Los jóvenes, diez años después del 15-M: misma precariedad, igual desafección política y dificultades para emanciparse

  • Aunque la tasa de paro juvenil se ha reducido en más de diez puntos desde 2011, sigue siendo la más alta de la UE.
  • Los jóvenes españoles tienen que destinar el 85% del salario a pagar un alquiler frente al 50% de hace diez años.
  • España es, junto a Portugal e Italia, el país de la Unión en el que más tarde se emancipan los jóvenes.
  • ESPECIAL | Diez años del 15: de la indignación a la falta de horizonte.
Radiografía en España 2011 / 2021
Radiografía en España 2011 / 2021
C. GÁMEZ

Han pasado ya diez años desde el 15-M. Una década en la que la situación de los jóvenes apenas ha cambiado. La crisis provocada por la pandemia de la Covid-19 ha reforzado un escenario de incertidumbre para una generación que no terminó de recuperarse de la Gran Recesión de 2008. La precariedad en los contratos, la desafección política, los salarios bajos o las dificultades para la emancipación siguen marcando el presente de la juventud española.

Una de las cifras más demoledoras en España es la tasa de paro juvenil. En los últimos 10 años ha caído diez puntos, pero sigue siendo la más alta de toda la UE. A finales de 2011 se situó en un 48,7% mientras que el último dato de Eurostat, correspondiente a marzo de 2021 la situaba en un 37,7%, todavía bastante por encima de Grecia, que es el segundo país con la tasa más alta, y en torno a veinte puntos por encima de la media de la UE.

Comparativa de cifras en 2011 y 2021.
Comparativa de cifras en 2011 y 2021.
CARLOS GÁMEZ

Una de las grandes críticas de los jóvenes españoles es que no han conocido otra cosa que no sea la crisis. Los nacidos en 1990 cumplieron la mayoría de edad en 2008, justo cuando se iniciaba la recesión anterior y los nacidos diez años después, en el 2000, recibieron la pandemia de Covid-19 con solo 20 años. Ese ciclo ha estancado las perspectivas de futuro de varias generaciones.

Peores sueldos: los jóvenes han perdido poder adquisitivo

De hecho, las condiciones laborales no son mejores ahora que en el 2011. El salario medio de los jóvenes entonces era de 1.030 euros, mientras que en la actualidad se sitúa en torno a 1.180. El Banco de España ha alertado este año de que uno de cada tres jóvenes españoles no tiene ingresos y, según datos del Consejo de la Juventud de España, los jóvenes hasta 34 años ganan ahora entre 2.400 y 2.850 euros menos al año que hace una década.

Otro de los déficits es el de la temporalidad. El Banco de España alertó en 2020 de que el 34,9% de los contratos temporales tenían una duración inferior a un año y, mientras que en 2011 el 54,8% de los jóvenes tenía un contrato indefinido, ahora ese porcentaje se queda en un 51%.

Lo que no ha cambiado demasiado en la última década es el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan (coloquialmente conocidos como ninis). En el 2011 el porcentaje se situaba en el 22%, solo un punto superior al 21% de finales de 2020.

En este contexto, las preocupaciones de los jóvenes españoles apenas han cambiado en un década. El barómetro del CIS de noviembre del 2011 situaba el paro y la crisis económica como los temas que más les preocupaban. Ahora, con la pandemia, se mantiene el desempleo y se suma el difícil acceso a la vivienda.

Gran parte del sueldo a pagar el alquiler

Y es que esa es otra de las grandes barreras para los jóvenes: en el 2011 tenían que destinar el 50% de su salario a pagar el alquiler, mientras que ahora este se lleva hasta el 85% de su sueldo. No ayuda tampoco el precio del alquiler. El precio medio del metro cuadrado en Madrid ha pasado de 12,4 euros en mayo de 2011 a 14,5 euros ahora mismo –aunque superó los 16 justo antes de la pandemia–. En el caso de Barcelona también ha subido, pasando de 10,5 euros a 13,8 euros.

En el caso de las hipotecas no cambia mucho la cosa. Los asalariados menores de treinta años tienen que dedicar entre un 52,2% y un 75,6% de su sueldo de media para acceder a una vivienda en propiedad. ¿Esto qué dificulta? La emancipación. La juventud española es una de las que más tarde se independiza de toda Europa occidental, a los 29,8 años, solo por detrás de Italia y Portugal.

Esto se traduce en que ahora mismo solo el 4,9% de los menores de 25 años viven fuera de la casa familiar, mientras que ese porcentaje era de un 10,1% hace una década, según Eurostat. Una de las repercusiones de la complicada emancipación son las también complejas situaciones para tener hijos. En 2011 nacieron 9,16 niños por cada mil habitantes, mientras que el último dato reflejó 6,6 nacimientos por millar de personas. Además, la edad del primer hijo también ha subido, de los 30 años de media en 2011 a los 31 en la actualidad.

La complicada situación de los jóvenes españoles genera una desafección política que también se ha estancado. En las elecciones generales de 2011 votaron un 58% de los jóvenes, mientras que ese porcentaje se situó en torno a un 55% en las elecciones del 10-N, celebradas en 2019. En esas últimas generales la movilización además fue tardía, pues antes de los comicios solo un 50% de los votantes menores de 25 años estaban seguros de que iban a acudir a las urnas.

¿Otra fuga de cerebros?

Vista esta realidad, ¿va a sufrir España otra fuga de cerebros? Los indicadores señalan que es posible. España forma (y en muchos casos muy bien) a miles de jóvenes para los que luego no tiene ni empleo ni proyecto de futuro. La crisis de 2008 ya nos mostró lo que es una diáspora de talento. Y cuando creíamos que estábamos revirtiendo el proceso, llegó la Covid-19. 

La inmensa mayoría de los jóvenes españoles están dispuestos a irse para garantizarse un empleo. En concreto un 82% dice estar dispuesto a cambiarse de país para trabajar. El dato lo aporta el VII Informe Young Business Talents sobre las actitudes y tendencias de los jóvenes preuniversitarios españoles. Ese 82% supone un aumento de nueve puntos respecto al año pasado, cuando el 73,2% de los estudiantes mostraban sus ganas de cambiar de país.

En su momento, el año 2011 cerró por primera vez en 10 años con un saldo migratorio negativo, según datos del INE. Salieron de España más personas (507.740) de las que entraron (417.523). Entre los primeros, miles de jóvenes que provocaron que el número de residentes españoles en el extranjero se incrementara en más de 300.000 personas desde el comienzo de la crisis, según el Censo de Españoles Residentes en el Extranjero.

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