Cuando la lucha contra el desempleo va más allá del 'papel': ¿Sirve para algo reducir a tres los tipos de contrato?

Archivo - Trabajadores en una fábrica
Trabajadores en una fábrica, en una foto de archivo.
EUROPA PRESS

El Gobierno de Pedro Sánchez ha avanzado esta semana las líneas maestras de su Plan de Recuperación que debe enviar a Bruselas para explicar los proyectos y los objetivos a los que se destinarán los fondos europeos para paliar la crisis del coronavirus. Las propuestas incluyen una reforma laboral que dejaría en tres los contratos laborales en España.

Aunque falta conocer más detalles, la idea es reducir a tres los contratos laborales para simplificar el mercado de trabajo: estable, temporal y de formación. Se pasaría a este modelo desde el actual, que incluye cuatro tipos de contrato principales que a su vez tienen varias modalidades, que acaban por sumar más de 40 formas posibles de contratación. 

La idea no es nueva, y ya en 2013 el Gobierno del PP, con Fátima Bánez como ministra de Trabajo, redujo a cinco los tipos de contratación, pero conservando muchas modalidades en cada uno de ellos. 

Actualmente, por ejemplo, un contrato indefinido puede serlo a jornada completa, parcial o fijo discontinuo. El temporal también puede ser a jornada completa o parcial, y hay también opciones para contratar a desempleados de larga duración, personas con dispacacidad, etc.

Expertos consultados por 20minutos señalan que siempre es bueno tender a la simplificación en los modelos de contratación para no entorpecer el mercado de trabajo. Pero advierten de que la sola reducción en el número no basta, sino que se necesitan reformas de fondo para acabar con uno de los principales problemas de nuestro país: la temporalidad. 

"Enormes problemas" en la temporalidad

Miguel Ángel Malo, profesor de Economía y experto en asuntos laborales de la Universidad de Salamanca, señala que una simplificación "siempre es de agradecer, los mercados siempre se benefician de reglas simples y claras" y es algo que los especialistas venían demandando desde hace tiempo, porque hay una tipología que acaba siendo "bastante confusa".

Miguel Ángel Malo

MIGUEL ÁNGEL MALO

  • Profesor de Economía de la Universidad de Salamanca

"Creo que también ha habido una mala interpretación en cuanto a la cantidad de tipos de contrato que hay", señala, "muchas veces se ha confundido lo que es un contrato con la subvención que lo acompaña".

Pero reducir de manera drástica la temporalidad en España no depende de los números de contratos que haya, sino para qué se usan, señala el experto.

"Está bien que una reforma responda a los problemas de la nueva economía, pero a lo que tenemos que responder es sobre todo a nuestros enormes problemas del uso tan intensivo de la temporalidad", indica Malo, "que lleva siendo así desde mediados de los años ochenta, y que desde 2012 ha adquirido además un carácter mucho más intenso en cuanto a que hay muchísimos más contratos muy cortos y muy seguidos".

Y ese problema no se da solo en el sector privado, advierte, sino en buena medida en el público. "Muy en especial el sector sanitario está aquejado de una manera muy profunda por esa sucesión de contratos extremadamente cortos y sucesivos, uno tras otro en la misma persona por la misma entidad. Eso no es la nueva economía y hay que darle solución". 

También está pasando en el sector educativo. Dos situaciones que el sector público puede solucionar de manera directa, y no esperar reformas.

Lo que hay, señala el profesor de la Universidad de Salamanca, es un uso estratégico de todas esas figuras contractuales. "Muchas veces se utilizan determinados tipos de contrato temporal cuando no tienen ningún sentido. ¿Por qué se hace? Por un lado rebaja costes en determinadas situaciones y permite una cierta flexibilidad al contratante que acaba perjudicando al conjunto de la economía y del mercado de trabajo". 

Así, el problema no es solo los tipos de contrato, sino el uso que se les da. "Si sigue habiendo este uso estratégico de cada uno de los tipos, da igual que haya 12 a que haya 3, al final se seguirán usando contratos temporales para muchas situaciones en las que podría haber un contrato indefinido", señala Malo.

"Cambiar la forma no es la solución"

Jorge Campmany, especialista en Derecho Laboral y socio director del despacho Campmany Abogados, señala que reducir el número de contratos es una demanda que se viene haciendo desde hace tiempo desde el sector empresarial. Pero también coincide en que lo importante no es el número, sino su uso correcto por parte de los empresarios. El mayor problema está en el uso fraudulento del contrato temporal.

Jorge Campmany

Jorge campmany

  • Especialista en Derecho Laboral y socio director del despacho Campmany Abogados,

"Cambiando exclusivamente la forma no se soluciona el problema, es de fondo", apunta. 

Lo importante es ver de qué forma se va a controlar su aplicación, destaca. La ley ya acota las causas por las que puede celebrarse un contrato temporal, señala, pero al final se produce un uso fraudulento y las personas acaban enlazando contratos eventuales durante años, pero a los plazos máximos establecidos. 

"Si simplificamos los contratos temporales a un solo contrato, ¿va a haber un control mejor, se va a intentar mejorar la situación para que no haya trabajos precarios? Esas son las políticas que se tienen que explicar", comenta Campmany. 

"El hecho de simplificar a tres contratos puede servir a nivel práctico, pero al final es el fondo, si ni se modifica la ley y no se hace que haya sanciones para el uso fraudulento de una serie de situaciones contractuales, sobre todo en el temporal, estaremos en una situación similar, sin ningún cambio", añade.

"Que no se demonice la temporalidad"

Javier Blasco, director del Adecco Group Institute, también señala que el principal problema del mercado de trabajo español es la excesiva temporalidad, ("una patología") y que uno de los vectores que podría ayudar sería la simplificación. 

