Entrevista | DJ Nano: "Ser 'disc jockey' es mucho más que poner dos canciones, eso lo puede hacer cualquier persona"

  • El madrileño, el DJ de referencia en España, explica en 'Al otro lado de la cabina' el secreto de su éxito y anécdotas de una vida entre platos y mesas de mezclas.
El artista musical DJ Nano.
El artista musical DJ Nano.
JORGE PARÍS

Es uno de los DJ más reputados del panorama nacional y uno de nuestros artistas más internacionales. Encarna la historia de la música electrónica en España, siendo la cara visible de un movimiento a menudo hermético, pero que ha logrado hacerse un hueco por derecho propio en la industria. 

Cuenta en el libro que la música le salvó en un momento complicado de su vida. ¿En qué sentido? A ciertas edades, los caminos y las amistades que coges no son las más correctas. Ese es el miedo de todos los padres. Siendo muy jovencito, a mí me encantaba irme con quien no debía, era muy peleón, y la música me salvó en el sentido de que, cuando la encontré, decidí dedicarme en cuerpo y alma a ella y, además, de una manera muy profesional. Encontré mi verdadera pasión.

O sea, no hizo del ocio su profesión, como se podría pensar. No, qué va. Nunca he sido muy discotequero. En discotecas o en eventos, desde que toqué música electrónica, siempre ha sido trabajando. De hecho yo escuchaba hip hop, me gustaba el rap de aquella época, el rock... Y, de pronto, tuve un amor a primera vista con ese sonido. Pero no de una manera discotequera, sino musical, así que quise aprender rápidamente lo máximo posible.

¿No tenía un plan B lejos de la música? Mi plan B era estudiar. Yo empecé la carrera de publicidad, pero enseguida me di cuenta de que, de verdad, quería trabajar en la música. No desde la cabina, sino desde la producción y la dirección, que es algo que luego he seguido haciendo en mis propios eventos. 

"Tuve un amor a primera vista con la música electrónica"

25 años de carrera. ¿Se los esperaba así? No, ni muchos menos. Hace 25 años todo era muy poco profesional. Éramos muy jóvenes y, en aquel entonces, yo lo único que quería hacer era poner discos, disfrutar del momento y poco más. No tenías miras de futuro, ni muchísimos menos. Todo ha sido como muy progresivo. Son muchos años después cuando te das cuenta de que todo es mucho más serio de lo que esperabas.

¿Siente que ha vivido muy deprisa? No ha pasado rápido. Han sido 25 años muy vividos, pero los he disfrutado muchísimo. ¡Rápido pasan las cosas cuando tienes un hijo!

¿Fue difícil ser adolescente en la España de los ochenta? Estábamos en la transición, donde, de pronto, hubo una explosión cultural, musical y cierta alegría con las drogas. Por lo tanto, sí era difícil ser adolescente. Yo he tenido mucha suerte de que a mí no me hayan gustado las drogas, ni para trabajar ni para mi vida. Creo que es uno de los grandísimos puntos buenos que he tenido y eso, a mí personalmente, me ha facilitado que pueda llevar tantos años trabajando a ese ritmo y con esa energía. Me ha pasado, ha habido un día que me he tomado tres copas y, al día siguiente, no soy persona. ¡Es que me sienta muy mal! Por eso digo que para mí ha sido una suerte que no me gustara todo ese mundo, sobre todo en esa época en la que había mucho desconocimiento y poca información y todo eso estaba a la orden del día.

Parece inevitable, cuando hablamos de ciertas épocas o trabajos, preguntar sobre las drogas. Yo lucho mucho contra eso, porque no es real. El mundo de la droga está en la sociedad en general. Sí que es verdad que la música electrónica nace de un circuito de gente muy pequeño que, entonces sí, estaba muy ligada e iba muy con ese nacimiento de las drogas de diseño. Y eso es lo que se ha quedado, pero no eso no es nuestra realidad. La música electrónica y la cultura DJ y de festivales se ha hecho muy grandes y muy masivas y la droga ahora es un problema de personas, hay quienes se drogan y hay quienes no. En mis festivales, te aseguro que hay mucha más gente que no consume que la que lo hace.

Sí era difícil ser adolescente en los ochenta. Estábamos en la transición, donde, de pronto, hubo una explosión cultural, musical y cierta alegría con las drogas"

Parafraseando el título del libro, ¿qué hay al otro lado de la cabina? Mucho trabajo. Para llegar a esa cabina hay que hacer antes muchísimas cosas. La actuación, lo que ve la gente, es un regalo que te da esta profesión, pero hasta que llegas a ello hay un trabajo previo brutal, tanto en la parte personal como profesional. Lo que no ve la gente son las horas de radio, de estudio, sin dormir y comiendo mal.

