La dimisión de Iglesias deja a Podemos sin liderazgo orgánico y con la única certeza de que Díaz será candidata

  • Podemos estudia si debe celebrar un congreso extraordinario o solo una votación entre las bases para sustituir a Iglesias.
  • Irene Montero y Ione Belarra se perfilan como dos de las principales opciones para la Secretaría General.
  • Salvo sorpresa, Yolanda Díaz no se postulará para asumir el liderazgo orgánico de Podemos.
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El hasta este martes líder de Podemos, Pablo Iglesias.
El hasta este martes líder de Podemos, Pablo Iglesias.
EFE

Podemos va a tener que aprender a vivir sin el que ha sido su fundador, su único líder y su figura fundamental en los siete años de vida del partido. La dimisión que anunció este martes Pablo Iglesias como secretario general abre un periodo de recomposición para la formación morada, que tendrá que afrontar su relevo en una situación de debilidad. Y, por ello, la cúpula de Podemos se reunió este miércoles para analizar los resultados del 4-M y hacer planes para el futuro, aunque por ahora hay más incógnitas que certezas. Lo único que parece claro es que la vicepresidenta Yolanda Díaz será la próxima candidata electoral y la líder de Unidas Podemos dentro del Gobierno, y que el futuro del partido pasa por nombres como los de Irene Montero o Ione Belarra.

¿Acierta Iglesias dejando la política?

El propio Iglesias ha reconocido en las últimas semanas que tenía claro desde hace meses que su ciclo como líder morado había terminado. Pero lo que Podemos no tenía previsto es que los acontecimientos se sucedieran tan rápidamente. La convocatoria de los comicios del 4-M ofreció al dirigente la posibilidad de señalar a Díaz como su sucesora al frente de los ministros morados, pero la idea inicial de Iglesias era seguir siendo secretario general de Podemos hasta el fin de su mandato, en 2023, compartiendo con la vicepresidenta tercera del Gobierno el peso de las decisiones.

No obstante, el batacazo de la izquierda este martes ha echado por tierra esa posibilidad, y ahora Podemos se enfrenta a un relevo mucho más acelerado de lo que se pensaba. Tanto es así que, dentro del partido morado, ni siquiera está claro si las bases pueden elegir un secretario general sin necesidad de realizar un congreso extraordinario para renovar todos los órganos de dirección o si, por el contrario, Podemos se verá obligado a realizar un Vistalegre IV después del congreso que tuvo lugar hace apenas un año. 

Los estatutos no tienen una respuesta definitiva al respecto, aunque sí señalan que, "para garantizar la coherencia del proyecto, la elección de la línea estratégica general, de la Secretaría General y la composición del Consejo Ciudadano [el máximo órgano entre congresos de Podemos] se llevará a cabo de forma relacionada y en un mismo proceso". Las fuentes consultadas tampoco ofrecen información sobre cuándo se llevará a cabo este relevo: lo único que parece claro es que, al menos por un tiempo, Podemos se encuentra en un periodo de interinidad sin un líder claro.

Un liderazgo femenino

En cualquier caso, más allá del calendario y de la forma en la que los afiliados morados elegirán al nuevo líder del partido, la clave es quién se hará cargo de sustituir a Iglesias al frente de un Podemos que, desde sus inicios, ha sido un partido fuertemente personalista. Díaz, salvo sorpresa, será la candidata de Unidas Podemos en las próximas generales y liderará la presencia morada en el Gobierno. Pero ni siquiera es afiliada de Podemos y eso la descartaría para liderar el partido, además de que la dirección de la formación sigue considerando que establecer una bicefalia es una buena idea, aunque no sea Iglesias el líder que acompañe a Díaz desde la Secretaría General.

Eso tiene ventajas para la vicepresidenta tercera del Gobierno, que evita verse involucrada en la reconstrucción interna de Podemos, muy mermado a nivel territorial, y que además podrá mantener su vitola de independiente. Pero obliga al partido a buscar un liderazgo entre una cúpula muy asociada a la imagen de Iglesias y que, en muchos casos, arrastra el mismo desgaste que él. El propio exvicepresidente dijo en múltiples ocasiones que la próxima líder de Podemos será una mujer, y en la dirección del partido suenan especialmente dos nombres: los de las ministras de Igualdad, Irene Montero, y Derechos Sociales, Ione Belarra.

El otro gran interrogante es qué papel va a jugar a partir de ahora Iglesias en Podemos, una vez fuera de la Secretaría General. Él matizó el martes que solo deja la política "institucional", y este miércoles Juan Carlos Monedero, el único de los cofundadores de Podemos que sigue en la formación junto al propio Iglesias, dejó caer que el dirigente asumirá un papel similar al suyo: sin cargo formal dentro del partido, pero con peso en la toma de decisiones y también con una presencia habitual en los medios de comunicación.

El propio Iglesias ha dado ya algunas pistas en las últimas semanas de cuál va a ser su rol en un partido que, para lo bueno y para lo malo, ha girado indiscutiblemente en torno a su liderazgo desde que fue fundado en 2014. El dirigente ha afirmado que le gustaría volver a dar clases en la universidad -es profesor honorífico de la Complutense- y encabezar un proyecto de "periodismo crítico", después de asegurar este martes que los ataques mediáticos lo habían convertido en un "chivo expiatorio" para la derecha.

El dirigente que acabó con el bipartidismo

El paso a un lado de Iglesias supone el ocaso de una figura que ha marcado la vida política en España en la última década. El dirigente deja como principal legado la ruptura del sistema bipartidista que había imperado desde la Transición, así como la entrada en el Gobierno central, por primera vez desde la II República, de una fuerza a la izquierda de la socialdemocracia.

No obstante, Iglesias ha fracasado en su intención de "tomar el cielo por asalto", como planteó en 2014, año en el que el ascenso de Podemos parecía imparable. Entonces, la formación morada llegó a ser primera en las encuestas, y aunque ese empuje se fue desinflando poco a poco, en 2015 consiguió entrar al Congreso con 69 diputados. Ese fue su techo: su negativa a apoyar un Gobierno del PSOE con Cs llevó a una repetición electoral en 2016 para la que Iglesias se alió con IU pero perdió, junto a su socio, un millón de votos.

Podemos comenzó un lento declive electoral a partir de 2017, que no obstante comenzó a larvarse un año antes, cuando comenzaron las tensiones previas al congreso de Vistalegre II. Ahí, una lucha encarnizada entre Iglesias y su hasta entonces número dos, Íñigo Errejón, acabó con la victoria sin paliativos del primero y puso las bases para que, en 2019, Errejón saliera de Podemos y pusiera en marcha su propia formación. 

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