Obligados a ser ninis: "No encuentro trabajo y económicamente tampoco puedo permitirme estudiar"

JC Avecilla e Ingrid Jabbie, dos jóvenes de 27 y 25 años.
JC Avecilla e Ingrid Jabbie, dos jóvenes de 27 y 25 años.
20minutos

Se popularizó como un término negativo allá por los primeros 2000. Se extendió su uso como sinónimo de vagueza en referencia a los jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban. Ser un nini se convirtió en un concepto peyorativo que ponía el foco en una decisión propia. Desde entonces, las nuevas generaciones luchan por quitarse ese estigma, por que no se generalice y por que se tengan en cuenta los factores externos que pueden llevar a una inactividad no deseada. Así lo ha puesto de manifiesto la pandemia del coronavirus. La destrucción de puestos de trabajo que ha causado ha llevado a que la cifra de este colectivo suba por primera vez desde 2013.

El Ministerio de Educación y Formación Profesional difundía recientemente una ampliación de la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística que refleja que el porcentaje de chavales de entre 15 y 29 años que ni estudian ni trabajan aumentó 2,4 puntos en 2020, hasta el 17,3%, o lo que es lo mismo, hasta superar el millón. Este incremento interanual rompe la tendencia a la baja iniciada hace siete años, cuando se alcanzó el valor más alto: un 22,5%.

jc avecilla

  • JC Avecilla encadenó hasta tres trabajos precarios en el último año. Incluso se fue de 'au pair' a Holanda. En uno de esos empleos estuvo cubriendo dos bajas con un contrato de media jornada: "Me dejaba casi más dinero en transporte que lo que cobraba". En otro, para el que se mudó a Sevilla, le dijeron que no volviera a los 15 días de empezar y después supo que habían fichado a otra persona en prácticas para pagarle menos. "No puedo tener un perfil de lo mío porque he tenido tantos trabajos distintos... Estoy a lo que sale. Si no tengo un camino específico andado no puedo especializarme en nada", se queja. Este joven intenta mantenerse activo participando en movimientos asociativos y en diferentes proyectos con los que va teniendo algunos ingresos, pero puntuales. "El mes que viene no sé que voy a hacer", admite. Vive con sus padres pero su familia ya no puede ayudarle más a nivel económico porque "el colchón está agotado". "No encuentro trabajo y tampoco puedo permitirme estudiar", manifiesta, y ve que al final se genera una situación límite para muchos jóvenes: "Necesitamos garantizar nuestra vida. Se trata de poder comer".

Desde la cartera que dirige Isabel Celaá argumentaban que esas cifras se explican por el contexto de caída generalizada del empleo que ha provocado la crisis de la Covid-19 y que ha afectado especialmente a ese tramo de edad. De esta manera, la proporción de población que estudia o se forma siguió creciendo, hasta llegar al 57,3%, pero lo hizo muy ligeramente -0,7 puntos más que en 2019- y en unas circunstancias en las que el desempleo juvenil se disparó hasta el 40,1%, frente al 30,5% del ejercicio anterior.

"Existen una serie de dificultades que también hay que tener en cuenta para entender lo que ocurre. Hay muchos jóvenes que están sin trabajo y que han pasado a una situación de inactividad. Si no hay disposición a cambiar de ciudad no se considera que estés activo ni por lo tanto en paro. Pero es que ahora las restricciones de movilidad por la Covid lo ponen muy difícil", remarca Adrià Junyent, vicepresidente del Consejo de la Juventud de España (CJE). Esta asociación publica semestralmente un observatorio de emancipación y el último ya apuntó hacia un aumento de esa inactividad. "Hubo una parte que se refugió en los estudios", agrega Junyent, pero el coste y la incertidumbre actual sobre la formación tampoco la hacen una salida viable para todos.

Es el caso de JC Avecilla, un gaditano de Chiclana. "He tenido contacto con académicos que me animan a estudiar un máster para después trabajar con ellos pero es una carrera de fondo de más de cuatro años que no me puedo permitir. Hay másteres que las becas no cubren", explica quien ya cursó Lingüística y Lenguas Aplicadas en la Complutense y domina varios idiomas. Le gustaría poder abrirse camino con ello en el sector de las nuevas tecnologías, pero "hay mucha competencia". 