Y para usted, ¿Es más importante lo que pasa dentro o fuera de ella? El momento de la actuación es un momento de sensaciones increíbles, tanto por mi parte como por la del público. Sensaciones que, además, las percibes perfectamente, al igual que ellos perciben las tuyas. Es difícil de explicar cuando no lo has vivido, pero esa comunión existe realmente. De ahí una buena sesión o una mala sesión, que la gente te entienda o no. Ser disc jockey es mucho más que poner dos canciones, eso lo puede hacer cualquier persona. Y ahí entran en juego muchas más cosas, como una actitud, una energía, una psicología absoluta, y, sobre todo, es muy importante que el público note que lo que estás haciendo es real. Yo sigo viviendo la música como el primer día y el día que yo deje de sentir esas emociones se habrá acabado todo, porque la gente no me entendería.

DJ Nano.
DJ Nano.
JORGE PARÍS

¿Cómo ha cambiado la figura del DJ en estos 25 años? Nosotros empezamos en cabinas oscuras, en una esquina de una discoteca, y la gente no nos hacía ni puñetero caso más que para pedirnos una canción. La evolución del DJ se ha ido dando a la par que la de la música electrónica en la sociedad. Ya no es una música de discotecas ni de festivales, ahora está en todos los lados. Yo me siento muy orgulloso de eso que ha ocurrido y de haberlo vivido. En estos años creo que ha habido momentos muy significativos y figuras que han hecho que la música electrónica sea ahora lo que es, un estilo más: DJ Tiesto pinchando en unos Juegos Olímpicos, David Guetta cogiendo artistas de otros estilos y los trae a la electrónica...

"Los DJ empezamos en cabinas oscuras, en una esquina de una discoteca, y la gente no nos hacía ni puñetero caso más que para pedirnos una canción"

¿Cuál es el secreto para llegar a ser un referente? No lo sé. Tengo la suerte de, no solo no haber perdido la ilusión, sino encontrarme con más energía que nunca. Tengo muchas ganas de hacer muchas cosas. He tenido suerte, porque el público me ha entendido. Yo soy supervisceral, si veía que algo no funcionaba, lo cambiaba. Y eso me ha llevado a cometer errores. Pero, al final, la gente lo ha entendido, permitiéndome que haya esa renovación, esos cambios de ciclo, y que la gente siguiera viniendo a verme. 

¿Nunca se sintió el rey del mambo o temió perder la cabeza? No (ríe). En mi caso todo ha sido muy escalonado y, creo, eso pasa cuando el éxito te llega de golpe. Tenemos ejemplos de grandes figuras a las que les ha pasado, como Avicci. No me creo el rey del mambo porque no soy el rey del mambo. Mañana puede que tenga cuatro cagadas seguidas que el público no entienda y se dará la vuelta y se irá. Hay que tener los pies en el suelo.

"El problema de esta profesión, como de la música en general, es que, con la tecnología, ahora parece que todo el mundo puede hacer esto"

Ahora que nombra a Avicci (exitoso DJ que se suicidó en 2018 con solo 28 años), se habla mucho de la soledad del DJ del enorme desgaste físico y psíquico de esta profesión. ¿Cómo se aguanta? Cuidándote y con mucha disciplina. Hay que estar muy centrado, es la única manera de poder llevar ese ritmo. Yo ahora, con 44 años, es cuando más trabajo tengo, pero, no sé si por genética o porque me cuido, lo puedo aguantar, aunque no sé hasta cuándo.

dj nano

  • Madrileño de 44 años, José Luis Garana de los Cobos inicia su carrera a principios de los 90, influenciado por las tendencias musicales de las salas de Madrid, donde trabaja como promotor. Pero pronto se dio cuenta de que lo suyo era estar tras los platos, donde ha triunfado pinchando en las mejores discotecas del país y con exitosos proyectos propios como Söniquê y macroproducciones como Oro Viejo y Popland, Ha trabajado también como presentador en radio y televisión.

¿Hay intrusismo en el mundo del DJ? Yo creo que todo el mundo es libre de hacer lo que quiera, pero, para eso, tiene que formarse. El problema que tiene esta profesión, como con la música en general, es que, con la tecnología, ahora parece que todo el mundo puede hacer esto, y no, ser DJ es mucho más. Si alguien se quiere dedicar profesionalmente a esto, yo le pediría que se forme, que trabaje mucho y que respete mucho la profesión, porque durante muchos años sí parecía que no lo había, pero eso dura lo que dura. El público no es tonto.

Su objetivo, dice en el libro, es ir a más, a realizar grandes eventos. ¿Se está perdiendo la cultura de club? Sí, y me da mucha pena, porque yo vengo de ser DJ residente de muchas salas. Eso se está perdiendo. En España son muy pocos ya los clubs que de verdad programan y es una pena, pero también entiendo que es una evolución. La forma de consumir la forma electrónica va variando, ahora se buscan los grandes espectáculos. Yo creo que la cultura de club volverá, pero no como antes. 

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