Un dirigente socialista marroquí avisa: la acogida en España del líder del Polisario puede ser una "declaración de guerra"

  • El Gobierno central facilitó la llegada a un hospital de La Rioja de Ghali, con una causa pendiente en la Audiencia Nacional
  • Expertos consultados por 20minutos avisan de un posible incremento de la presión migratoria si se mantiene la tensión
  • Marruecos ha visto "reforzada su posición" desde el reconocimiento de Trump de la soberanía marroquí sobre el Sáhara.
Imagen de Pedro Sánchez dialogando con Mohamed VI, con una foto insertada de Brahim Ghali.
Imagen de Pedro Sánchez dialogando con Mohamed VI, con una foto insertada de Brahim Ghali.
EFE

Las relaciones entre España y Marruecos están en un momento de alta tensión, especialmente desde que el Gobierno decidió aceptar el ingreso en un hospital de Logroño del jefe del Frente Polisario, Brahim Ghali, hace ya semanas. Ghali llegó en un avión privado desde Argelia, tras rechazar Alemania la entrada en su territorio, y Marruecos podría "entender esto como una declaración de guerra", según explica a 20minutos Abdelhamid Jamahiri, miembro del comité político del Partido de la Unión Socialista de las Fuerzas Populares, que forma parte del Gobierno marroquí.  

Jamahiri afirma que ambos países "están condenados a llevarse bien", y advierte de que "sería lamentable que el vecino del norte -en referencia a España- deconstruyera un trabajo de cooperación y asociación, de casi dos décadas. en beneficio de un movimiento en pleno malestar". Ghali ingresó el pasado mes de abril en un hospital de Logroño bajo una identidad falsa llegado desde Argelia, rival de Marruecos en la región, y el Gobierno español aseguró que este movimiento se debía a razones "humanitarias". El Ejecutivo marroquí, en cambio, lo considera un "ataque".

Abdelhamid Jamahiri, a la izquierda de Zapatero.
Abdelhamid Jamahiri, a la izquierda de Zapatero, en una imagen de archivo.
20minutos

El líder del Frente Polisario está acusado de delitos de genocidio, asesinato, torturas y desapariciones y fue imputado en 2016 por la Audiencia Nacional, donde tiene pendiente declarar. La ministra de Exteriores, Arancha González Laya, aseguró que no tiene "nada más que añadir" a las explicaciones dadas por el Gobierno en un primer momento, a pesar de la insistencia de Marruecos.

Las tiranteces entre España y el país vecino podrían tener consecuencias sobre Ceuta y Melilla, en lo que se refiere al tránsito de personas y mercancías desde y hacia Marruecos. A juicio de diversos analistas, la posición de este último país se ha visto reforzada, sobre todo, desde que en diciembre de 2020 el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconociera la soberanía marroquí sobre el Sáhara, a lo que se suma también el respaldo de Francia.

Eduard Soler, investigador del CIDOB, y David Hernández, investigador del Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos, expresan a 20minutos que las relaciones entre España y Marruecos son ahora mismo "tensas y difíciles", aunque se trata de países que "se necesitan".

"La palabra que define las relaciones es tensión", sostiene Soler, para quien ese malestar "ha ido en aumento desde principios del 2020". La situación actual, a su juicio, se asemeja al tira y afloja que hubo en 2009 por el caso de la activista saharaui Aminetu Haidar, que fue expulsada por Marruecos a Canarias, y volvió al país africano tras un mes en huelga de hambre. Las relaciones, añade, "estuvieron mucho peor" con el caso del islote Perejil en el 2002, cuando "se rompieron relaciones", incluso con la expulsión de los embajadores.

Hernández, por su parte, subraya que "las relaciones entre España y Marruecos son muy profundas en numerosos aspectos como la economía, migración y seguridad", y espera que no se llegue a una "ruptura" y que ninguno de los gobiernos esté "dispuesto a crear un nuevo problema en el vecindario"

¿Qué factura puede pagar España si la relación empeora?

¿Qué puede pasar en el futuro si la situación se complica? Soler explica que "Marruecos tiene capacidad de presión en temas migratorios, de lucha contra el tráfico de drogas o de lucha antiterrorista" y cree que puede estar "en riesgo" la "cooperación a nivel sectorial". En todo caso, cree que esa presión tiene límites, porque si Marruecos genera tensiones -por ejemplo- en materia pesquera, el conflicto no sería ya con España, "sino con la UE", un actor más potente.

Hernández, por su parte, considera que en Marruecos hay un importante malestar por "el acercamiento reciente de España hacia Argelia, su gran competidor en la región", dado que "el Gobierno de Pedro Sánchez está intentando equilibrar sus alianzas en la zona" y que intenta "no solo centrarse en sus vínculos con Marruecos, sino también potenciar su relación con Argelia".

A estas circunstancias se suma, a su juicio, "que en Marruecos es año de elecciones, y que los partidos y líderes políticos necesitan apelar a discursos nacionalistas", aunque por ahora "las críticas de los políticos marroquíes a España no se están traduciendo en ninguna acción en concreto". "Hay que entender que los dos países sufren un contexto interno complicado con la pandemia", apostilla Soler.

Tensión durante la presidencia de Sánchez

La decisión de aceptar la entrada en España de Ghali ya provocó que, a finales de abril, el Gobierno de Marruecos, a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, recibiera de urgencia al embajador de España en Marruecos, Ricardo Díez-Hochleitner Rodríguez, para expresarle su malestar.

Ante la falta de respuesta del Ejecutivo de Pedro Sánchez, el Gobierno marroquí insistió la semana pasada y advirtió a España de que no debe "minimizar el impacto grave" de la crisis actual entre los dos países, según un comunicado del ministerio de Asuntos Exteriores.

Las relaciones llevan complicándose desde la llegada del socialista a la Moncloa. Sánchez ya tuvo un mal comienzo, en 2018, en lo relativo a Marruecos, ya que se rompió la tradición de que el primer viaje oficial sea a ese país. Aunque tenía previsto que esa fuera su primera visita, Rabat replicó que el rey Mohamed VI no estaba en el país y el líder del Ejecutivo optó por no esperar e iniciar una gira europea.

También está pendiente la celebración de una Reunión de Alto Nivel que debía celebrarse en diciembre de 2020 y que se fue posponiendo, primero tras informaciones que apuntaban a que Mohamed VI no recibiría a Sánchez, después por la pandemia y, finalmente, sin fecha: el Gobierno español insiste en que la reunión se celebrará "lo antes posible", pero evita concretar.

Otra de las polémicas del Gobierno con Marruecos tuvo como protagonista al líder de Podemos y entonces vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, que pidió un referéndum para el Sáhara. El pasado noviembre, y en plena crisis migratoria con Canarias, Unidas Podemos acusó a Marruecos que quebrar el alto al fuego y solicitó a la ONU que garantizara la paz en la zona, después de que el Ejército marroquí desalojara a manifestantes saharauis que llevaban tres semanas bloqueando una franja de cinco kilómetros entre la aduana marroquí y la frontera mauritana.

Por ahora, la decisión de acoger a Ghali en España no sólo ha complicado las relaciones con Marruecos, sino que también ha tenido consecuencias en la política española: el PP ha pedido explicaciones al Gobierno por el caso Ghali, Casado se ha reunido con partidos gubernamentales marroquíes y Vox ha insistido en la necesidad de defender la soberanía española en Ceuta y Melilla.

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