Este mapa muestra 25.000 agujeros negros supermasivos (y solo cubre un 2% del cielo observable)

Mientras un agujero negro en la Vía Láctea es 4 millones de veces más grande que el Sol, en otras galaxias puede alcanzar un tamaño entre 3.000 millones y 10.000 millones más grande que el Sol.
Mientras un agujero negro en la Vía Láctea es 4 millones de veces más grande que el Sol, en otras galaxias puede alcanzar un tamaño entre 3.000 millones y 10.000 millones más grande que el Sol.
LOFAR/LOL Survey

Según la NASA, se ha descubierto que hay un agujero negro supermasivo en casi todas las galaxias, incluida la Vía Láctea, y en 2019 llegamos a fotografiar uno. La Vía Láctea es una galaxia relativamente pequeña y, por ello, el agujero negro supermasivo que existe no es tan grande como lo es en otras.

El agujero negro de la Vía Láctea es 4 millones de veces más grande que el Sol. Esto puede parecer mucho, sin embargo, existen galaxias donde su agujero negro supermasivo es entre 3.000 y 100.000 millones de veces más grande que nuestra estrella solar.

Un equipo de astrónomos internacionales de la Universidad de Hamburgo (Alemania), encabezado por el profesor Francesco de Gasperin, ha desarrollado en los últimos años un mapa con 25.000 de estos agujeros negros.

En el mapa, se pueden ver pequeños puntos blancos que, aunque parezcan estrellas, en realidad son agujeros negros millones de veces más grandes que el Sol. Aunque en la imagen puedan parecer muchos, no ocupan ni el 4% del cielo observable del hemisferio norte.

¿Cómo se han podido captar estos agujeros negros?

Estos fenómenos estelares emiten un tipo de frecuencias de radio característico que absorbe todo lo que hay a su alrededor (incluso la luz). Los investigadores de la Universidad alemana han trabajado con 52 estaciones de observación equipadas con antenas LOFAR, situadas en distintos países de Europa. Allí, han logrado captar frecuencias de radio de los agujeros negros.

Su estudio ha durado años, ya que la ionosfera de la Tierra distorsionaba las señales. El astrónomo Reinout van Weeren, coautor del estudio, utilizó una comparación para explicarlo: “Es similar a cuando intentas ver el mundo mientras estás sumergido en una piscina. Cuando miras hacia arriba, las olas en el agua de la piscina desvían los rayos de luz y distorsionan la vista”.

Para eliminar este problema, los astrónomos han empleado superordenadores que contrarrestaban las distorsiones de la ionosfera. Estos aparatos lograron analizar más de 256 horas de observaciones para llegar a ciertas conclusiones.

Gracias al estudio liderado por Francesco de Gasperin, ahora conocemos un 4% de los agujeros negros que hay en el cielo observable desde el hemisferio norte. Sin embargo, todavía queda mucho por descubrir uno de los fenómenos esenciales para entender el origen de nuestro universo.

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