Primer fin de semana sin cierres perimetrales: España tira de días libres para el reencuentro con familiares

Una pareja se abraza con emoción en el aeropuerto de Barajas. Llevaban separados por la pandemia unos meses.
Una pareja se abraza con emoción en el aeropuerto de Barajas.
JORGE PARÍS

Volvemos a hacer las maletas. Y a viajar por España. El fin del estado de alarma ha eliminado los cierres perimetrales de las comunidades usados para frenar la expansión del coronavirus y son muchas las familias que ultiman la organización de reencuentros para este fin de semana, el primero completo del año en el que es legal cruzar a otra comunidad autónoma sin un justificante especial.

La directora del Instituto de la Familia de Comillas, la doctora en Psicología Ana Berástegui, considera esperable que “eliminadas las barreras entre comunidades, mucha gente aproveche la oportunidad de volver a encontrarse con familiares que no han tenido la posibilidad de ver en los últimos meses". 

Berástegui no cree incompatible volver a encontrarse con seguir manteniendo medidas de prudencia frente a la covid-19. "A diferencia de Navidad, cuando se produjeron reuniones multitudinarias en las casas, ahora se podrá ver a los abuelos por turnos, ventilando, en un jardín, de paseo o tomando algo por ahí", destaca. Y con más tranquilidad gracias a la vacunación de los mayores.

Visitas por sorpresa

Paula Ureta se ha organizado para poder salir el viernes un poco antes de lo habitual del trabajo y así estar en ruta de Madrid a Málaga a las doce del mediodía. "Creo que se va a liar la de 'san quintín' a partir de las tres en la carretera, que los viernes siempre hay hora punta", explica.

El padre de su pareja, Elvira, padece de alzheimer, y no han querido dejar pasar más tiempo sin hacerle una visita sorpresa. "La última vez que bajamos a Málaga fue en octubre. En noviembre cerraron, y en Navidad podíamos haber ido pero no fuimos porque no estamos casadas. Tuvimos dudas de que en un control pudiéramos demostrar el arraigo familiar. Son ya siete meses sin verles, que a Elvira se le han hecho particularmente largos", expone.

Antes de la pandemia la pareja viajaba un fin de semana al mes a Málaga. La madre de Elvira, que cuida en solitario de su marido y tiene a todos sus hijos repartidos por distintas comunidades autónomas, está deseando recibirlas.

"Va a ser un momento de una alegría sobrenatural", dice Paula sobre el primer reencuentro. "Tenemos llave y entraremos directamente a darles la sorpresa".

Sobre las expectativas emocionales que suscitan estos reencuentros, la psicóloga Ana Berástegui apunta que "como la carencia ha sido tan grande, la expectativa se cumple solo con con pasar un rato juntos, cara a cara. La gente no espera fuegos artificiales, está deseando hacer las pequeñas cosas juntos".

A la segunda vivienda

Los propietarios de segundas viviendas ubicadas en comunidades distintas a las de su residencia han sufrido también mucho por no poder visitarlas desde el verano. Este fin de semana no solamente será el de recuperar los abrazos robados por la pandemia, sino el de abrir reabrir puertas y ventanas en hogares tan añorados como abandonados.

Maricarmen, con su hija Marta y su madre, Cipri, de 91 años, en una foto familiar
María del Carmen Caballero, con su hija Marta y su madre, Cipri, de 91 años, en una foto familiar.
M.C

Mari Carmen Caballero tiene su segunda vivienda en Ávila, ciudad en la que residen su madre, de 91 años, y todas sus hermanas. La última vez que viajó a estar con ellas fue en Navidades. "No poder ver a alguien de 20 años de edad en cuatro meses no es lo mismo que no poder ver a una madre de 91 años en cuatro meses", dice Mari Carmen, que está deseosa de abrazar a su progenitora.

