En la calle
Las palomas manchan varias zonas de la ciudad.

Los vecinos de tres grandes zonas de Zaragoza viven agobiados por la suciedad y los excrementos de las palomas, que durante los últimos meses están mudándose de las plazas y los grandes espacios abiertos a las casas viejas y en desuso y sus calles aledañas, huyendo de las cacerías que periódicamente realiza el Ayuntamiento para controlar su población.

De los 12.000 ejemplares que se estima hay en la ciudad, la mayoría tiende a concentrarse en la zona más antigua de Delicias, en el Casco Viejo, en la plaza de los Sitios y el parque Miraflores. En total, en estas tres grandes áreas residen en torno a 40.000 vecinos, que se quejan de excrementos continuos en los balcones y fachadas, a la entrada de los portales e incluso en la ropa tendida y los coches aparcados.

Los excrementos dañan varias zonas de la ciudad

Para limitar la expansión de las palomas, el Ayuntamiento contrata a una empresa especializada en la caza de estos animales (que suele actuar tres veces al año). La previsión es que este año saquen a unos 1.500 ejemplares de las calles. "Desde que se hace esto venimos notando que las palomas tienen a huir de los espacios abiertos y se refugian en las casas vacías, los solares y los aleros de los tejados", explica la presidenta de la asociación Zaragoza Antigua, María Luisa Verde.

Pero no sólo resultan perjudicadas las viviendas. Los excrementos de las palomas están echando a perder monumentos y edificaciones de la ciudad, como las Murallas Romanas, los sillares del Balcón de San Lázaro o las farolas de la plaza del Pilar.

Excrementos corrosivos

El fuerte deterioro que producen este tipo de aves, sobre todo en estructuras metálicas y pétreas, se debe a que la materia orgánica de las defecaciones contiene importantes componentes ácidos. Además, pueden ser portadoras de enfermedades.

Sin embargo, el Ayuntamiento recuerda que las palomas no son peligrosas para la población "y es muy difícil que causen grandes problemas sanitarios".

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