Este joven de 27 años lamenta que la precariedad de los trabajos esté llevando a tener que aprobar iniciativas como el Ingreso Mínimo Vital. "Se intenta suplir con ellas la falta de trabajo digno", critica. Una reprobación a la que se suma Ingrid Jabbie. "Sacamos a las personas de la listas del paro pero con empleos precarios y de esta forma siguen siendo demandantes de ayudas sociales", coincide esta chica de 25 años y de Santa Cruz de Tenerife.

ingrid jabbie

  • El último trabajo que Ingrid Jabbie tuvo fue en un restaurante. Allí estuvo siete meses, hasta que llegó la pandemia y volvió a quedar desempleada. Ella aterrizó en la hostelería tras dos años buscando sin éxito un puesto de trabajadora social, que es de lo que se graduó en 2018. Ahora lleva otro año enfocada nuevamente en encontrar algo de lo suyo. Pero ni siquiera con la crisis migratoria que sufre Canarias lo logra: "Cuando apenas piden requisitos es porque te hacen un contrato de prácticas o de una categoría inferior a la que te corresponde. En una entrevista me ofrecían un sueldo por debajo del salario mínimo alegando que era por menos de 40 horas pero a la vez reconocían que en realidad íbamos a tener que echar incluso más. Y a puestos con mejores condiciones no puedo acceder porque piden mucha experiencia. ¿Qué experiencia voy a tener si no me dan ninguna oportunidad?". Ella no descarta ponerse a cursar Medicina pero le enfada que formarse no esté siendo ninguna garantía: "Te dicen que si estudias tendrás un trabajo digno pero nos vemos en paro".

Ella tiene la suerte de poder vivir en un piso aparte propiedad de sus padres, pero son ellos quienes corren con todos sus gastos y sabe que esa no es la situación ideal. El objetivo de estos chicos es poder valerse por sí mismos. "Hace unos meses en la oficina de empleo me dijeron que tengo más probabilidades de encontrar trabajo que una persona de 55 años porque tengo toda la vida por delante. Pero sin la posibilidad de adquirir experiencia llegaré a los 40 con un currículum sin nada anterior y seguirán sin cogerme en ningún sitio", augura angustiada. No le gustaría marcharse fuera, no le seduce empezar de cero en otro sitio, pero es consciente de que si las cosas siguen así tendrá que intentar labrarse un futuro lejos de su tierra.

El CJE presentará en mayo un nuevo análisis socioeconómico sobre empleo, salud y vivienda y su vicepresidente no espera mejores noticias. "Al no haberse levantado todas las restricciones la actividad económica no se ha restablecido", recuerda. Por eso desde esta entidad reclaman cambios como la reducción del uso de mecanismos que fomentan la temporalidad y la alta parcialidad, que conlleva a "unos sueldos de miseria", o un estatuto que impida que los becarios sustituyan a empleados. En definitiva exigen que se atajen problemas estructurales que nuevamente una crisis no ha hecho más que agravar. 

"Sin una economía más fuerte, en la siguiente crisis estaremos igual"

Adrià Junyent es vicepresidente del Consejo de la Juventud de España.

adrià junyent

  • Adrià Junyent ocupa la vicepresidencia socioeconómica y de comunicación del Consejo de la Juventud de España (CJE).

¿Cómo valora los datos del Ministerio de Educación? Parece que siempre se nos señala por temas como las fiestas y el concepto nini ayuda a criminalizar a una juventud que querría trabajar pero que en muchos casos no puede. También habría que analizar las tasas universitarias, que no todo el mundo se puede permitir. En la mayoría de comunidades hay además tasas para FP, no tan altas, pero sí relativamente elevadas.

¿Estudiar también se ha vuelto difícil? El último informe del Instituto de la Juventud apunta que la mayoría de estudiantes sentía que no había podido aprovechar el curso como en años anteriores. Si lo cruzas con la situación socioeconómica, a menor renta mayor brecha. La semipresencialidad, los cambios de un día para otro sobre el desarrollo del curso, el miedo a salir... quizás también influyeran en que algunos hayan dejado los estudios o no hayan empezado otros.

¿Cómo se puede motivar a estos jóvenes? Es muy importante que haya atención integral y de calidad a la salud mental dentro de los servicios públicos. Otro tema es la garantía juvenil que va a las personas en peor situación socioecónomica. Mantenemos reuniones con el SEPE y Trabajo, que están planteando el borrador de los próximos siete años, y estamos contentos. El plan anterior se basaba en las bonificaciones y este plantea empleo de más calidad, orientadores laborales...

¿Espera que pasada la pandemia la recuperación sea rápida? Dependerá mucho de cómo se inviertan los fondos europeos. El miedo que nos da es que no se sea suficientemente efectivo. Hay que generar una economía más fuerte, más productiva, más industrial, lógicamente sostenible y digital. Sin eso, de cara a la siguiente crisis, estaremos igual. 

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