Jóvenes voluntarios, el motor de la sociedad en tiempos de crisis

  • Muchos jóvenes han asumido un "papel fundamental" en asociaciones vecinales y de ayuda social durante la pandemia.
  • “En cualquier momento puedes ser tú quien esté solicitando comida para poder vivir”, afirma Daniel, voluntario de Somos Tribu Vallekas.
  • La red de vecinos Somos Tribu Vallekas ha sido galardonada con el Premio Ciudadano Europeo 2020 por su labor social durante la pandemia del Covid-19.
Daniel (22 años) ayuda en una de las despensas de Somos Tribu Vallecas, en Entrevías - El Pozo.
Daniel (22 años) ayuda en una de las despensas de Somos Tribu Vallecas, en Entrevías - El Pozo.
Jorge París | Jorge Paris

La pandemia ha lastrado la economía de miles de familias en Madrid, muchas de ellas se han visto en situaciones delicadas que, seguramente, nunca se habían podido imaginar. Es por ello, que acudir cada sábado a una despensa de reparto de comida no es una situación agradable. Las colas del hambre o de la vergüenza, como ya se catalogaron en los meses más duros de la crisis sanitaria, no han cesado. Pero para contrarrestar esta coyuntura, la figura de los jóvenes voluntarios de las diferentes asociaciones vecinales es esencial para que todo el proceso de reparto y ayuda sea efectivo cada fin de semana.

Los jóvenes no parten de una situación privilegiada, aún siendo la generación más preparada, la precariedad y el desempleo vislumbran un futuro incierto. Según los últimos datos de Eurostat correspondientes al mes de abril, España tiene una tasa de paro juvenil del 38%, es decir, más de veinte puntos superior a la media de la Unión Europea. No obstante, conscientes de esta realidad, los jóvenes voluntarios no tienen ningún inconveniente en echar una mano al vecino, ya sea repartiendo comida en su tiempo libre o aguardando en las puertas de los supermercados a la espera de que alguien generoso les done cualquier tipo de producto básico.

Adrián y Daniel colaboran en el reparto de comida en la despensa de Entrevías - El Pozo.
Adrián y Daniel colaboran en el reparto de comida en la despensa de Entrevías - El Pozo.
Jorge París | Jorge Paris

Referentes de la ayuda vecinal

Adrián y Daniel son amigos de toda la vida, ambos tienen 22 años y son integrantes de la despensa Entrevías - El Pozo, uno de los cinco puntos de reparto de comida y productos básicos pertenecientes a Somos Tribu Vallekas. Una organización vecinal que acaba de ganar el Premio Ciudadano Europeo 2020 -galardón que concede el Parlamento Europeo-, por su labor social en este distrito del sur de Madrid durante la pandemia del Covid-19, cuando se creó esta red de apoyo vecinal.

Adrián y Daniel están dispuestos a ayudar al de al lado, a su vecino, más allá de que su situación personal, a nivel laboral, esté rodeada de incertidumbre y precariedad. Adrián ha terminado sus estudios y ahora trabaja en una distribuidora de bicicletas, su objetivo es ahorrar todo lo posible para poder alquilar o comprar un piso, pero es consciente de la realidad y las dificultades que esto supone. “Las cosas para nosotros están difíciles, no terminamos de ver la luz al final del túnel”, asegura Adrián con cierta frustración, quien encuentra un “refugio” en la despensa. “Es un sitio en el que te puedes evadir de toda la mierda que hay fuera, te alivia (sic)”, apunta.

En el caso de Daniel, ahora cursa un Grado Superior de Comercio Internacional y los fines de semana trabaja para sacar un dinero que le ayude a pagar sus gastos básicos. No obstante, la situación no es la mejor posible. “Al final lo que hay es trabajo precario, yo voy un mes y no sé hasta el último día si me van a renovar para el siguiente”, cuenta el joven voluntario. Por suerte, el tiempo que Daniel pasa en Somos Tribu Vallekas “no es un sacrificio, sino una forma de ocio”.

Adrián (22 años), uno de los fundadores de Somos Tribu Vallekas.
Adrián (22 años), uno de los fundadores de Somos Tribu Vallekas.
Jorge París | Jorge Paris

Todos los sábados por la mañana ayudan a repartir comida a sus vecinos. Adrián es uno de los fundadores, lo que le ha llevado a colaborar es una simple cuestión de “necesidad “ y porque “en cualquier momento puedes ser tú quien esté solicitando comida para poder vivir”. El joven cuenta que se organizaron “de la noche a la mañana”, no había tiempo que perder ante una situación tan extraordinaria y delicada.

La diferencia de demanda entre los meses más duros de la pandemia y la actualidad no está en los productos, sino en el perfil de personas que acuden a la despensa. “En marzo de 2020 era gente que no tenía nada, que directamente su situación ya era grave. Y ahora lo que estamos viendo es un tipo de gente que nunca en su vida ha vivido mal o ha estado en situaciones extremadamente graves, es decir, gente que se ha quedado sin ahorros o que han perdido el trabajo”, explica Adrián.

La labor de los jóvenes voluntarios de Somos Tribu Vallekas es fundamental para que los productos lleguen a tiempo a la despensa y se puedan repartir cada sábado. “Los jóvenes de la asociación nos encargamos de recoger los alimentos y traerlos a la despensa”, relata Daniel. En total, son más de 30 jóvenes voluntarios los que forman parte de esta red, reconocida a nivel continental.

