El impuesto del 15% a las grandes empresas 'cambia' el mundo: "Seguir con el sistema fiscal actual es insostenible"

El presidente de EE UU, Joe Biden, en la Casa Blanca.
El presidente de EE UU, Joe Biden, en la Casa Blanca.
JIM LO SCALZO / EFE

Por excesiva que pueda parecer la afirmación, lo cierto es que el mundo ha cambiado con la pandemia y las políticas económicas están haciéndolo con el objetivo de salir de la crisis, dejando atrás las recetas de la Gran Recesión de 2008. Tanto es así que el pasado sábado las economías más desarrolladas del mundo, reunidas en el G7, llegaron a un acuerdo "histórico" sobre la reforma del sistema fiscal global, con un impuesto del 15% a las grandes corporaciones.

Uno de los mayores impulsores de esta política es el presidente estadounidense Joe Biden, que considera que los ricos "tienen que pagar su parte", no solo en el país, sino también a nivel global. Uno de los objetivos, como apuntó el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, es alcanzar "un mayor nivel de justicia social", y este impuesto puede ayudar a ello. En el otro lado, los países que tienen condiciones impositivas más ventajosas, como es el caso de Irlanda. Teniendo todos los componentes en cuenta, ¿qué puede provocar ese impuesto mínimo?

Luis Garvía, director del Máster en Riesgos Financieros de ICADE Business School, Ángeles Baeza, profesora de Finanzas de la Universidad de Granda, y Enrique Feás, investigador de Elcano, analizan para 20minutos los porqués y las consecuencias de esta medida, y hasta qué punto es viable o señala el fin de una era.

El sistema fiscal sigue siendo "industrial"

Para Garvía, la propuesta del impuesto "es un mensaje clarísimo y diáfano". El rumbo, dice, "ha cambiado" porque "hace dos años pensar que EE UU iba a proponer un cambio fiscal en esta dirección era increíble". Biden incluso quería llegar al 21% y se ha tenido que quedar en el 15%, fruto de la negociación entre los países. Para el experto, el sistema fiscal sigue siendo "industrial" cuando en realidad estamos "en un cambio de época" porque ya nos encontramos "en una era tecnológica". Por eso, ele G7 "se ha dado cuenta de que seguir con el sistema fiscal actual es insostenible", pues no piensa "en las grandes tecnológicas".

Feás sigue en esa línea y coincide en que el impuesto "va a salir seguro", porque, dice, "hay suficiente consenso como para que haya un acuerdo". Eso sí, el problema "puede estar en la letra pequeña", es decir, en las excepciones que se puedan hacer para determinados países. "En ese punto va a estar el riesgo", añade el experto.

Baeza coincide con el resto y, por su parte, cree que acuerdo del G7 "es el primer paso para un cambio fiscal a nivel internacional que necesariamente tiene que llegar en un mundo globalizado", sobre todo tras la crisis del coronavirus, que ha exigido un cambio en los planteamientos, los cuales han distado mucho de los que se dieron en la Gran Recesión. Baeza, eso sí, avisa de que el planteamiento todavía tiene que "confirmarlo el G20".

"El G7 lo que está diciendo es que la dirección es esta", prosigue Garvía, pero advierte que la situación "es compleja porque hay muchos matices" y que "del dicho al hecho hay mucho trecho" y que para aprobar este impuesto "hay que tener en cuenta que habrá mucho componente geopolítico". Además, no cree que los paraísos fiscales "estén en el foco", aunque se puedan ver afectados.

Garvía expresa que, por ejemplo, "Irlanda va a tener que subir un poco sus impuestos (ahora se sitúa en torno a un 12,5%) y probablemente irá a más". El mensaje, sentencia, tiene que ser que "pagar impuestos no es malo, sino que es necesario". El analista además espera que la propuesta del G7 sea "solo el primer paso" y que haya "más impuestos globales" hasta alcanzar la meta que es la "armonización fiscal internacional".

¿Trastoca en cierto modo los planes de la UE?

Queda otra pregunta: ¿cómo podría afectar este impuesto a nivel de la UE? Según Feás, trastoca un poco los planes del bloque porque se había puesto sobre la mesa la necesidad "un impuesto digital para financiar los fondos europeos, y es probable que estos recursos se queden a medias" una vez que quede aprobado el impuesto global.

Sobre los países que pueden estar más en el centro del debate, como son Irlanda, Países Bajos y Luxemburgo, Feás explica que "ya se habían acostumbrado a buscar soluciones porque sus herramientas 'especiales' -en términos de ventajas fiscales- estaban siendo prohibidas por la Comisión". Esas vías y esas prácticas "están en declive", por lo que es una pelea que, según el investigador, que estos Estados miembros "tienen perdida".

"Ni siquiera socialmente los votantes aceptan estas prácticas de sus gobiernos", concluye Feás, que además da otra clave: en el caso de Irlanda, "el colmo sería que bloqueara una solución consensuada después de que la UE diera la cara por ellos con el brexit". La conclusión que saca el analista es que no hay "una capacidad efectiva de bloqueo por parte de estos países".

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