La pandemia dispara la petición de ayuda entre las familias sevillanas

  • Cáritas atendió el pasado año a más de 17.700 familias, un 26,1% más que en 2019.
  • ​La alimentación y los recursos básicos copan la mayor parte de las solicitudes.
POBREZA, MENDIGO, POBRE
Una persona pidiendo en la calle. 
EUROPA PRESS

"Los pobres, aún más pobres". Con estas duras palabras resume Cáritas Diocesana el efecto que la crisis del coronavirus tuvo en las familias sevillanas durante el pasado año, cuando se agravó la situación de exclusión que muchos arrastraban desde hace tiempo, obligándoles a pedir ayuda, algunos por primera vez, para poder salir adelante.

Los precedentes, alerta la institución religiosa en su memoria de 2020, no eran buenos, ya que Andalucía contaba en 2019 con un millón y medio de personas en situación de exclusión social, de las que 770.000 vivían en exclusión severa. A ellos se sumaban otro millón de ciudadanos, la "sociedad insegura", que tenían recursos para cubrir sus necesidades, pero viviendo al borde de la exclusión y sin posibilidad de sobrevivir a una nueva crisis, que llegó en marzo del año pasado en forma de pandemia.

Durante 2020, Cáritas atendió en Sevilla a un total de 17.707 familias en situación de vulnerabilidad, un 26,1% más que el año anterior, lo que supuso algo más de 50.700 personas que se beneficiaron de las 126.111 intervenciones que en total llevó a cabo la institución. Estas últimas crecieron también casi un 19% en comparación a 2019. Más de 2.500 de estas familias residen en tres de las zonas más deprimidas de la ciudad: Polígono Sur, Torreblanca y Tres Barrios; y una de cada cuatro acudió a Cáritas por primera vez o después de más de un año sin haber necesitado ayuda.

La memoria, presentada este martes en la capital hispalense por el administrador apostólico de la Archidiócesis de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, y el director de Cáritas, Mariano Pérez de Ayala, revela que casi siete de cada diez actuaciones desarrolladas en 2020 estuvieron relacionadas con la alimentación y los recursos básicos, como la higiene y el vestido. Mientras, un 16,2% fueron solicitudes de información; un 6,95%, intervenciones en materia de vivienda (alquileres, hipotecas, equipamientos o suministros); un 3,4%, actuaciones relacionadas con la salud; y casi el 1%, con material escolar.

En cuanto al perfil de los solicitantes de ayuda, Cáritas explica que son, fundamentalmente, familias desempleadas de larga duración, dependientes de ayudas sociales o prestaciones no contributivas insuficientes y familias con menores a su cargo, gran parte de ellas monoparentales, separadas o en proceso de separación, con un bajo nivel de estudios y sin empleo o con trabajos precarios. Entre los perfiles más habituales también figuran las personas con problemas de salud menta, así como los migrantes con solicitud de asilo y protección internacional denegadas, con formación elevada, pero con trabajos puntuales en la economía sumergida. Además de la atención primaria, Cáritas también desarrolló el pasado año diversos programas de atención especializada (empleo, vivienda y seguridad social, mujer, infancia y juventud, etc.), en los que participaron 727 personas.

Para el conjunto de todas las actuaciones, la institución invirtió el año pasado más de 9,2 millones de euros, de los que 5,4 procedieron de Cáritas Diocesana y 3,8 de Cáritas parroquiales (251 en la provincia).

"La crisis social no termina con la sanitaria", advirtió la entidad, ya que "las redes de ayuda y los recursos continuarán acabándose para muchas personas y harán, previsiblemente, surgir nuevos perfiles en las demandas recibidas".

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