Sex Pistols
Johnny Rotten, al frente de los Sex Pistols, en una actuación en Londres, en mayo de 1976. Ray Stevenson / Mondadori

Los rayos equis estadísticos dicen: el número de parados crece al ritmo más alto de los últimos 30 años; los ricos son cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres; los líderes del negocio del espectáculo viven en casonas, de espaldas al público; la mafia de los derechos de autor quiere encarcelar a quien intente combatir su monopolio; las grandes ciudades sólo son divertidas si tienes el bolsillo lleno; los treinta y cuarentañeros están ahogados por deudas hipotecarias que quizá jamás puedan pagar; la indolencia es la canción de todos los veranos; la Familia Real es subvencionada por impuestos de los ciudadanos con unos 25 millones de euros al año, incluyendo salarios, casa y comida para todos los Borbón, consortes y prole, el mantenimiento de varios palacios y 60 vehículos y unos cuantos viajes (de Estado y privados) a países del extranjero...

Sean irrespetuosos e irresponsables. Sean todo lo que esta sociedad detesta

Entonces sale de entre las bambalinas del tedio social un espantajo de las cloacas y clama contra el "régimen fascista" que encabeza Juan Carlos I. Anuncia que se siente "vacío", que quiere "destruir a los transeúntes" y aconseja, como vomitando: "Sean irresponsables. Sean irrespetuosos. Sean todo lo que esta sociedad detesta".

En '59 segundos'

Dada la polémica y el creciente gusto mediático por la carnaza, lo invitan a participar en el programa 59 segundos (TVE) junto a varios directores de muy respetables diarios. Al ser preguntado sobre los problemas del país, responde: "Resolvedlos vosotros. Es vuestra puta culpa, esclavos, putos cabrones"...

Imaginar la hipotética situación es tentador, incluso saludable (de ahí los interrogantes en el titular de esta pieza), pero se trata de una alteración de lugar y tiempo -aunque no de circunstancias sociales y económicas-.

El Reino Unido de 1975 era también un año de crisis, de recesión, de 'no future'

La radiografía inicial es la actual de España, pero, excepto que la reina Isabel es bastante más acaudalada que Don Juan Carlos, también se puede aplicar al Reino Unido de 1975, un año, al igual que éste, de crisis, recesión y, como diría nuestro desarrapado personaje, de no future.

El pillastre al que pertenecen todos los entrecomillados es Johnny Rotten (Juanito Podrido), el cantante de los Sex Pistols, el último gran grupo de rock de la historia.

Extender el pánico

Porque eso era el rock, ¿no?: abofetearlos, hacer ruido, pedir más sexo y menos policía, llamar a las cosas por su nombre, hacérselo uno mismo y sin intermediarios, extender el pánico, dar miedo, dejar en evidencia la falsa ternura de U2, Springsteen y los demás pop stars millonarios que cantaron para Obama

Regodearse en el aburrimiento y la carencia de sentimientos. No se trata de elegir al buen negro-blanco para que nos presida. Se trata de que nadie nos presida.

La fugaz locura de los Sex Pistols (nihilistas y sin más vocación que el presente inmediato, empezaron en 1975 y estaban hartos -o muertos, como su último bajista, Syd Vicious - dos años más tarde) está documentada con detalle en el proteico libro England's Dreaming. Los Sex Pistols y el punk rock (Mondadori. 29,90 euros), finalmente publicado en castellano -la primera edición inglesa es de 1991-.

Lo firma el periodista John Savage (1953), que emplea el tono vivencial de la carne propia: estaba allí y para demostrarlo inserta extractos de su diario personal en esta obra de proporciones bíblicas (813 páginas de ceñido interlineado) e intenciones nada complacientes. En el prólogo a la nueva edición, Savage pone en duda la falta de auto crítica del punk, porque "si las cosas no se cuestionan, nada cambiará".

Derecho a ser estrella

La narración es minuciosa y comienza con el origen mercadotécnico de los Sex Pistols: su mánager -el sagaz Malcolm McLaren- y la diseñadora Vivienne Weswood clonaron en el Reino Unido un movimiento musical, sustentado sobre la rebeldía y la frustración adolescentes, que ya existía en los Estados Unidos.

Malcolm McLaren y Weswood clonaron un movimiento musical que ya existía en EE UU
Construyeron un Frankenstein perverso que reducía el rock and roll a los tres acordes de siempre (la, mi, sol) y extendía la idea de que, en un labradío tan embarrado como el de la cultura pop, cualquiera tiene el derecho de ser una estrella sin necesidad de ejercer la pedantería o el virtuosismo.

La fulminante globalización de la pandemia punk lleva a Savage a añadir un apéndice con una extensa discografía del género en todo el mundo. Un segundo anexo está dedicado a la casi tragicómica historia de litigios y tragedias posterior a la disolución de los Sex Pistols.

Tras la lectura de England's Dreaming (el sueño inglés al cual el grupo denostaba en God Save The Queen), la pregunta forzosa de cualquier lector despierto es: ¿mutará el virus? Por el bien de nuestra salud, porque lo que mata también contiene el germen de la vacuna, algunos esperamos que sí.

El crítico de música Greil Marcus opina que "en tiempos de guerra, la única prensa libre es la clandestina". De ser así, acaso ya esté saliendo de las alcantarillas algún nuevo podrido que diga, como Rotten: "Te aseguro que no me odias tanto como yo te odio a ti".


 Momento decisivo: Junio de 1977

Los más censurados

El single de los Sex Pistols con la canción God Save The Queen (Dios salve a la Reina. / No es un ser humano. / No hay futuro / en el sueño inglés) es editado durante la celebración del jubileo de Isabel II por sus 25 años en el trono. El disco se convierte en el más censurado de la historia: no sólo la BBC, sino también las radios independientes se niegan a emitir el tema; los almacenes lo boicotean... El grupo organiza una gira por el Támesis en un barco alquilado (el Queen Elizabeth). La policía carga y hay apaleados y detenidos. Se debate sobre el grupo en el Parlamento. A Rotten le ataca en la calle un skin.


 UNA PELÍCULA

The Filth and the Fury (Julian Temple, 2000. Filmfour. 7 €). La obscenidad y la furia. Titular del tabloide ultra conservador Daily Express en diciembre de 1976, tras una entrevista a los Sex Pistols en la televisión en, como decían otros diarios, "horario de familia feliz". Este documental es la mejor historia en imágenes del grupo.

 UN DISCO

Fun House (The Stooges, 1970. Rhino/Elektra. 16 €). El punk no nació en Nueva York, ni tampoco en Londres. Detroit fue la cuna primaria, y esta salvajada, el segundo disco de Iggy Pop (todavía no tan estrella como para otorgarse autoría personal) y los Stooges sigue sonando tan vivo como si lo hubiesen grabado ayer. Modernos hasta el bestialismo. Obligatorio.

 UN LIBRO

Rastros de carmín (Greil Marcus. Anagrama, 1999. 22 €). El subtítulo lo deja claro: Una historia secreta del siglo XX. Greil Marcus, quizá el mejor periodista musical vivo, sostiene que el punk no nació de la nada, sino que se trata de una bastardía de las vanguardias radicales europeas, desde el dadaísmo hasta el situacionismo.