Julián Lago... después de la publicidad

  • Josan Contreras hace un recorrido por la trayectoria de Julián Lago, el periodista que dominó "los entresijos de la política como nadie".
  • Su popularidad, sin embargo, se la debe a programas como  'La máquina de la verdad' o 'Misterios sin resolver'.
  • Lago permanece en estado crítico tras sufrir un atropello.
Julián Lago, en una foto de archivo tomada en 2008.
Julián Lago, en una foto de archivo tomada en 2008.
Efe

Julián Lago, periodista de raza, desde joven se especializó en la entrevista y llegó a dominar los entresijos de la política como nadie. Quizá por eso fundó la revista Tiempo, donde predominaba la información y el análisis de los grandes temas que cocían nuestros próceres de partidos e instituciones.

Cuando Telecinco le ficha para presentar el programa La máquina de la verdad, toda una revolución en los formatos televisivos, no se lo piensa: era aquella época en la que la tele te consagraba en un pis pas.

Casado con la periodista

Natalia Escalada, Lago había cambiado su imagen de arriba abajo, cabellera poblada y barba a lo
Sandokán (protagonista de una serie de moda en la época) sustituyeron a una cabeza rala y a un mentón envejecido. Y estrenó ojos azules, que le proporcionaron la imagen de un galán de harén exótico.Lo conocí en aquella época, cuando ya había impuesto la fórmula
"No me conteste ahora, hágalo después de la publicidad", frase con la que cortaba a los invitados en los momentos álgidos, para que la audiencia (contaba con los mejores índices del momento) no se le escapase de las manos.

Uno de sus mayores éxitos fue lograr que Antonia Dell'Ate -ex de Alessandro Lecquio, supuesto conde que la dejó para caer rendido a los encantos de Ana Obregón y protagonizar uno de los mayores culebrones de la época- acudiera para tomar cumplida venganza por el agravio recibido.

En ese programa, el plató era un hervidero de trabajadores de la casa que no querían perder ripio de lo que allí se hablaba, de los comentarios de los tertulianos y del momento con el que culminaba el espacio: el invitado principal sometido a las preguntas del polígrafo: ¿sí o no? Allí salía de todo: los trapos sucios expuestos a las miradas ávidas de los telespectadores. Insultos y reproches. Fue el más de lo más. Después de la Dell'ate, La máquina no volvió a funcionar como antes y se fue apagando semana tras semana.

Los personajes daban poco juego y había que hacer pausas ficticias para invitarlos a un tentempié, rogando para que el vino y el whisky insuflaran la energía y los arrestos necesarios a los participantes para que se arrojaran a la arena cual gladiadores.

En aquel programa el morbo estaba asegurado, lo que proporcionaba a Telecinco una audiencia en ascenso. Tanto que la cadena decidió ponerle al frente de otro espacio, Misterios sin resolver. Más entresijos para el personal.

Aquel trajín le costó a Julián Lago que su crónica migraña se acentuara, y podíamos verle caminando por la carretera que llevaba de los estudios al pueblo cercano de Fuencarral, cabizbajo, ajeno al tráfico e intentando digerir unos alimentos mal llevados a la boca.

Pero cuando se le pasaba, y en los momentos más distendidos, le encantaba la broma y el juego, lo mismo con la redacción que con aquellas mama-chicho que amenizaban desde los concursos al sorteo de la ONCE.

Con aquellos tres años Julián Lago se hizo un hueco en la historia de la televisión, porque en el del periodismo ya lo tenía.

La máquina de la verdad le marcó para el resto de su vida y, quizá harto de que le recordasen más por su papel de moderador de lo imposible que por su valía profesional se marchó a Paraguay, donde un motorista inconsciente ha puesto su vida al límite , como le gustaba sentirse entonces.

Mucho ánimo, Julián.

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