una vez más hemos hecho lo que nos apetecía. Nos han ido brotando canciones más reposadas, que no lentas. Siempre hemos tenido medios tiempos, pero aquí es sobre todo eso. Y también hay instrumentos que no solíamos utilizar, como el banjo, la mandolina e incluso la steel guitar.

Volviendo a Buenos Aires… ¿disfrutaron la ciudad?
L:
Las fotos que hay en el libro son nuestras. Sobre todo fuimos a calles y plazas que aparecen en canciones de Andrés y Charly, a ver al San Lorenzo de fútbol, nos empapamos. Estuvimos dentro, no como en España, que llegas a la ciudad, haces la prueba de sonido, te duchas en el hotel, tocas y te piras.


¿Cómo la encontraron?
L:
La ciudad está mejor. Ya no es más barato que España, los precios están igual. Es un poco Madrid en los años 70, pero se están recuperando. Y tienen un nivel artístico de la hostia, en cultura, música, pintura, exposiciones, etc. Son muy activos, tienen la manera de luchar contra lo malo. Y eso se respira.

Y todos los taxistas son familia de Borges…
L:
(Risas) Eso es muy bueno, pero mola, porque te subes en un taxi y de repente tienen un disco de Charly García. Realmente la cultura de rock y pop no es minoritaria.

R: Respetan el aura que tenía al principio, cuando la música era algo popular de verdad, algo que aún no habían absorbido los mass media. Cuando hay un grupo auténtico, acaban llenando La Bombonera siete veces seguidas, y la gente responde a eso y no a lo que le ponen en la radio las grandes discográficas.

Nuestra eterna carencia…
L:
Los estadios los llenan Sabina o Serrat, y aquí en España hay mucho prejuicio, porque nunca van a coincidir en gustos un indie y uno al que le gusta el pop. Allí hay figuras que están por encima de todo. Lo lees en la prensa y se palpa, no hay un rollo de 'aquí somos guays y tendenciosos'.

Hasta usted (Leiva) se tatuó Baires en el brazo…
L:
Tenía muchos vínculos con Argentina y en un momento de éxtasis decidí hacérmelo para recordar esa primera vez. El típico imbécil que hace una tontería...

¿Tienen alguna canción mala?
L: Hostia, pues no hay un ministerio de lo bueno y lo malo. Para nosotros Dylan canta bien, pero hay gente a la que le parece un ratón ladrando. Creo que nuestras cosas no son ni muy buenas ni muy malas.

¿Le ponen cara o edad a su público?
R: A veces te sorprendes, e incluso cuando estás de gira ves una madre con su hija y las dos son fans.

¿Qué les dan en la Alameda de Osuna para que todos salgan músicos?
L: (Risas) Parte de culpa la tiene Buenas Noches Rose, la banda que empezó con todo. Éramos un barrio en el que todos los chavales teníamos una banda y nos gustaban los Black Crowes, Rod Stewart o los Stones. No sé a qué responde, pero nosotros ya tocábamos en el Siroco, en el Laboratorio, etc. Ahora está unido que haya problemas para tocar y ensayar a que haya cada vez más nivel artístico y más grupos, porque es cierto que las leyes no acompañan nada.

R: Nos dan válvulas y cables (Risas). En los sitios de reunión siempre había una guitarra, y al tenerla cerca… Es como los heavies, que se bajaban con el loro.

Pues ahora el loro es el móvil…
R: Totalmente. El loro tenía por lo menos unos graves, pero el móvil…

L: Lo de los politonos me parece un cáncer. Yo nunca he visto a nadie escuchar música en el móvil, pero hay mp3 en los que caben hasta 6.000 canciones y no me creo que la gente escuche todo eso…

¿Se siguen acostando tarde?
R: Cuando toca, aunque también nos levantamos muy pronto.

Lo que nos molaba del 'Guitar Hero' era formar parte del repertorio, porque está lleno de clásicos del rock

¿Le dan a la consola después de entrar en el Guitar Hero?
L: No. Lo que nos molaba era formar parte del repertorio, porque está lleno de clásicos del rock. Pero es como si sale un programa de periodismo, tú no lo harías. Es mejor jugando a eso el que no sabe tocar. Pero es preferible a matar marcianillos.

R: Hay uno de batería que se parece algo más, porque sale un patrón rítmico, pero en la guitarra no tiene nada que ver.

¿Son de coleccionar guitarras?
L: Sí, nos gustan mucho las guitarras antiguas, pero igual que comprar vinilos. Somos muy románticos de todo eso, aunque ahora con la era digital hay que adaptarse. Coleccionamos guitarras dentro del sentido común, tenemos 10 o 15 cada uno; somos frikis, pero es como coleccionar ferraris, no creo que puedas tener muchos.

BIO. Leiva (voz y bajo) y Rubén (guitarra y voz) son Pereza. Son la Alameda de Osuna, un barrio de Madrid. Publicaron su primer álbum en 2001 y en agosto lanzarán Aviones, un álbum "con corazón acústico".