Cipri, la madre, está vacunada desde hace días con la doble dosis. Mari Carmen y su marido, de la primera, y creen que el encuentro se producirá con seguridad.

"Seguro que llora, y mira que es dura, pocas veces la he visto llorar. Pero la situación la tiene desbordada", explica Mari Carmen. "Está deseando vernos. Antes de la pandemia íbamos todos los viernes y nos la llevábamos a casa, le rompíamos la rutina y ahora todas las semanas son iguales para ella".

La vivienda en Ávila de Mari Carmen es su "válvula de escape" de la vida laboral capitalina, un refugio que se vió frustrado por las restricciones de la pandemia. Normas que respetó no siempre comprendiéndolas. "Mi casa está a solo 100 kilómetros y no he entendido que dejaran venir a turistas franceses a Madrid y yo no pudiera ir de a mi casa a Ávila. Si nosotros no hacemos botellón", dice.

Tantos meses sin usar el piso han causado daños a la propiedad. La borrasca Filomena del pasado enero les reventó el contador del agua y un vecino tuvo que abrir la puerta para su reparación. La misma puerta que en Navidad la familia se encontró hinchada por la humedad. "El primer día la abrimos ya no podíamos cerrarla. Literalmente. Tuvimos que desmontar un embellecedor y todo. Una movida". Cruza los dedos para no encontrarse nuevos desperfectos en este viaje.

Abuelos deseando conocer a los nietos

El profesor universitario Luis Ayuso es experto en sociología de la familia y resalta que España es un país "profundamente familiarista", donde las redes familiares son clave en el apoyo emocional. "Articulamos nuestra red en torno a comidas familiares de domingo, encuentros de abuelos y nietos. Y tenemos como sociedad impreso a fuego el deber de apoyarnos y ayudarnos". Por eso entiende a la perfección que vayan a proliferar los viajes este fin de semana. "Forma parte de esa sociabilidad que no queremos perder, que es tan importante para entender nuestro bienestar y calidad de vida".

Hay quienes incluso han pedido días libres en el trabajo, acumulados por la pandemia, para el disfrute de este primer reencuentro.

José Gutiérrez es natural de Cádiz, pero vive en Madrid con su mujer y sus dos hijos pequeños. "Llevo sin poder ver a mi familia desde octubre", argumenta para justificar que haya metido ya las maletas en el coche. Ellos no han esperado ni al viernes. "En previsión de atasco, este jueves nos bajamos", explica.

"Seremos igual de cuidadosos con el virus que cuando estamos en Madrid, nuestro objetivo principal es que los abuelos puedan ver a sus nietos", señala.

"No nos juntaremos con gente, y si lo hacemos será siempre en exteriores y con mascarilla", explica. Sus hijos tienen ahora uno y cuatro años. "Al pequeño mis padres solo le han visto una vez, en septiembre, y después en videollamadas".

Gutiérrez tiene vivienda propia en Cádiz. Sus padres, vacunados de una dosis, acudirán a verles todos los días para estar con sus nietos en el jardín. Solo espera que haya un poco menos de "madrileñofobia" en su ciudad natal que en verano, cuando notó cómo por miedo les rehuían en los parques infantiles.

La psicóloga Ana Berástegui indica que en los últimos meses y debido a la pandemia cuidar de otros ha significado no verles. "Ha sido la manera de quererles y eso es contracultural. Ahora podremos permitirnos cuidarlos desde una cierta proximidad". Berástegui plantea que "si queremos que estos encuentros se puedan seguir manteniendo en el tiempo de aquí a verano los tenemos que espaciar, cuidar y controlar".

Eso mismo ha pensado Marta de los Dolores, que no saldrá con su marido y su hija todavía rumbo a Cantabria, aunque no tardará: "Nosotros, a pesar de no ver a los abuelos desde agosto, vamos a esperar a que les pongan la segunda dosis de la vacuna para viajar a verles o venir ellos. Esto será hacia finales de este mes".

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