El ‘interrail’ soviético de una española durante el último verano de la URSS

  • La periodista y médica Sara Gutiérrez publica 'El último verano de la URSS', el relato del viaje que realizó hace treinta años por una URSS que se desmoronaba.
  • "Es como asistir a la caída del Imperio romano, como pasearme por un enorme escenario en el que se está rodando la superproducción más delirante de la historia sin que nadie repare en mi presencia”, escribe Gutiérrez sobre su viaje.
Sara Gutiérrez, en Odessa
Sara Gutiérrez, en 1991 y durante su viaje por la URSS, en la célebre escalera de Odessa, inmortalizada por El acorazado Potemkin.
CEDIDA POR LA AUTORA

Este 2021 se cumplen 30 años del final de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En aquel 1991 convulso, cuando las distintas repúblicas buscaban separarse del país que durante casi 70 años las había mantenido férreamente unidas y dos meses antes de que, en agosto, se produjera un intento de golpe de Estado contra Gorbachov, una joven española que estudiaba oftalmología en Járkov (Ucrania) decidió realizar un viaje en tren del mar Báltico al Negro en tren visitando distintas ciudades y repúblicas.

Esa española se llama Sara Gutiérrez, médica, traductora de ruso, periodista y escritora. Treinta años después de la caída de la URSS y de su viaje ha publicado El último verano de la URSS (Reino de Cordelia, 2021), donde relata aquella interesante, emotiva y, por momentos, divertida experiencia. A su texto, le acompañan ilustraciones de Pedro Arjona que se ha basado en los recuerdos, documentos y fotos de la autora.

“Apenas concluido ya me pareció que había sido extraordinario”, rememora Gutiérrez para 20minutos. La escribió hace 15 años, “para sacármela de la cabeza y conservar el recuerdo”, y hace unos meses, “buscando un proyecto que me ilusionara en estos tiempos tristes de pandemia”, su socia en la agencia Ingenio de Comunicación, Eva Orúe, le recordó el manuscrito y la posibilidad que se abría con el treinta aniversario.

Gutiérrez, que había llegado al país en 1989 y que seguiría por aquellas tierras hasta 1996, era becada y no podía desplazarse sin permiso ni alojarse en hoteles. Así que, con bastante arrojo, aprovechó el visado internacional que disponía para regresar a España por vacaciones, para volar a Leningrado y desde allí, ir encadenando trenes nocturnos -cuya venta de billetes y controles eran más laxos- para visitar Tallin, Riga, Vilna, Lvov, Kiev y Odessa.

En sus viajes, además de visitar esas siete ciudades y sus cinco repúblicas, se encontrará con un mundo que se desmorona y otro que nace: visitará Leningrado, apenas quince días después de ser renombrada como San Petesburgo; asistirá a manifestaciones por la independencia de las nuevas repúblicas; se cruzará con familias, soldados, víctimas del accidente de Chernóbil; hay incertidumbre, temor, hambre y corrupción… Y logra ofrecer un paisaje único de aquel momento histórico, de aquel final anticipado del siglo XX.

"Para mí" asegura en el libro aquella joven Gutiérrez, “es como asistir a la caída del Imperio romano, como pasearme por un enorme escenario en el que se está rodando la superproducción más delirante de la historia sin que nadie repare en mi presencia”. Y es, quizá, una de las descripciones más ajustadas de lo que se ve en ese viaje narrado.

Ilustración de Pedro Arjona para 'El último verano de la URSS'
Ilustración de Pedro Arjona para 'El último verano de la URSS'
PEDRO ARJONA / CEDIDO POR REINO DE CORDELIA

Una inesperada compañera

Sin embargo, la gran estrella, la que da una dimensión más humana e interesante, de aquel viaje es otra joven estudiante uzbeca, Yulduz que se unirá al viaje de la asturiana cual secundario que, un poco sin querer, roba el protagonismo.

“Yulduz es un personaje, una creación literaria inevitable, forzada por la personalidad arrolladora de la colega uzbeca que se sumó al viaje sin que yo, en principio, lo quisiera”, explica la autora. Es quizá la otra mirada de este viaje la que da más profundidad al relato. Una mujer que, en un momento dado, le explica a su colega española: “Para ti es un viaje más, una semana más de tu vida. Para mí siempre será el viaje, la semana que viví libre, como si fuera española”.

El último verano de la URSS
El último verano de la URSS
REINO DE CORDELIA

“De la real no sé nada desde 1996”, explica Gutiérrez. “La última vez que la vi, en su pueblo, atendía la consulta de oftalmología del hospital local y acababa de tener una niña. Seguía, igual que yo, recordando como uno de los hitos más importantes de su vida aquella semana en la que alegremente, con total libertad, habíamos cruzado el país de norte a sur, de mar a mar. Estaba feliz y orgullosa de que por fin sus parientes conocieran a su amiga española, y parecía haber descartado la posibilidad de visitar ella España. “Con tanta mudanza, perdimos el contacto, pero ojalá en algún momento volvamos a encontrarnos”, desea.

Y mientras tanto, El último verano de la URSS es aquel recuerdo, aquel viaje de una española y una uzbeca por un momento que, quizá intuyéndolo, pero no siendo del todo conscientes, sería capital para la historia del planeta. Aunque como en todo viaje de juventud, la amistad y las pequeñas anécdotas dejan más huella que los grandes hechos de alrededor.

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