Eurovisión 2009
El ganador de Eurovisión Alexander Rybak. Indrek Galetin/EBU
Hay que admitirlo, el Festival de Eurovisión se ha convertido en un show de los buenos a falta de talento. Y eso que este año, algunas propuestas tocaban en un porcentaje razonable los estándares de calidad melódica. Moscú se ha gastado la friolera de 30 millones de euros para contratar al
Circo del Sol, hacer malabares con las luces, callar a los gays y contactar ¿en directo? con la Estación Espacial Internacional.

Desde luego, el sábado la organización rusa disimuló con maestría sus serios problemas con la realización y la producción que tanta preocupación venían causando. Y eso que al responsable de controlar la emisión se le vio el plumero en ocasiones. La final fue rápida y, sin embargo eterna, como todas: tres horitas. El comentarista español, Joaquín Guzmán, fue escrupulosamente correcto y discreto. Entonces, ¿cómo explicar la debacle?

Echando de menos el morbo

Actuación de Reino Unido - 280Es que siempre ocurre lo mismo: uno termina recordando a los candidatos por un pequeño detalle, una llamada de atención. Soraya Arnelas intentó "sorprender" con un hago chas y aparezco a tu lado, pero la 54 edición del certamen salvará para la memoria al chico del violín -Noruega, el flamante ganador-, la cantante rara de las pantallas -Rusia- el backstreet boy griego -Sakis Rouvas- y los del striptease fallido –Von Teese y Alemania-.

Ni siquiera la israelí Noa y la palestina Mira Awad tocaron la fibra sensible; y Andrew Lloyd Weber fue uno más de la comparsa británica, haciendo que tocaba el piano. Lo que hay que ver. Seguro que muchos telespectadores echaron de menos el morbo que supuso 12 meses antes el hacer el ridículo con fundamento ante toda Europa. Aunque con una sonrisa. Por cierto, ¿alguien reparó en la explosión nuclear de folclore?...

El jurado hizo su aparición estelar-en realidad, fue más bien un ente y nos creemos que cada país funcionó así-, pero todo indica a que, a falta de experimentos y bichos raros, su comportamiento se pareció mucho al de los votantes. La primera impresión es la que queda, y Eurovisión está que las regala. Un dato: más de uno y de dos, mencionaron la palabra "vecino" en sus votaciones. La geopolítica nunca nos abandonó, como Uribarri.

La tarta, para los mismos

Soraya 280"Yo ya lo dije hace dos semanas", se regocijaba el omnipresente narrador de historias tras la final. No sólo él, las apuestas en Google y los clics en YouTube daban como ganador a Alexander Rybak hacía tiempo. ¿Conjura webera? Es posible, los tiempos cambian. Lo cierto es que desde 1999 la tarta se la comen entre los países bálticos y los escandinavos, Grecia y Turquía mediante. Y eso no tiene mucha pinta de cambiar.

Conspiraciones y maldiciones aparte, La noche es para mí no era un estribillo del otro mundo -sí prestado y muy ad hoc-, pero tampoco merecía tan magna humillación. Sor(aya) quedó en el puesto 24 (o 23, según se mire) empatada con Lituania. Primero y última se dieron la mano, el círculo quedó cerrado. La rabia sobrevino al constatar que quedaron por encima bodrios como los de Suecia o Albania. ¿Merece la pena esforzase tanto?

En cuanto a TVE y sus encontronazos con el directo como consecuencia de la gran avalancha, dicen, de retransmisiones, el acierto ha sido ínfimo. La cadena pública no ha tenido su mejor semana, aunque no es creíble una venganza de la UER por ello. Las audiencias volverán a darle la razón, porque además de los documentales de la 2, todos acabamos viendo Eurovisión, año tras año. Y Guzmán quizá lo agradezca.