Las dos caras de un narrador

Salvador Gutiérrez Solís escribe su 'Ciudadano Kane'
'El orden de la memoria'
'El orden de la memoria'
Kritipop

El orden de la memoria es también el caos de hoy: un libro sobre las falsas apariencias.

De todas las fotografías que dispara Eloy Granero se imprimen dos copias: una que él recoge y almacena, y otra para Claudia, la encargada de la tienda de fotografía en la que Granero revela desde hace veinte años que las guarda sin confesar nada a nadie. Mencionaríamos thriller de conocer estos datos y pensar, por ejemplo, que Eloy Granero es profesor de instituto y un muy corriente padre de familia; pero su apellido coincide con el de los grandes almacenes que tienen la mayor cifra de facturación del país, y su despacho domina la sede central, empequeñeciendo la palabra ‘intriga’.

Una novela bipolar

En Salvador Gutiérrez Solís (Córdoba, 1968, aunque reside en Sevilla) conviven el Doctor Jekyll, un aplicado narrador que entrega a imprenta casi una novela por año, y el Señor Hyde, un enloquecido artista que no desdeña temas incómodos, piruetas de estilo. Títulos anteriores, como los publicados durante su etapa con la editorial DVD (La novela de un novelista malaleche, Spin off, Más de mil bestias atrapadas en un punto) o el libro de culto —por distinto, y por mal distribuido— La fiebre del mercurio, allanaron el camino para esta nueva obra,El orden de la memoria, la armonía entre el Gutiérrez Solís más libre y gamberro, y el que teclea con vocación más comercial (El sentimiento cautivo, Barnaby Conrad).

El presidente de Almacenes Granero ignora que atrapa su memoria al pulsar un botón, que la encierra en los tubos de plástico rescatados quince años después; no sabe que los revelará por una confusión, que con ellos sacará también a la luz secretos que lograba olvidar «casi siempre», que «tanto el tiempo como la fotografía juegan en su contra, están ahí recordándole lo que es, lo que será», según ha declarado el mismo Gutiérrez Solís sobre su protagonista.

Eloy Granero negocia su segundo divorcio, sale por las noches y miente sobre su profesión para ligar sin consecuencias, corteja a la periodista que se encarga de un reportaje sobre él para Gente, ama la vida y ama la infidelidad. Lo que se espera de él, casi; una madre tiránica, que aún controla la empresa desde la finca familiar, una hermana con más talento que él pero discriminada por ser mujer, y una conocida —Claudia— que colecciona en silencio todos sus recuerdos. Y en el negativo de la fotografía, la oscuridad: la obsesión por el sexo pagado, violento, la pérdida de la razón, los episodios guardados en cajas —junto a instantáneas de fiestas y paisajes—, las mujeres muertas cuyos nombres e historias se confunden. Y, mientras tanto, un monumento al flashback y a la estructura cinematográfica: un salto del presente al pasado, de la descripción —las rutinas de Eloy Granero: en la oficina, en el bar, en las citas— a la narración y al puro diálogo, igual que si se tratara de fotografías cayendo de una caja, en un baile de caos, desordenando con ellas la memoria.

El orden de la memoria. Destino / 304 páginas / 18,50 euros

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