23.548 personas fueron atendidas por alcoholismo en 2008 en Castilla y León

  • La mayoría en Atención Primaria.
  • «Los problemas con el alcohol, por desgracia, aumentan y no disminuyen», dice el consejero de Sanidad.
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Un grupo de jóvenes consume alcohol.
Un grupo de jóvenes consume alcohol.
EFE

Hay poca aceptación del borracho, pero se ve como algo normal cogerse el puntillo cada fin de semana o tomarse unas cañas, unos vinos o unas copas, a pesar de que el alcohol es un potente tóxico.

Muy pocos de los que tienen estas rutinas entienden que pueden llegar a ser un problema, algo que ya ha sucedido con las 23.548 personas que durante el año pasado fueron tratadas en los hospitales de la región  por problemas graves con el alcohol. El 88% eran hombres.

La mayoría de ellos, 21.867,  llegaron a los médicos de Atención Primaria, que se encargaron de identificar y comenzar un tratamiento del problema. Valladolid fue la provincia con más casos registrados, 5.296.

«Desgraciadamente los problemas con el alcohol no disminuyen con los años, sino que aumentan», lamentó el consejero de Sanidad, Javier Álvarez Guisasola, quien recalcó que lo importante es realizar una buena prevención y campañas de información en los colegios.

Guisasola dio a conocer estos datos durante la celebración del 74 aniversario de la asociación Alcohólicos Anónimos, una entidad que cuenta con ocho grupos de trabajo en la Comunidad para atender a los ciudadanos con problemas.

«Lo importante es que cuentas con el apoyo de gente que sabe exactamente qué es lo que te pasa y que ha pasado por todos los problemas que supone ser alcohólico», reconoció su presidente, Primitivo José Cachero.

«El alcoholismo afecta a toda la sociedad, porque está detrás de muchos actos violentos», finalizó.

La vida de un alcohólico

Gerardo. 51 años. «Yo quería ser un bebedor social»

Lleva diez años dentro de Alcohólicos Anónimos y en ese tiempo ha conseguido recuperar su vida, su trabajo y su familia. «Empecé a beber, como muchos, a los 16 años aunque los problemas empezaron a los 25 cuando me casé y tuve a mi hijo». Desde ese momento su lucha ha sido constante, «yo quería ser un bebedor social, pero no podía. Bajaba a tomar una caña al bar y luego me tiraba dos días borracho», lamenta.

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