Víctimas de abuso sexual infantil rompen el silencio mediante la fotografía

  • Una muestra en Barcelona expone las fotos con las que 8 supervivientes sanan las secuelas y las verbalizan.
  • Esther expresó por primera vez a los 36 años lo que le había sucedido de pequeña. Ahora lo hace en imágenes.
Esther destaca de entre el material que aporta a esta muestra esta imagen que define cómo se sentía antes de pedir ayuda: «Intentaba poner un pie en el suelo y en la realidad pero era como un ente perdido que no entendía nada".
Esther destaca de entre el material que aporta a esta muestra esta imagen que define cómo se sentía antes de pedir ayuda: «Intentaba poner un pie en el suelo y en la realidad pero era como un ente perdido que no entendía nada".
ESTHER G.

La Casa Elizalde de Barcelona (València, 302) inaugura este martes por la tarde una exposición fotográfica que, tras cada imagen exhibida, encierra un significado que ha permanecido años oculto para sus protagonistas, todos ellos, víctimas de abusos sexuales durante la infancia en un avanzado estado de superación de las secuelas físicas y psicológicas de una realidad muy dura que, a pesar del silencio y el tabú que la rodea, afecta a uno de cada cinco menores antes de los 17 años, indica la Fundació Vicki Bernadet. 

De estos, un 60% nunca recibirá ayuda y el 90% no dirá nada hasta la edad adulta. El 85% de los abusos se producen en el entorno de confianza, como educadores, monitores o familiares; y entre el 65% y el 70% en la familia.

Ocho supervivientes de este drama sin paliativos rompen el silencio en esta muestra altamente catártica y terapéutica con el elocuente nombre de Material Sensible, que nació de un primer taller en 2017 y que alcanza su tercera edición.

Los promotores de este proyecto son, por un lado, Photographic Social Vision, organizador de la exhibición anual de los ganadores del prestigioso concurso de fotoperiodismo World Press Photo, y por el otro, la fundación Vicki Bernadet de atención, prevención y sensibilización sobre el abuso sexual infantil. 

Esther González llegó a este taller de seis meses de duración desde la fundación, a la que acudió a los 36 años (ahora tiene 40) tras verbalizar por primera vez en su vida a una amiga íntima lo que le había sucedido de pequeña. Ella le tendió la mano y optó por comprenderla y acompañarla. 

Una suerte pues, para muchas víctimas de abuso sexual infantil, la respuesta de la familia, el entorno más cercano o la sociedad es «la indiferencia, la incomodidad o el morbo», como recuerdan los terapeutas. De hecho, la primera reacción de Esther tras su confesión fue de miedo: «Ir a un psicólogo y que no me creyera», confiesa.

«Creces pensando que has sido partícipe de lo que te pasó y que es culpa tuya, y te da vergüenza decirlo. A mí me dijeron que si lo decía me castigarían y aún lo pienso» (Esther G., víctima de abuso sexual infantil y una de las autoras participantes en la muestra fotográfica 'Material Sensible')

Su trabajo fotográfico se ha centrado en explicar lo que sufren las víctimas de este tipo de abuso, una secuela conocida en psicología como disociación. «Nos pasa a muchos y se habla muy poco. Y responde a la típica pregunta que nos hacen de ‘¿por qué no has hablado antes?’», explica a 20minutos.es.

«Cuando eres pequeño y tu cerebro no está preparado para entender nada de lo que está pasando, bloquea todas las emociones y te hace vivir durante años como si estuvieras en una nube», detalla. «Tenía imágenes, como flashbacks, pero las retiraba. Miraba hacia otro lado», expone. 

Una de las fotografías que forman parte de la exposición 'Material Sensible', surgida de un taller para personas que han sufrido abuso sexual infantil.
Una de las fotografías que forman parte de la exposición 'Material Sensible', surgida de un taller para personas que han sufrido abuso sexual infantil.
KARYNA POZZATTI

Tanto en las terapias que ha seguido como en este taller, que es otra más, Esther y sus otros siete compañeros han trabajado en crear fotos simbólicas, metafóricas y personales –que huyen de toda expresión visual explícita que distorsione su mensaje– con las que evocar y explicarse primero a ellos mismos y después al público las emociones reprimidas y, para cada uno de ellos, más que íntimas.

Han luchado con cada clic de la cámara «para volver a conectar con esas emociones, revivir todo lo que me pasó de forma consciente», recuerda Esther, y sobre todo para iniciar la sanación. «Al ver las fotos que has hecho empiezas a hilar un poco la historia» y comienza lo más difícil, dice, verbalizar lo sucedido para superarlo. Y para perdonarse y ayudar a otros.

Perdonarse a una misma porque el silencio que mantuvo durante más de tres décadas responde al miedo y a la vergüenza: «Creces pensando que has sido partícipe de lo que te pasó y que es culpa tuya, y te da vergüenza decirlo. A mí me dijeron que si lo decía me castigarían y aún lo pienso», a horas de mostrar su trabajo. 

Con las imágenes, además de liberación, nace en los autores el deseo de ayudar a otras víctimas que puedan seguir calladas para que nadie vuelva a pasar lo que ellos. Las visitas comentadas a escolares son una de estas herramientas de prevención. 

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