Existen varias maneras para conseguir estos alimentos y objetos básicos. Una de ellas es la “Operación carrito”, que consiste en ponerse en la puerta del supermercado y esperar que algún vecino done parte de su compra. “Es el vecino el que ayuda, desde el que aporta un paquete de arroz hasta el que dona un carro valorado en 300 euros”, afirma Adrián, en una declaración que está relacionada con el lema de Somos Tribu Vallekas: “Solo el pueblo salva al pueblo”.

La labor de difusión es esencial en un mundo cada vez más digitalizado, y en este campo entra en juego la destreza de los jóvenes en redes sociales para llegar a más gente. “No tenemos una cuenta común de Instagram, pero desde nuestros perfiles personales sí que subimos fotos y vídeos de cuando venimos a ayudar y hay mucha gente se interesa”, apunta Daniel.

Omar (20 años), voluntario de la Asociación Grupo Vecinal de Las Águilas.
Omar (20 años), voluntario de la Asociación Grupo Vecinal de Las Águilas.
Jorge París | Jorge Paris

Objetivo: Evitar la vergüenza

Las ya famosas colas del hambre se hicieron populares durante los meses más críticos de la pandemia, las familias acudían a las diferentes despensas de repartos de alimentos para poder dar de comer a sus hijos. Las fotografías publicadas durante semanas en los diferentes medios con centenares de personas a la espera de recibir cualquier tipo de producto básico se convirtieron en un tema relevante, que estaba en boca de todos y que, por supuesto, había que contrarrestar. La solución no iba a venir de ninguna institución, pero sí de la ayuda de los vecinos, y en gran parte, de los jóvenes voluntarios.

Omar es un voluntario de 20 años, que se encuentra a la espera de saber si finalmente puede estudiar Enfermería, dedica parte de su tiempo libre a ayudar como voluntario en la Asociación Grupo Vecinal de Las Águilas (distrito de Latina). El joven explica el sentir de las familias que acuden a la despensa en busca de comida y productos de primera necesidad. “Intentamos evitar que haya grandes colas porque entendemos que es una situación complicada, en la que se pasa vergüenza”, asegura.

Para eludir esta “dura” coyuntura, Omar explica cómo funciona la asociación. Esta ha diseñado un sistema para que “no se formen largas colas en la puerta”, que consiste en citar a las personas por franjas horarias con una duración de 15 minutos. Para ello, cada semana se envía un mensaje de difusión por WhatsApp para que los interesados confirmen su cita.

Omar coloca productos para bebés en la despensa de la Asociación Grupo Vecinal de Las Águilas.
Omar coloca productos para bebés en la despensa de la Asociación Grupo Vecinal de Las Águilas.
Jorge París | Jorge Paris

Previamente, las familias deben estar registradas, por medio de una ficha en la que deben responder a diferentes cuestiones, como si están recibiendo algún tipo de ayuda, qué ingresos y qué gastos tienen, cuántos hijos tienen, o incluso qué alergias o intolerancias alimenticias padecen. De esta manera, la red se asegura una gestión más “ordenada” y que “ayude a entender su situación”.

Omar considera que el papel de los jóvenes en estas tareas de ayuda social debe ser el mismo que el de personas de otras edades, que se les debe tener más en cuenta para que haya diferentes puntos de vista a la hora de aportar ideas y afrontar cada situación desde un prisma más amplio. “Tener diferentes grupos y que cada uno tenga sus propias vivencias hace que haya cierta diversidad y eso es importante a la hora de que cada uno exprese su opinión dentro de la asociación porque nos ayuda a tomar mejores decisiones”, señala el voluntario.

La importancia en el ámbito público

Quique Villalobos, presidente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), asegura que el papel de los jóvenes ha sido “fundamental” durante el último año, en un escenario excepcional y sin precedentes. “En la pandemia, al no ser población de riesgo, asumieron una serie de tareas e iniciativas”, apunta.

“La disposición, las propuestas a la hora de intervenir en muchas situaciones surgieron de jóvenes voluntarios”, comenta Villalobos, quien añade que un factor diferencial de estos ha sido el uso de las tecnologías, “el manejo en redes sociales ha amplificado muchísimo el trabajo de las asociaciones vecinales”.

Omar ordena algunos productos en la despensa de Las Águilas.
Omar ordena algunos productos en la despensa de Las Águilas.
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El presidente de la FRAVM hace hincapié en establecer en un aspecto positivo la figura del joven en el debate público. “A menudo, las personas que tienen poder se perpetúan en su posición y, por ende, se margina al que menos tiene”, señala, y añade que en el caso de los jóvenes, se les utiliza como “mano de obra, o lo que es lo mismo, gente a la que tienen que ordenar o decir lo que deben hacer, cuando, precisamente, son una generación muy bien preparada”. Pero en líneas generales no se valora esto último, sino que, según Villalobos, “se les posterga continuamente en el acceso a ciertas responsabilidades como si no fueran capaces de poder hacerlas”.

“De una manera bastante torpe, en la adultez, se tiende a desaprovechar la potencialidad de los jóvenes, y eso no se debería hacer. Tarde o temprano, la juventud está llamada a tener un mayor peso”, explica Villalobos. “Ser conscientes de que podían ser útiles para abordar ciertas dificultades les ha ayudado a empoderarse, y no creo que eso caiga en sacos rotos durante los próximos tiempos. Ellos tienen ganas y confianza de asumir mayores responsabilidades”, concluye el presidente de la FRAVM.

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