Adecco

javier blasco

  • Director del Adecco Group Institute

Pero no basta con la sola simplificación, añade. "El problema del desempleo, igual que el de la excesiva temporalidad, necesita de medidas múltiples", estima. "Pero sí que es verdad que nuestro modelo contractual, que entre tipos y subtipos puede estar por encima de las cuarenta modalidades contractuales, seguramente puede generar ineficiencias". 

La única manera de atacar la temporalidad excesiva, considera, es con campañas y dando participación mayor a los agentes profesionales en la temporalidad. "En Europa, los países donde existe una mayor profesionalización de la temporalidad a través de las agencias de empleo tienen menor tasa de temporalidad".

Blasco entiende que. aunque se habla de solo tres contratos, ello significará tres grandes familias o tipologías. "Dentro del contrato formativo claro que habrá lugar a contrato en prácticas de siempre, pero también tendrá que haber un contrato de aprendizaje".

"Y en el grupo de los indefinidos, ¿va a desaparecer el fijo discontinuo, que es típico del sector agrícola? Seguramente no, por mucho que uno quiera unificar en un solo contrato indefinido, tendrá que contar con subespecies".

Así, uno de los valores principales de esta reducción sería que puede ser didáctica, "para que el modelo se entienda", y ello genere mayor seguridad jurídica, pues la tipología actual puede ser difícil de entender para un potencial empleador (un inversor o un emprendedor) y dificultar con ello la contratación. 

"El problema de fondo no es el número de contratos, de hecho en nuestro entorno hay países [como Francia, Alemania o Italia] con una multiplicidad de contratos pero que tienen menos temporalidad", asegura. 

Tampoco se trata de demonizar la temporalidad, advierte el director del Adecdo Group Institute, "España, como cualquier país, va a seguir teniendo necesidades estacionales y de flexibilidad. Pero el modelo contractual tendrá que abrazar la realidad, porque si no, será intentar ponerle puertas al campo".

"Nos gusta la música"

José Ignacio Conde-Ruiz, subdirector de Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) y profesor de Economía de la Universidad Complutense, señala que los planes del Gobierno "suenan bien", pero que habrá que esperar a los detalles para saber si realmente van a tener un impacto en el mercado laboral.

JOSÉ IGNACIO CONDE RUIZ

josé ignacio conde ruiz

  • Subdirector de fedea y catedrático de Economía de la Universidad Complutense de Madrid 

"La música suena bien, me parece razonable que haya tres contratos, pero esta música ya la hemos oído otras veces", indica. "Va a depender cómo se acabe implementando".

SI al final hay solo contrato temporal muy poco restrictivo que se puede utilizar para muchas actividades, se habrán eliminado otros tipos de contratos, pero toda la temporalidad se va a concentrar en ese contrato y seguirá siendo alta. Si por el contrario hay solo un contrato temporal muy restrictivo, estima, las empresas pueden tener problemas para aplicarlos.

El problema con la temporalidad, recuerda Conde-Ruiz, viene de los años 80, cuando el entonces ministro de Trabajo Joaquín Almunia descausalizó su uso para hacer frente a la crisis de aquellos años. Se permitió su uso de forma generalizada y sin causa, advirtiendo que sería solo temporal.

"Pero desde entonces se disparó la contratación temporal y hemos tenido siete reformas dirigidas a endurecer o restringir el uso de la contratación temporal pero no han sido capaces de resolverlo", apunta el subdirector de Fedea.

El problema de España, con un mercado laboral dual, es que tiene contratos indefinidos con costes de despido mucho más altos que otros países y por supuesto que los temporales, señala, y estos últimos, con costes menores, son usados de forma indiscriminada.

"Ahora mismo hay una especie de muro, tienes un contrato temporal con un coste de despido muy barato, y cuando llega el momento de decidir si se hace a alguien indefinido, se coge a otro, porque hacerlo indefinido supone un importante aumento en los costes", explica.

Esta situación tiene dos consecuencias importantes para la economía, añade. "El primero es que los jóvenes les cuesta mucho la emancipación y formar familias, con contratos temporales precarios no te vas a arriesgar a tener un hijo, por ejemplo", explica. "España tiene una de las tasas de fecundidad más bajas, por no decir la más baja, de los países industrializados",

"Y segundo, el tema de la productividad", agrega. "Si hay un abuso de los contratos temporales, el trabajador cuando está en la empresa, como sabe que lo van a rotar, no tiene ningún incentivo en invertir en el capital específico de la empresa. Porque cada empresa es distinta, al principio entras y tienes que hacer un esfuerzo para entenderlo todo y ser más productivo, pero si sabes que al mes te van a despedir, ¿qué esfuerzo vas a hacer? Y tampoco lo hace el empresario que no tiene ningún interés en formar a un trabajar que va tener por poco tiempo".

¿Cuál es la mejor solución? Desde el mundo académico, apunta, siempre se ha defendido la idea de introducir un único contrato que tenga costes de despido crecientes en el tiempo. Se restringe la contratación temporal, pero a cambio se ofrece un contrato indefinido que empieza con el coste de despido de los temporales y va subiendo con la antigüedad. 

Este nuevo contrato, se podría complementar con la llamada “mochila austriaca”. Este modelo, que complementaria al contrato único, permite que el trabajador vaya acumulando una parte del coste de despido en una cuenta individual, que si se cambia de empresa de forma voluntaria se lo lleva. "El trabajador muchas veces no se cambia de empresa porque tiene el coste de despido y no lo quiere perder, pero de esta manera se lo llevaría, y lo podría usar en la jubilación cuando ocurra, o en su reciclaje profesional o formación".

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